“Hoy es fácil confundir la genuina libertad

con la idea de que cada uno juzga como le parece,

como si más allá de los individuos no hubiera

verdades, valores y principios que nos orienten,

como si todo fuera igual

y cualquier cosa debiera permitirse”.

 

Papa Francisco

 

La libertad, valor fundamental de todo ser humano, es compromiso de los cristianos y es, asimismo, uno de los valores esenciales en nuestros colegios. Educar en la libertad es una importante tarea de la familia Miraflores, principalmente de padres y maestros; no obstante, hay que transmitir el verdadero sentido de la libertad como fuerza de crecimiento y de maduración en la verdad y la bondad. La libertad alcanza su perfección cuando está ordenada a Dios.

Por su importancia, uno de los grandes objetivos pedagógicos de este año en el Colegio Miraflores es el crecimiento en el buen uso de la libertad, que es algo distinto a hacer lo que uno quiera o se le ocurra, sino que implica la posibilidad de elegir entre el bien y el mal, y por tanto, de crecer en perfección o tomar otro camino; en la medida en la que hacemos el bien nos hacemos más libres.

La libertad, desde pequeños, nos va haciendo responsables de nuestros actos, en la medida en la que éstos son voluntarios. Y, tiene que ver con todo lo que hacemos, decimos, pensamos; el ejercicio de la libertad es de todas las horas, todos los días, aunque pensemos que nadie nos oye o nos ve o, como a veces ocurre, creemos que nadie sabe que fuimos nosotros los que hicimos o dijimos esto o aquello. En el buen uso de la libertad eso es lo de menos.

Un buen campo de experimentación del uso de nuestra libertad puede ser, por ejemplo, el de la crítica. En la Dinámica y Modelo Pedagógico del Colegio la crítica tiene una gran relevancia; aspiramos a formar jóvenes con capacidad crítica y desarrollo del espíritu, capaces de identificar, seleccionar y utilizar adecuadamente la información recibida, para intervenir crítica, comprometida y creativamente en la sociedad. Ésa es una de nuestras tareas en el quehacer cotidiano.

Sin embargo, pareciera que socialmente la crítica se entiende de otra manera. No es ya el discernimiento razonado, la capacidad de análisis y valoración, sino la posibilidad de señalar, calificar, condenar, reprochar, rebajar, deshonrar (mientras más alto mejor) y, muchas veces, desde el anonimato, sin mayor juicio o buen criterio. Es un caso cotidiano, como hay tantos, del uso de la libertad.

La crítica es imprescindible, es necesaria, es deseable, es útil para la superación personal y el mejor funcionamiento de cualquier organismo. Pero la crítica bien entendida, la que nos hace mejores y mejora lo criticado. Por eso estamos empeñados en formar mejores críticos, inteligentes, comprometidos y creativos; porque, como reza nuestro escudo, recordamos a San Juan quien, a su vez, reproducía a Jesús: «Permaneced en mi palabra… y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres».