No hay que hacer nada del otro mundo, solo es preciso perseverar. No ceder ante un sano proyecto y agregarle una gota de disciplina son indispensables a la hora de cristalizar una meta. Aquí le contamos un ejemplo de cómo puede lograr sus propósitos.

 

La siguiente es la historia de un hombre que dice haber sido ocho veces ‘pobre’ y una sola vez rico. Es un relato de la vida real.

El protagonista armaba cuanto negocio podía, con tan mala suerte que al cerrar caja detectaba un terrible ‘saldo en rojo’.

No entendía lo que le ocurría, pero siempre debía admitir que las cuentas nunca le salían para el lado positivo.

Montó una tienda, una marquetería, un restaurante, una venta de ropas, una lavandería, una discoteca, una licorera y una zapatería; y en las ocho ocasiones siempre terminó en la ruina.

En ese plan se la pasó durante más de veinte años. Sin embargo, él empezaba una y otra vez, más allá de los golpes financieros.

Él, en lugar de llorar o de tirar la toalla, se repetía la frase: “Pierdo plata, pero estoy aprendiendo”.

Un día cualquiera adecuó una especie de cacharrería con escasos $ 300 mil que tenía en el bolsillo y que le había prestado un amigo. Al principio él era el único que atendía. Vendía poco. Y aunque las jornadas eran extenuantes, incluso de más de diez horas, se fue consolidando.

Después de dos años de trabajo, se las ingenió para contratar empleados, hasta que logró sacar adelante su fuente de trabajo.

Hoy es el dueño de una prestigiosa cadena de supermercados de esta ciudad. Y aunque no le gusta que le hagan propaganda, él admite que antes de hacerse rico una sola vez, fue ‘pobre’ ocho veces con igual número de negocios.

Según él, hay que arriesgarse y entender que se puede lograr los propósitos. Solo que, para tener éxito en los proyectos, es necesario contar con constancia y perseverancia. ¡Bueno! También hace falta una gota de disciplina.

Además, el empresario protagonista de esta historia dice que se debe tener paciencia: “Hay que confiar en que llegará ese instante cumbre en el que uno pasa de la espera al éxito”.

Quizás esa sea la clave: ¡Saber esperar el momento preciso!

Y este asunto no es solo para la vida de los negocios. En nuestra cotidianidad todos podemos trazarnos una meta y, con constancia y dedicación, podemos esperar el tiempo preciso para lograrla.

Claro que el camino no está libre de dificultades. También se presentan distracciones o adversidades; incluso hay cosas ajenas a nuestra voluntad que podrían hacernos perder el ánimo.

En esos instantes es cuando la perseverancia es fundamental. Suele ser difícil conseguir algo importante en el primer intento y, por eso, hay que ser paciente.

Si cuando lo intenta no lo consigue, debe insistir… ¡No importa cuánto tenga que esforzarse por ello!

Yo le agregaría a esta tarea una buena dosis de fortaleza espiritual, que no es otra cosa que pensar en que las cosas saldrán bien y que, por supuesto, se contará con la Bendición de Dios.

Esto tiene que ver con el pensamiento positivo, la buena actitud ante las circunstancias y la adaptación a los cambios que, dicho sea de paso, suelen ser esenciales en todo proceso.

La clave está en tener fe. Dicho de otra forma, es querer lo suficiente nuestro anhelo para alcanzarlo.

Ojo, no basta con solo desearlo; hay que querer las cosas con fuerza y ponerse manos a la obra, porque en esta vida nada es gratuito.

http://www.vanguardia.com/entretenimiento/espiritualidad/381340-ocho-veces-pobre-y-una-sola-vez-rico