Hay mucha gente que cree que puede forzar su vida a sus caprichos o terquedades. Uno no puede ‘maquillar’ las estadísticas para encajarlas a su conveniencia.

 

Si tiene que forzarlo no es su talla. Y complementaría la frase de la siguiente manera: “Lo que ya no tiene remedio, remediado está”.

Esas dos expresiones resumen varios proverbios árabes que enseñan que no podemos ir en contra de la corriente y que no tenemos por qué ‘echarnos a morir’ por lo inevitable.

A veces insistimos en necedades y emprendemos batallas absurdas, las cuales terminan desgastándonos.

¡Y es así de literal como se lee!

Hay que dejar de exigirle razones a todo y seguir avanzando por el camino de la vida.

Lo digo porque, con relativa frecuencia, hay personas que no han aprendido a bajarse del tren de las falsas expectativas o de las programaciones negativas.

Somos los resultados de nuestras propias acciones. Lo que sucede es que muchas veces lo que hacemos o lo que queremos resulta incompatible o, al menos, no es fácil de digerir.

De ahí nuestras angustias, preocupaciones absurdas, ansiedades y amarguras por cosas que se nos escapan de las manos o que, en el papel, ‘no tienen vuelta de hoja’.

Hay un tiempo para llorar y otro para reír; y ninguno de ellos se puede forzar.

A veces las ganas de alcanzar el éxito o de conservar a alguien a nuestro lado nos confunden y nos hace librar enfrentamientos que no corresponden con esas metas.

A su tiempo

¡Nada llega antes ni después!

Suele suceder que queremos condicionar la vida a nuestro capricho de turno, como si pudiéramos ir en contra de la Voluntad de Dios. A veces queremos tomar la ruta más fácil y terminamos rezagados.

Dicho de otra manera: no podemos obligar a los hechos a que sean como pretendemos, sobre todo cuando nos comportamos como unos necios.

Eso no quiere decir que tengamos que resignarnos. No es lo mismo rendirse, que darse cuenta de que ya ha sido suficiente.

Veamos un ejemplo de la vida sentimental: Hay que dejar de presionar a un amor, porque ninguno de ellos se puede cimentar en ruegos. ¡No se puede forzar a un corazón a pasar por donde él no quiere entrar! Otra cosa muy distinta es conquistar a su pareja bajo la venia del amor de verdad.

RECUERDE QUE…

No es que una persona que se encuentre en una mala situación no busque superarla. Lo que pasa es que le corresponde ser consciente de cuál es su actual estado y admitir qué proyecto puede emprender y cuál no.

Es decir, una persona feliz acepta las cosas que no tienen remedio, pero lucha por aquellas que sí tienen solución.

El mensaje de hoy no le apuesta a resignarse, sino a poner los pies sobre la tierra.

¡Todo en la vida fluye! Lo que no evolucione con usted es porque, de manera literal, se tiene que quedar a un lado.

 

http://www.vanguardia.com/entretenimiento/espiritualidad/377129-nuestra-vida-no-se-puede-forzar