El ecofeminismo es una corriente de pensamiento y un movimiento social que explora los encuentros y las posibles sinergias entre ecologismo y feminismo.

La primera vez que apareció este término fue en 1974, en el libro Feminismo o la muerte de la escritora Françoise D ́Eaubounne. Ella apuntaba que existía una profunda relación entre la sobrepoblación, la devastación de la naturaleza y la dominación masculina: y, que para salir de la espiral suicida de producción y consumo de objetos superfluos y efímeros, de la destrucción ambiental y de la alienación del tiempo propio, era preciso cuestionar la relación entre los sexos.

El cambio climático es síntoma de un planeta enfermo, la huella que los seres humanos dejamos sobre la tierra es cada vez más extensa y profunda. Sus efectos tienden a ser desproporcionados para las poblaciones más pobres y vulnerables, generalmente sobre-representadas por mujeres; según datos de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos se estima que el 70% de las personas pobres en el mundo son mujeres, además de que ellas y los niños tienen 14 veces más posibilidades de morir durante un desastre natural, debido a la falta de educación e información.

La desigualdad de género afecta el acceso y el control sobre los recursos; el empleo, la educación y la toma de decisiones, las cuales se podrían agudizar ante los efectos del cambio climático. Es por eso que la participación de las mujeres en los procesos de consulta y toma de decisiones es esencial para la generación de estrategias de adaptación y mitigación.

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Lo que propone el ecofeminismo es la igualdad de derechos y la abolición de jerarquías. Uno de los aspectos más importantes sobre el ecofeminismo es el cuidado de la salud. Propone dar un trato menos agresivo a nuestros cuerpos, promoviendo una alimentación sana, sin pesticidas ni transgénicos. Las productoras ecológicas no utilizan agrotóxicos, con lo que se preserva la salud de los consumidores y se reduce la contaminación del medio ambiente.

Ser ecofeminista implica, en tanto consumidoras, ser conscientes de aquellos aspectos de los estereotipos femeninos que dan lugar a prácticas increíblemente crueles, como es el uso de bolsas o prendas hechas con pieles de animales ¡Basta de creer que eso está a la moda!, es hora de abrir los ojos y saber que esto solo promueve la muerte de miles de animales para obtener un artículo de consumo que bien podría ser sustituido por uno hecho con otros materiales.

La sostenibilidad implica hermandad, no solo entre mujeres, sino del conjunto de la ciudadanía: niños, niñas, mujeres y hombres. Debemos ser responsables con las generaciones presente y futura, ejerciendo una compasión activa hacia los demás seres vivos que comparten la Tierra. El cambio reside en cada uno de nosotros, no mañana ni pasado, es el HOY lo que cuenta.


estrella-prietoEstrella Prieto es estudiante de Derecho, pro-mujer, amante del jazz, el café y un buen libro.  Columnista del periódico @Puntocrítico.