Conocer el mundo, entenderlo y entendernos nosotros mismos, son algunos de nuestros desafíos fundamentales, y la lectura nos ayuda a enfrentarlos.

Albert Einstein, que algo sabía en cuestiones del pensamiento, decía que en tiempos de crisis la imaginación es más importante que el conocimiento. Y se explicaba: «el conocimiento es limitado, la imaginación abarca todo el mundo». Lo que nunca dijo fue que uno excluyera o sustituyera al otro. Para entendernos y entender el mundo, ambos son necesarios.

Aunque parecen tener campos claramente diferenciados, hay ocasiones en que la línea entre conocimiento e imaginación es tan sutil que parece invisible y los planos se confunden; la realidad parece cosa de imaginación y ésta, en muchas ocasiones, se viste de realidad.

Esto mismo es lo que pasa entre el periodismo y la literatura. El periodismo, en sus definiciones originales, estaba atado íntimamente a la objetividad, la información y la noticia, pero su desarrollo y enriquecimiento han ampliado cada vez más sus campos de acción e influencia hasta confundirse, en no pocos momentos, con la literatura. Hay quienes encuentran el comienzo de esta ambigüedad en la historia: ¿cuando se hace una relación informativa del pasado, es periodismo o literatura?; otros, en la propia personalidad de quien escribe: ¿se es escritor o periodista? y, algunos más, en el indiscutible valor literario de ciertos textos periodísticos, que los llevan más allá del terreno de la mera información.

Periodismo literario o literatura periodística han sido tema de controversia durante mucho tiempo; desde mediados del siglo pasado, con el surgimiento del Nuevo Periodismo, la discusión entró en una nueva fase y hoy, con tantas fórmulas de expresión y canales de comunicación, pareciera superada. El punto central es que ambas expresiones son necesarias para entender al mundo.

Y, hoy como nunca, las tenemos en nuestras manos. No hay más que abrir losojos, los libros, los diarios y las revistas; los medios audiovisuales presentan y guardan joyas del conocimiento y de la imaginación, que nos motivan y ayudan a conocernos más y a entender mejor la realidad que nos rodea. Leer reportajes históricos, novelas realistas, narraciones periodísticas, no únicamente es un gusto y una manera de informarnos, sino además una forma entretenida de conocer y reconocer nuestro mundo y, también, de entendernos mejor a nosotros mismos, gracias al ejercicio del conocimiento y la imaginación.

Algunos ejemplos de textos notables que navegan entre el periodismo y la literatura son: Relato de un náufrago, de Gabriel García Márquez; Territorio Comanche, de Arturo Pérez-Reverte; Los periodistas, de Vicente Leñero; A sangre fría, de Truman Capote; Muerte en la tarde, de Ernest Hemingway, La canción del verdugo, de Norman Mailer; La guerra del fútbol, de Ryszard Kapuscinski; El hambre, de Martín Caparrós, y muchos, muchos más…