En más de una ocasión he leído argumentos en contra de las naciones-estado como las conocemos hoy en día.

Entre los más recurrentes está aquel que sostiene que son un modelo económico obsoleto y que la creación de las nacionalidades fomenta, en muchas ocasiones, la segregación entre las personas, impulsando ideas como: “los que vivimos de este lado del río somos mejores que los del otro lado”.

Sin embargo, cuando viajamos nos damos cuenta de que es innegable la existencia de una identidad regional y que incluso existen países multiculturales.

Se dice que un turista solo va de paso, anda de lugar en lugar casi exclusivamente por el recuerdo rápido o la típica foto y, después, a lo que sigue; mientras que el viajero es aquel que quiere estar en contacto con la cultura a la que llega y busca entender cómo es que funciona.

Esta última, fue la empresa a la que se dedicó el escritor francés Clotaire Rapaille en su libro El Verbo de las Culturas. Gracias a la información que obtuvo a través de múltiples viajes, entrevistas y lecturas, pudo conocer varios países y asignarles un verbo que los identificara.

Querer reducir la identidad de toda una nación a una simple palabra suena arriesgado, pero lo cierto es que, si es la palabra adecuada, puede ser la llave hacia la esencia de cada una.

El autor reconoce que, aunque estos estereotipos culturales son generalizaciones que evidentemente no aplican para todos sus habitantes, pueden llegar a reflejar, en muchas ocasiones, una voluntad colectiva que sobrevive a la corrección política y que, si genera alguna reacción, puede que sea porque algo hay de cierto.

A través del verbo que le asigna a cada cultura se puede inferir parte de su pasado, presente y hasta futuro, incluso hacer conjeturas del tipo: ¿Por qué un país puede ser rico y otro pobre aun estando en la misma región?

Rapaille comienza con su propio país, al que le asigna el verbo “pensar”. Francia, cuna de grandes pensadores e ideas: la revolución, los derechos humanos y la libertad. Por ello, uno de los grandes castigos creados por los franceses fue la guillotina: al cortar la cabeza no se existe, no se puede pensar más. Esta mentalidad ha provocado un sentimiento de superioridad intelectual en el pueblo francés.

A los suizos, a quienes considera los grandes paranoicos del mundo, les otorga el verbo “preocupar”. Esa característica hace que suelan estar preparados para cualquier eventualidad. Es el único lugar en el que se exige que todas las nuevas construcciones tengan un refugio para protegerse en caso de bombardeo atómico y que cuente con suficiente comida para tres semanas. De ahí la importancia que le dan a la seguridad, la precisión y la puntualidad.

A nuestros vecinos del norte les corresponde “hacer”. El famoso eslogan de Nike, Just do it (Sólo hazlo), refleja la mentalidad de una nación que admite el error porque significa que estás avanzando y haciendo algo. Estados Unidos, el país de las oportunidades y los riesgos. Suena a cliché ¿no? Algo tiene de verdad.

Seguramente, a estas alturas, más de uno se pregunta qué verbo le dio a México. El nuestro es “aguantar”. ¿Les suena la frase “El mexicano no se raja”? En algunas ocasiones esto puede tener connotaciones positivas y en otras puede ser la semilla para no corregir aspectos negativos o que no funcionan y optar por aguantarlos. Para colmo, entre más aguanta un mexicano, más orgulloso se siente.

El autor dice que la cultura mexicana ha pasado por múltiples siglos de abusos institucionales e históricos y tolerarlos ha sido su forma de lidiar con ellos. No obstante, asegura que somos una cultura acogedora con una alegría por la vida única, que va desde cómo nos relacionamos con el concepto de la muerte, hasta la dignidad que le conferimos a cualquier trabajo.

Sin duda, un nuevo México está emergiendo. Los niveles de educación en la población han aumentado con el correr de los años y vemos como cada día existe una mayor conciencia ciudadana. La gente se organiza y denuncia cuando algo no le parece. Nuestras grandes ciudades son referentes en varios campos. Poco a poco se distingue una línea cada vez más clara entre los mexicanos que aguantan y los que no.

Las reflexiones que hace Clotaire Rapaille son un ejercicio interesante que sin ser científico nos deja mucho que pensar. Una de las máximas de Borges, “todos los pueblos son iguales, incluso en su pretensión de sentirse diferentes”, nos recuerda que, en el fondo, todos los seres humanos compartimos la misma naturaleza sin importar nuestro lugar de origen.


Fuente: Micumbre