En repetidas ocasiones me he encontrado con personas que al escuchar hablar de resiliencia se preguntan ¿qué es eso?, esa palabra, que incluso resulta difícil de pronunciar, está tomando cada vez más presencia en los foros médicos, psicológicos y psiquiátricos.

¿Qué significa esa palabra?

El término ‘resiliencia’ proviene del campo de la física y se refiere a la capacidad que tienen los metales, y otros elementos, de resistir las agresiones del ambiente y no sufrir daño o reponerse fácilmente del ataque sufrido.

Hace algunos años este término migró al campo de la psicología y comenzó a utilizarse para referirse a la capacidad que tenemos las personas de reponernos a las dificultades o adversidades de la vida. Como ejemplo, podemos mencionar la capacidad para superar la dolorosa pérdida de un ser querido; o para enfrentar los problemas cotidianos, laborales, familiares, conyugales, etcétera. Ahora bien, si es una capacidad intrínseca del ser humano, ¿por qué se puso tan de moda últimamente?

Desde el territorio de la psicología se ha aprendido que la resiliencia puede ser una capacidad innata que tienen las personas para superar los problemas, pero esta capacidad se puede cultivar, es decir, se puede conducir a un paciente para que logre superar más rápidamente sus dificultades o, lo que es mejor, una persona puede aprender  a afrontar sus problemas de la mejor manera posible, intentando salir enriquecida al obtener algún beneficio o aprendizaje.

Si un problema cotidiano, nos puede servir para aprender cosas nuevas de la vida y mejorar cada día, ¡cultivar la resiliencia es algo muy bueno!, ¿No lo crees?

Reconoce que los Problemas están aquí contigo cada día.

Primero, debemos de asimilar que los problemas son tan normales y frecuentes como la vida misma, todos los sujetos del mundo tienen que superar las adversidades cotidianas, por ello, debemos entender que, si los problemas son normales y frecuentes, hay que convivir con ellos y sacarles el mejor partido. Esto nos hace ricos y, en consecuencia, podemos ser más felices.

Piensa en todos los detalles del problema.

Segundo, cada vez que hagas frente a un problema detente a pensar, ¿por qué me llegó este problema?, ¿me afecta?, ¿afecta a alguien más?, ¿se pudo evitar?, ¿lo puedo arreglar?, ¿me puede beneficiar el superar este problema? Desarrollar estas preguntas nos dará un panorama claro de por qué este problema llegó a nosotros, así como todos sus detalles, mismos que serán de mucha utilidad para poder superarlos rápidamente obteniendo un beneficio y, por tanto, enriqueciéndonos y haciéndonos más felices.

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Planear la resolución del problema.

Una vez que has reconocido tu problema y has pensado en los detalles del mismo, lo recomendable es planear cómo es que lo vas a resolver, a solventar y a superar; se ha de idear una estrategia más o menos compleja, según lo amerite el caso, para poder salir adelante obteniendo el máximo beneficio propio y para el medio que te rodea.

Debes de hacer pasar al problema a través de un plan estratégico para salir de él de manera rápida y que nos otorgue algún beneficio. Si este plan funciona, nos dejará una enseñanza. Yo siempre recomiendo que una vez que hayas ideado un plan para solucionar este problema te tomes un tiempo de reflexión antes de llevarlo a cabo, una vez que este periodo de reflexión haya concluido (un día, dos o los que hagan falta), lo recomendable es nuevamente examinar tu plan para ver si en verdad es el correcto. De ser así, ¡comienza! El poder planear te dará la capacidad de ver si eres capaz de solucionar tu problema y, por tanto, te otorgará “seguridad” y “optimismo”, lo que sin duda se traducirá en felicidad.

La Persistencia es una cualidad de los triunfadores.

El último gran punto para solventar tu dificultad es llegar a cumplir el objetivo; y, para ello, hace falta persistencia. Durante el proceso de solución del problema siempre hay contratiempos o nuevos problemas, situaciones no previstas o personas que pueden no contribuir a la solución; por ello, es importante que, bajo el optimismo, la seguridad en ti mismo y la convicción de que tu objetivo es correcto y loable, no ceses en tu empeño por resolver aquella adversidad.

En mi día a día trato gran número de pacientes con cáncer de pulmón y de otros tipos (a veces en etapas avanzadas), de los que, en todos los casos, se puede obtener un beneficio de vida si se sabe plantear bien la situación, si se aprende a administrar el tiempo y la calidad del mismo. Un ejemplo, un paciente que se rehusaba al tratamiento con quimioterapia y tenía una expectativa de vida de 6 meses, después de la consulta con nosotros recibió el tratamiento y replanteo su vida siguiendo las 4 “P”. Vivió 3 años, en los que pudo asistir a la boda de su hija y conocer a su primer nieto. Efectivamente, la enfermedad se lo llevó, pero no sin antes obtener un beneficio de su propio problema. A su muerte, un día antes de que sucediera, me agradeció el apoyo y los consejos prestados.

Así es la vida, un constante ir y venir, en donde los problemas asisten de manera puntual a nuestro día a día. Si tienes la capacidad de aprender a entender la resiliencia usando las 4 “P”, vivirás más tranquilo y más feliz.