“No tengo compromisos con nada, con nadie tengo que quedar bien, solo con la pintura misma…

Tomando un café en su su pequeño y acogedor estudio, Juan Carlos Ramos Ayllón platicó acerca de la manera tan única que tiene para alimentarse de la vida y así generar cuadros con una profundidad casi tan grande como la misma realidad.

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¿Cómo te iniciaste en la pintura?

La pintura es, prácticamente, mi última etapa desde que me inicié en el arte. Desde muy joven lo hice en el teatro, después en la danza contemporánea, he transitado por la pintura, la escultura… y, todo esto, a los cincuenta y cinco años que tengo, me ha permitido tener un lenguaje propio. Nunca quise ser bailarín ni actor, lo que yo quería era ser director de danza, coreógrafo y director de teatro.

¿Cuál ha sido tu experiencia al exponer tu obra tanto en México como en diferentes partes del mundo?

Me gusta mucho trabajar la forma colectiva de la exposición, ¿por qué razón?, porque el público debe de tener la opción de ver diferentes pinturas, diferentes estilos y temas. Cuando tú presentas a un grupo de pintores, el que gana es el espectador, quien tiene la opción de que si no le gusta uno, se va con otro y si no, con otro, y si no le gusta ninguno, pues bueno… ni modo. Básicamente, mi trayectoria ha sido en la Ciudad de México, tuve una muy buena exposición en Cancún, Puerto Vallarta (una cuna de galerías y pintores muy interesante); fuera del país, en Houston, San Antonio y en Nueva York.

¿En qué lugar te gusta más pintar?

Tengo un taller en un pueblo de Morelos. Me gustan los espacios abiertos, con luz natural, mesas al aire libre, de tal suerte que si llueve, casi casi pinto bajo la lluvia. Los pintores debemos de tener disciplina, como en todo. Me acomodo pintando o muy temprano o muy tarde. Normalmente empiezo a las diez de la mañana, pero acabo a las dos o tres de la mañana del día siguiente. Me gusta estar todo el día, porque es un trabajo.

Es muy difícil vivir de la pintura, lo ideal sería eso, tienes que hacer otras actividades porque tienes que atender compromisos. La economía, en general, atraviesa una crisis. Las personas obviamente prefieren pagar la escuela de sus hijos o tener alimentos e incluso hacer un viaje, antes que comprar un cuadro. Esto no ha afectado mi trabajo, es por eso que hago otras cosas… para tener la libertad de pintar lo que necesito pintar. No tengo compromisos en la pintura, con nadie tengo que quedar bien, sólo conmigo mismo y, a veces, créeme, no me gusta lo que hago. Me veto a mí mismo.

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¿Cómo es tu relación con otros pintores?

Asisto a un taller desde hace ya cuatro o cinco años, en donde están Boris Viskin, Roberto Turnbull, Ernesto Zeivy, Mario Nuñes, Spanó, Zeta…, y gente con una trayectoria importante, son los pintores más destacados que hay en México en este momento. Convivo con pintores, aprendo de ellos, sobre todo trabajando. En un taller intercambias ideas, técnicas, es muy rico. Pero no soy una persona que se la pase observando lo que hacen los demás. Como dice el dicho: “voy derecho y no me fijo”.

¿Qué te inspira mientras pintas?

Me concentro mucho con la música, es muy difícil pintar sin ella. Escucho de todo y depende del estado de ánimo en el que estés. Me gusta poner estaciones de radio, como se expresa la gente. El pintor refleja todo aquello que lo alimenta mientras trabaja: la música, la comida; la convivencia con los hijos, la esposa, los amigos; si le fue bien o mal; si le duele el estómago o sufre un dolor de muelas; todo eso se refleja en la pintura.

¿Disfrutas transmitir tus conocimientos y tu técnica a otros?

Si, además de ser pintor soy profesor en algunas universidades. La educación es muy importante. La pintura es difícil de enseñar, más bien oriento a los alumnos. Hay que practicar todos los días, el día que no trabajas tu mano (pintas o dibujas), te vuelves como un corredor que no entrena.

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Y, en cuanto al trabajo por encargo, ¿cómo te has desarrollado en ese aspecto del arte?

¡Nunca! El día que acepté uno tuve que devolver el dinero. Me salen horribles. Me siento muy comprometido. Lo que pinto es lo que verdaderamente creo.