La memoria:

si no se ejercita

se atrofia

Hay cosas en la vida que damos por hecho, pero en el momento en que son razonadas o nos hacen falta, nos damos cuenta de su importancia. Esto lo experimentamos fácilmente cuando nos enfermamos o lastimamos; entonces, damos la dimensión correcta al privilegio de estar sanos.

Pero, ¿qué hay acerca de la memoria? Pocas veces pensamos en ella. Por un momento recordemos la cantidad de cosas que vemos, oímos, probamos y vivimos en un sólo día. Todo lo procesa nuestra mente.

De esa enorme recopilación de información, la memoria conserva una parte y el resto la desecha. Los neurólogos dicen que si recordáramos todo nuestra mente tendría una “sobrecarga” que incluso inhabilitaría nuestra capacidad de entendimiento.

Es interesante cómo a lo largo del tiempo se han ideado historias que llevan al límite la capacidad promedio de la memoria.

En el terreno de la literatura, Jorge Luis Borges propuso un caso extraordinario, con el cuento Funes el Memorioso, en donde el protagonista es un hombre que no puede olvidar nada; su excelente memoria llegaba al grado que podía comparar mentalmente las formas de las nubes de un 30 de abril de 1882 con las vetas de un libro de pasta española que solamente había visto una vez en su vida.

Como casi siempre la realidad supera a la imaginación, a principios del siglo pasado el mundo conoció el caso del ruso Solomón Shereshevsky, una persona con hipermnesia, es decir, exceso de memoria. Recordaba todo: cualquier cara o dato que conociera, a pesar de que pasaran los años. Lo que en un inicio parecía un milagro se tornó en una pesadilla en la que ya no sabía cómo controlar tanta información.

El caso contrario lo muestra la película Memento, de Christopher Nolan, en la que, Leonard busca al culpable de la muerte de su esposa a pesar de tener amnesia anterógrada, la cual le impide almacenar nuevos recuerdos. Para poder vivir, Leonard utiliza un sistema de fotografías instantáneas que le permiten reconocer a las personas y lugares que ha visitado recientemente.

La película es capaz de transmitir la confusión que experimenta Leonard, así como los problemas de identidad por los que pasa al no poder generar nuevos recuerdos, y nos recuerda que necesitamos de los recuerdos para saber quiénes somos y continuar construyendo nuestra persona.

Sin duda, la era de la tecnología ha cambiado la manera en la que las personas hacen uso de la memoria.

Antes era común saber muchos números de teléfono, ahora prácticamente sólo sabemos el propio y el de dos personas más a lo mucho. Datos, fechas, nombres, todo está almacenado en los dispositivos que tenemos en el bolsillo. Y estoy seguro de que más de uno nos hemos preguntado para qué qué me lo aprendo si lo puedo googlear?

En el 2014 el gran escritor Umberto Eco escribió una carta a su nieto adolescente donde le expone ideas y preocupaciones sobre los jóvenes, entre las que resalta la pérdida de memoria progresiva que está viviendo nuestra generación.

Eco le dice que siempre que busque un dato histórico tendrá a su disposición miles de medios para obtenerlo, pero le pide que una vez que lo encuentre, haga un esfuerzo por retenerlo: “La memoria es un músculo que si no se ejercita se atrofia y hace que te conviertas en discapacitado (desde el punto de vista mental): por tanto, (hablemos claro) en un idiota.”

Umberto Eco también le habla sobre la importancia de la memoria histórica, haciendo una analogía sobre el momento en que llegamos al mundo con el entrar en una sala de cine para ver una película que ya tiene tiempo de haber iniciado: cuando entramos a la vida, muchísimos eventos ya han ocurrido; es importante aprender y entender lo que ha sucedido antes de nosotros para ver si el mundo (y nosotros mismos) va en la dirección correcta.

Lo cierto es que cultivar la memoria nos permite traspasar los límites personales y vivir… ¿por qué no? cientos de vidas y de historias. De esta manera, no nos quedamos al margen de nosotros mismos.

 

Arq. Alejandro Robles Arias

Director de Arquitecturar

www.arquitecturar.mx