Sincronizar el corazón y el cerebro para conjuntar lo que muchos tienen que buscar por tres caminos distintos: pasión, vocación y profesión, es el mayor logro de este joven emprendedor mexicano.

Desde muy joven, Mario Solórzano mostró una aguda visión para los negocios que le ha permitido no solo consolidar su consorcio inmobiliario, sino crear una nueva empresa en la que puede realizar su verdadera vocación.

 Siendo la medicina lo que más te llenaba, diste un giro radical cuando abandonaste la carrera para ayudar a tu madre. Eso fue hace diez años.

Dejé mis estudios de medicina cuando mi madre sufrió un derrame cerebral y me tuve que ocupar del negocio familiar.

 Y resultaste un gran hombre de negocios. ¿En qué momento descubriste tu talento como emprendedor?

Cuando comencé a trabajar en la empresa de administración y renta de inmuebles detecté que nuestros proveedores no eran del todo honestos. Sus precios eran descabellados y pensé: esto es un abuso, tengo que hacer algo. De modo que en cuanto se desocupó una bodega que rentábamos decidí establecer ahí un nuevo negocio, derivado de la necesidad de dar un servicio honesto, transparente y de buena calidad. Entonces fundé SICA, Servicios Integrales y Comerciales Atlacomulco, en 2006. Tenía 25 años. Pero lo mío seguía siendo la medicina, era lo que más me llenaba.

 ¿Fue entonces que se te ocurrió convertirte en paramédico?

Decidí tomar un curso en la Cruz Roja. Ser paramédico me permitiría llegar a las personas que más me necesitaban. ¡Me empezó a gustar incluso más que la medicina hospitalaria! Ejercí como voluntario dos años durante los fines de semana. En las ambulancias comencé a darme cuenta de la importancia de los tiempos de respuesta y la preparación de los paramédicos.

Fue ahí cuando se encontraron tu vocación y tu espíritu emprendedor.

Tengo una especie de sensor que se activa ante situaciones que necesitan ser resueltas. Detecté una necesidad: en México, la capacidad promedio de respuesta de los servicios de emergencia es de 40 a 60 minutos. Los servicios públicos cuentan con no más de 300 ambulancias para atender tanto a la Ciudad de México como al área metropolitana, o sea, ¡30 millones de personas!

Los servicios privados nacen porque el servicio público es insuficiente, pero en la práctica me di cuenta de que también éstos dejan mucho que desear. Hacía falta un servicio de ambulancias que cumpliera con los más altos estándares de calidad en el servicio y el tiempo de respuesta, que tuviera tecnología de punta y que brindara la calidez que necesita el paciente en un momento de crisis, empezando por tratarlo como a un familiar y llamarlo por su nombre.

Cuéntanos cómo convertiste en una realidad aquella idea.

Por azares del destino, estando en Miami me topé con un lote de vehículos de emergencia usados. Me detuve a observar las ambulancias y encontré un modelo canadiense de solo tres años de uso que reunía todo: diseño, espacio e interiores; únicamente le faltaban los aparatos biomédicos y biomecánicos. En ese momento pensé: ¡Esta es la mía! Hubo que hacer mil trámites para traerla.

El siguiente paso fue crear la marca Soljac (con las primeras letras de mis apellidos) y definir la misión de la empresa, que debía seguir los principios de la Cruz Roja. Por eso, el logo incluye una cruz entrelazada con la estrella de la vida, cuyos seis picos representan cada aspecto de la labor de un paramédico.

Mientras llegaban los permisos para operar de manera profesional le ‘pegamos’ a lo voluntario, corriendo yo con los gastos.

Imagino que se requiere invertir mucho dinero en cada ambulancia.

Echar a andar una ambulancia profesional como las de Soljac cuesta un promedio de 60 mil dólares. Había que convertirlo en un negocio redituable. Al poco tiempo, una sola ambulancia no fue suficiente. Compré la segunda unidad en 2007, tres más en 2008, otra en 2010, dos en 2013 y las últimas tres en 2014. En pocos años registramos un gran crecimiento y hemos ido escalando en la lista de opciones de los hospitales, las aseguradoras y las empresas asistenciales intermediarias. El objetivo próximo es cubrir toda la zona conurbada con 22 ambulancias, para después expandirnos a nivel nacional.

Imagino que integrar un equipo humano que cuente con el grado de profesionalismo requerido es tanto o más complicado que equipar una ambulancia.

Invité a participar a Pedro Legorreta, quien fuera mi instructor y el director nacional de la Escuela de Paramédicos y Técnicos en Urgencias Médicas. En el camino se han ido integrando al equipo otros paramédicos altamente capacitados. Por otra parte, recibimos capacitación cada semana.

¿Cómo te aseguras de que Soljac mantenga los máximos estándares de calidad al perseguir los objetivos de expansión?

Contamos con un área operativa, que evalúa que los servicios se hayan realizado de acuerdo con la sintomatología de cada paciente, dos áreas de capacitación continua y un área de oportunidad, que analiza las necesidades del mercado después de cada servicio.

Además, desde la Dirección General analizamos la postventa, medimos la satisfacción de cada cliente y el desempeño del equipo, para garantizar que  la atención y los tiempos hayan sido los adecuados en cada parte del proceso.

Te veo apasionado y feliz cuando hablas de esta faceta de tu vida.

De todo lo que hago a nivel empresarial, que incluye al grupo inmobiliario, el servicio de ambulancias es mi hit, por eso le dedico tanto tiempo y esfuerzo. Incluso, me sigo subiendo a nuestras ambulancias para servir como uno más del equipo, y  trabajando como paramédico voluntario de la Cruz Roja los domingos. Esto es mi vida, mi profesión, mi vocación, mi hobby y mi alegría. No cambio por nada la emoción de ayudar a alguien. No hay mayor entrega que esa, pues en pocas actividades resulta tan determinante la diferencia entre ser bueno y ser extraordinario. Por eso, Mario es Soljac y Soljac es Mario.