La Ciudad de México es una catástrofe en materia de tránsito vehicular. No es una simple apreciación neurótica.

Soy de los que me traslado en automóvil privado en la Ciudad de México. Durante este sexenio de Miguel Ángel Mancera como jefe de Gobierno ha empeorado mucho el tráfico vial. Lo tengo medido. Un viaje que antes me tomaba media hora, ahora lo hago en más de una hora. Los embotellamientos ahora comienzan más temprano y terminan más tarde. Hay barrios completos que se han convertido en un estacionamiento. Los nudos viales se han multiplicado. Es un desastre.

Utilizo, como si fuera la palabra de Dios, las rutas con menor tránsito de la aplicación Waze. Con mayor frecuencia me encuentro dando unos rodeos espantosos. Me desespera ver cómo los policías de tránsito no hacen nada para resolver el problema. Son maestros de la paradoja: mueven sus manos invitándonos a circular cuando nadie se puede mover porque estamos embotellados.

La Ciudad de México es una catástrofe en materia de tránsito vehicular. No es una simple apreciación neurótica. En días recientes, Waze presentó su segundo Índice de Satisfacción del Conductor (ISC) “que analiza la experiencia de conducción de millones de usuarios activos de Waze en 38 países y 238 ciudades, y que crea una puntuación específica que va de satisfactorio (10) a muy malo (1)”.

De 186 ciudades que aparecen en el ranking, la de México quedó en el lugar 135 con una calificación reprobatoria de 4.84 (la número uno fue Valence, en Francia, con 8.81, y la peor, Cebú, en Filipinas, con 1.15). El ISC mide seis atributos. El primero es Tránsito (densidad y severidad) donde México aparece con una penosísima calificación de 1.21, de las peores del mundo. Segundo atributo: Calidad (de las vías e infraestructura) con 6.9. Tercero: Seguridad de las Vías (densidad de accidentes, obstáculos en la vía y tiempo/clima) extrañamente con una magnífica calificación de 9.38. Cuarto: Servicios al Conductor (acceso a estaciones de servicio y estacionamiento sencillo) también muy bien con 9.23. Quinto: Socio-económico (acceso a vehículos e impacto del precio de la gasolina) con 5.1. Sexto y último: Wazeyness (satisfacción y ayuda de la comunidad de Waze) con 3.25. Nótese que dos variables son las que nos salvan de no estar peor en el ISC y que, en lo que más importa, es decir el tráfico, México es una de las peores ciudades del planeta.

El sábado, Mancera presentó su Cuarto Informe de Gobierno. Me metí a buscar todo lo relacionado con el problema del tráfico. Parece que no existiera. En todo el Informe, de 464 páginas, la palabra “tráfico” no aparece más que en tres ocasiones para citar órganos gubernamentales que llevan ese sustantivo en su nombre. “Embotellamiento” tampoco aparece.

Busqué, entonces, “tránsito” y “automóvil”. Encontré muy buenas intenciones: “Las calles de la Ciudad deben ser seguras, funcionales, accesibles y cómodas para todas las personas, siempre con respeto a la jerarquía de movilidad. Como espacio prioritario de tránsito y convivencia, la Ciudad de México debe brindar una buena experiencia de viaje, ya sea que se elija caminar, andar en bicicleta, usar el transporte público o circular en automóvil”. Maravilloso. Nuestro gobierno tiene, sin embargo, un “nuevo Modelo de Movilidad” que “privilegia al peatón y al ciclista”. Y prometen una “política pública del transporte” que minimice “la dependencia del automóvil y los impactos negativos que su uso excesivo genera en el medio ambiente, salud y tránsito vehicular”.

Perfecto. Ya entendí. No quieren que usemos el coche privado. Prefieren que caminemos, utilicemos bicicletas o transporte público. Yo estoy frito. Vivo lejos de donde trabajo y en las montañas, así que las dos primeras opciones no son una alternativa. Por lo que toca a la tercera, aquí no llega ni el Metro ni el Metrobús. Sólo pasan unos camiones destartalados que siempre van llenos. La opción es, entonces, mudarme de casa. Pero entonces van a sufrir mis hijos, cuyas escuelas están cerca de mi actual residencia.

En fin, que todo parece que para el gobierno de Mancera el tráfico vial no es un problema. Quieren que haya menos automóviles privados, pero no hacen nada para lograrlo (salvo, por lo que veo en el Informe, un programa donde dizque incentivan a los trabajadores del gobierno a compartir sus autos). Yo les propongo una cosa: en lugar de tener a cien políticos redactando una Constitución para la Ciudad, que seguramente será un galimatías, que contraten a diez expertos mundiales en movilidad urbana para que elaboren un plan de corto, mediano y largo plazo con el solo objetivo de evitar que los capitalinos pasen enormes cantidades de tiempo improductivo en su coche… o en el transporte público.


FUENTE: Excelsior