Todos aprendemos a querer, es prácticamente una condición innata, va unida al deseo, al anhelo y a la ilusión, es un gusto maravilloso, que se acompaña de disfrute, de placer, de muchas emociones que embelesan y que queremos repetir una y mil veces, de allí la complicación cuando se confunde el querer con el verdadero amor.

Te amo para amarte y no para ser amado, puesto que nada me place tanto como verte a ti feliz. George Sand

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No es que querer sea peor o amar sea mejor, no es una competencia, es simplemente la comprensión de dos emociones, sensaciones y percepciones distintas, una más arraigada a lo físico y material y otra que va de la mano con una parte de nosotros mismos con la cual pocas veces entramos en contacto, quizás por eso el amor suele causar cierto estado de locura e inconsciencia.

Muchos queremos en la vida, vivimos de placeres y de esa sensación que conlleva el enamoramiento, esa sutilidad de piel, de disfrute, de vivirlo todo a plenitud, sin sufrimiento ni lágrimas, de escapes, de intensidad, de instantes inolvidables…el amor, que suele ser privilegio de pocos, no conoce final, no limita pensamientos, es realmente el sentimiento más incondicional, capaz de borrar cualquier espacio de razón y cordura.

Aprendemos a amar no cuando encontramos a la persona perfecta, sino cuando llegamos a ver de manera perfecta a una persona imperfecta. Sam Keen

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Pero ocurre que el amor traspasa este panorama, el que ama concede su vida, sus intereses, sus intenciones, nada tiene tanto sentido como el que despierta el ser amado, pareja, hijo, persona alguna…el que ama solo puede ser feliz en su propio sacrificio.

Hoy día muchos quieren, llevamos las relaciones en base a las satisfacciones, el compromiso ya no es tan indispensable, incluso abrimos nuestra mente a muchas opciones nuevas, la libertad es primordial y además de todo, se defiende diariamente, en todos los medios y de todas las maneras, “somos libres de amar” dicen muchos, sin embargo, no nos damos cuenta en profundidad, de que somos libres de querer, el amor nunca más te devuelve tu propia vida. Quien tiene el privilegio de amar, sabe en realidad lo que es estar dividido, conoce y vive el sufrimiento de alguien más y sería capaz de todo por acabar con ese dolor, el que ama realmente pretende e intenta vivir.

Ni la ausencia ni el tiempo son nada cuando se ama. Alfred de Musset

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Podemos conocer miles de maneras de querer, sorprendernos cada vez más con la capacidad ingeniosa que tenemos de revivir cada espacio, de reanimarnos día a día y más aún, de la capacidad inmensa de nuestro corazón para aceptar personas y darnos la oportunidad de vivir relaciones. El amor forja un vínculo que va más allá de las fronteras, porque trasciende lo carnal, lo material, lo físico, más bien se funde a la esencia, pura y divina de las cosas, a la naturaleza misma de comprender que amar es un privilegio de pocos.

Para muchos, es preferible el querer a cualquier cosa, no involucrarse con sufrimientos mayores es lo ideal, solo vivir y hacerlo al máximo, sin embargo, conocer el amor es privilegio de pocos, es inexplicable y además no se puede traspasar, simplemente es una sensación única en la cual se vive realmente en la unidad, en la armonía y en el desinterés propio total, el ego pasa a ser nada, se desintegra y con el todos los pensamientos que enredan la vida.

Querer podemos hacerlo muchos, pero amar es realmente un regalo que no tiene precio alguno.

 

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