Entrevista exclusiva para MiraTe:

Alexander sorprende con un show que evoca el vodevil de los años 30. Una experiencia muy distinta a la que se vive en un concierto masivo.

Natural frente a la cámara y transparente ante el micrófono, Alexander llega puntual a la entrevista y se adapta con facilidad al ambiente del set, una casona repleta de rincones interesantes. Sin prisas ni cortapisas, se abre de capa para compartir sus vivencias, sentimientos y sueños. La sencillez de su trato contrasta con su porte de estrella, la profundidad de su mirada con su juventud. Es evidente que disfruta estar cerca de la gente y ésa fue la pauta para crear el concepto de su nuevo espectáculo: Alexander Acha en corto.

Después de presentarte en grandes teatros como el Metropolitan, ¿por qué decidiste revivir un concepto retro como el dinner-show?

La industria ha cambiado. Muchos artistas de hoy están demasiado producidos y recurren incluso al playback en unos montajes impresionantes donde el público difícilmente llega a sentirse cerca del artista.

‘Alexander Acha en corto’ tiene otro propósito: busco realismo, intimidad. Sin ser un concierto acústico, ya que me presento con la banda completa, la cercanía con el público es tal que la primera mesa me tiene a dos metros de distancia, lo que resulta más emotivo. Veo el rostro de la gente y eso conmueve, tiene más impacto en el espectador, estoy más ‘desnudo’. No hay tanta parafernalia que te distraiga del artista, de su performance y su técnica. Los defectos y las cualidades brillan más.

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Se trata de una experiencia que va más allá de la música.

Es un espectáculo largo: durante tres o más horas vas a escuchar buena música –no creo que existan en México mejores músicos que los de mi banda, traemos un sonido muy atrevido, funky, preciso–; vas a reír como loco con el que para mí es el mejor comediante de México, Jesús Guzmán; y podrás cenar y disfrutar un buen vino, todo eso mientras convives con tu pareja o los amigos. Otro objetivo es el lanzamiento de nuevos artistas, en este caso, la banda MADISON. De modo que recuperamos un concepto que ya existía, y en un lugar increíble como el Voilá.

 Parece el escenario ideal para lanzar tu nuevo material que, sin duda, será muy bien recibido por un público que debe de estar un poco harto de que en los últimos años el mercado musical haya sido invadido por el reggaetón y la música electrónica. Esto es oxígeno para los sentimientos en una época de letras muertas.

Es verdad. A partir de mi generación, son pocos los artistas de habla hispana que han destacado en el pop latino. Me siento muy ilusionado porque estoy regresando con una balada romántica muy de mi estilo, No separarnos más, que compuse en coautoría con Alan Marco. Tiene una producción muy moderna y fina, así como una letra que impacta.

El videoclip, protagonizado por Sherilyn y dirigido por Manuel “Chivo” Escalante, representa un acercamiento a la experiencia amorosa con la que todos en algún momento nos identificamos, donde a pesar de haber grandes dificultades, existe la oportunidad de una reconciliación, de un nuevo inicio.

En el show también incluyo mis éxitos anteriores y hago un recorrido cronológico a través de las canciones que han marcado la evolución de la balada romántica.

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¿Cuál de tus facetas como artista te llena más, componer o cantar en vivo?

Lo que más hago es componer y, de hecho, he compuesto canciones para otros artistas como Yahir, –Invencible– y mi papá (Emmanuel) –Serás–. Aunque todavía no he explotado al máximo esa faceta, me veo en el futuro componiendo y haciendo discos para mucha gente.

Sin embargo, el escenario tiene un factor que no tiene el estudio ni la composición: el reality. Cantar en vivo es one shot, tienes una sola oportunidad para conectar con el público; su reacción es la respuesta, es como tener un espejo enfrente, un rebote. Eso es lo más poderoso que hay para un artista, ver al público enardecido, conmovido con tu actuación.

¿Crees que de haber crecido en un ambiente no relacionado con el medio artístico habrías desarrollado la misma vocación?

Creo que el artista viene configurado de esa manera y siente una atracción hacia el arte que sobrepasa todo. Si no fuera así, ¿por qué de niño jugaba a la música y todo lo que quería hacer era cantar, bailar
y tocar como loco? Fue algo natural. Mi papá procuró que cada uno de sus hijos se dedicara a lo que quisiera y, de hecho, mis hermanas no se dedican a esto. Yo desde los cinco años fui muy sensible a la música, podía llorar escuchando a Tchaikovsky, a Rachmaninoff, a Chopin y a algunos artistas pop. Me abrumaban emocionalmente algunos pasajes, no lo podía soportar, era mucho para mí. A mis amigos eso no les pasaba.

Soy muy sensible a la belleza, pero la belleza puede entrar a través de los sentidos y quedarse en un plano sensorial, instintivo. En cambio, la música entra por los sentidos y llega a los sentimientos, se mete en tu alma, en tus recuerdos, en tu interior, mueve cosas muy fuertes. Creo que eso les pasa a muchos artistas, pero hay que aprender a dominar esa sensibilidad.

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Cuando Emmanuel vio que su hijo tenía talento, ¿cuál fue su reacción?

Yo tenía 22 años cuando escribí Te amo. Veníamos de regreso a la casa cuando mi padre escuchó la canción por primera vez. Yo no entendía lo que le estaba pasando. Venía muy serio, no hablaba. Nos bajó a todos del coche y dijo: “Ahorita regreso”, eran las ocho de la noche. Volvió a la hora con los ojos hinchados, entró a mi cuarto y me dijo: “Éste es tu primer hit. Hace muchos años no escuchaba una canción tan bonita, tan bien escrita, tan profunda y original. Esto es una obra de arte y estoy muy orgulloso de ti.”

La misma reacción tuvo la primera vez que me presenté en el teatro Metropolitan y cuando me gané el Grammy.

 Como artista, ¿qué opinas del ‘streaming’?

El streaming, principalmente Spotify, salvó a la industria frente a la caída en la venta de discos ocasionada por la crisis y la piratería. Como consumidor, está padre que puedas escuchar música donde quieras y cuando quieras, pero retribuyen una miseria a los artistas, que básicamente viven de los conciertos hoy en día. Los acetatos es un nicho de sector ‘elite’. Quienes logran trascender tienen el mayor mérito de la historia.

Einstein lo decía: “Las crisis sirven para evolucionar”. Internet le ha dado más visibilidad al artista, pero también más competencia. Consigues posicionarte cuando tienes un hit muy fuerte. Inmerso en un mar de millones y millones de canciones y de artistas, ¿cómo lograr que escuchen la tuya? Es un reto y lo seguirá siendo.

Madison se une a Alexander Acha en una corta temporada en Voilà, Antara. Entérate de todo. 

Sin embargo, hay músicos que alcanzan un gran éxito y no necesariamente son los que tienen más calidad, como algunos reggaetoneros.

¿Qué es el éxito? ¿Vender muchos discos y llenar el Auditorio, estar en el número uno durante un año y desaparecer al siguiente? Un artista exitoso es el que se mantiene, el que tiene una personalidad y un estilo definidos, dirección, una propuesta original, y que todo eso resulte vendible. Eso es éxito, no ganar mucho dinero un rato.

El verdadero artista aporta arte, belleza y cultura. Y hacer arte tampoco es decir lo que me sale de las narices. Expresar lo que uno piensa o siente es comunicar algo, no es arte. Como cualquier actividad de la vida, se requiere esfuerzo para lograr expresar algo de una forma estética que genere una emoción, un sentimiento y un pensamiento, y eso no se da ‘de churro’. Le quitas, le pones, lo editas, lo corriges. No estoy dispuesto a bajar la calidad, por eso no tengo mucha competencia en ese sentido. No me gusta cantar tonterías y superficialidades.

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Y tu vida personal, ¿cómo la llevas? No es secreto que viviste un parteaguas, un momento de cambio muy profundo.

A los 19 años experimenté un despertar de la conciencia gracias al cual comencé a querer y buscar lo correcto en mi vida, no nada más lo que se me antojaba. Se despertó en mí un hambre de verdad. Una idea comenzó a chocar en mi mente: «he seguido mis instintos durante cuatro años y no tengo nada estable en mi vida». Algo me decía que por ahí iba a terminar mal. Yo era impulsivo, desenfrenado, apasionado, mujeriego, peleonero, egoísta, ególatra, rebelde… y cambié cuando empecé a entender que no siempre lo que quiero hacer es lo correcto. Tan-tan, así de sencillo.

 ¿Y encontraste la verdad que buscabas?

Comprendí que para ser feliz y tener una vida digna, ordenada, en paz, hay que elegir lo que más te conviene. Hay momentos de la vida en los que la voluntad de Dios te gusta, pero hay momentos en los que no. Aun así, es por ahí. Quien no entiende esto, abandona el camino en cuanto se pone difícil.

Por ejemplo, yo sabía que la novia que tenía entonces no era para mí, que no me iba a casar con ella, pero ella sí se estaba enamorando. Después de unos meses de relación, me acababa de decir: “Ya estoy lista”. Dilema de conciencia. Podía haberla usado y roto su corazón para complacerme, egoístamente. Y no pude. Una cosa es que hieras a alguien por error o por debilidad, otra es hacerlo con premeditación. Hablé con ella. Se enojó esa noche y se fue llorando, pero luego me dio las gracias. Quiero que en mi interior haya siempre esa paz que da el saber que obré con rectitud. Aun así, me equivoco, la riego y hiero a la gente, pero es diferente que ser corrupto.

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¿Por qué crees que tomaste conciencia en ese momento y no antes o después?

Dios cambió algo en mi interior: “A ver brother, se acabó, ya te di cuatro años y ahora decide qué quieres hacer. ¿Quieres tener una familia, estar sano, tener un trabajo exitoso? Por aquí… ¿No quieres? Ok, dale por allá…” Pero yo sabía en mi corazón que así no iba a ser feliz.

Cuando estoy en la tormenta y me pregunto dónde estoy, pienso: Señor, tú sabes por qué permites las cosas, dame fe, no me sueltes. Esa ola va a pasar y seguiré aquí, pero mejor que antes, más fuerte y con más experiencia. Hoy sé que las batallas que tenga que luchar son las que Dios permite en mi vida por un bien.

 

 


Alexander Acha en Corto
El regreso del Dinner-show

10 y 17 de Noviembre
1, 8 y 15 de Diciembre

Voilà, Antara Fashion Hall, Polanco
8:00pm

Acompañado por:
Madison y Jesús Guzmán