Presentamos un extracto del discurso que enunció el profesor Harry Brailovsky durante la ceremonia de graduación de los alumnos de 6º de preparatoria:

Me han invitado para dirigir algunas palabras de despedida, […] Platicaremos del tiempo que ya se fue y podré recordarles que la juventud no es cuestión de privilegios.

“El hombre es un alma que arrastra consigo un cadáver a lo largo de la vida; lo viste, lo adorna y le rinde culto”.

Así es la vida, pasa el tiempo sin darnos cuenta de que dejamos escapar la oportunidad que se nos da sólo una vez para crecer, evolucionar y madurar hasta alcanzar nuestra máxima plenitud. El ser humano con todas sus nobles cualidades no es imprescindible […] La juventud no es eterna, y ustedes deben escuchar su discurso interior para regular sus emociones: su ansiedad, su tristeza, su cólera y su alegría.

Hace más o menos 16 años nuestra escuela les dio la bienvenida y hoy les dice adiós, el haber llegado no fue más que un pretexto para partir. Todos tuvieron una cosa en común que fue el haber compartido el tiempo transcurrido. El día de hoy dejan de ser alumnos para convertirse en exalumnos del Colegio Miraflores y parafraseando a la Madre Salud: se suben a la gran familia Miraflores.

En breve, la mayoría de ustedes se incorporará al ambiente universitario o tecnológico, en donde reconocerán sus limitaciones y sus dudas, pero también despertarán en un mundo de competencia y de lucha, un ambiente cambiante que les hará dudar pero que también los hará ir escalando la nueva cumbre y con ello rehacer sus relaciones intra e interpersonales. El hallazgo del camino por parte de cada uno de ustedes ya no podrá depender de sus padres, familiares, amigos o profesores, ahora serán ustedes los que buscarán la senda, y desde aquí les digo que no será fácil, tendrán que correr y restringir sus muchas horas de sueño para ocuparse de sus materias y sólo al finalizar su semestre podrán respirar y tomar el siguiente carril que seguirá reforzando la vocación por ustedes elegida.

  Cara a cara con el cardenal Carlos Aguiar Retes Mons. Efraín Mendoza Cruz y Mons. Jorge Coapio

No me pregunten qué puede hacer una carrera y una preparación sólida por vosotros, pregúntense que pueden hacer ustedes por ustedes mismos. Recuerden que la vida se conquista en etapas y cuando tengan momentos de duda y tristeza, busquen entre sus recuerdos aquellos momentos de amor hacia Dios y nunca se empantanen en una discusión, porque mientras más avanza ésta, la verdad va retrocediendo.

[…]El pasado ya pasó, sólo nos sirve de recuerdo y soporte; el futuro no interesa porque aún no llega; el presente es el que hay que cuidar, porque cada minuto sé exactamente lo que estoy haciendo y si lo que hago es positivo, el día de mañana despertaré para continuar mi paso por la vida. El presente tiene sus raíces en el pasado, lo que soy depende de lo que he sido. Los problemas nunca serán complejos, lo complejo es la especie humana: somos nosotros. Nunca sean egoístas, nunca almacenen rencor para después verterlo, nunca guarden odio y siempre y por siempre, usen el dialogo como eje de su razón, lo cual significa anteponer el deber por encima del amor y la razón, para que la inteligencia apruebe nuestra conducta, aunque nuestro corazón lo reproche, porque lo más personal de un hombre, después de su sangre, son sus lágrimas.

Cada individuo tiene su propia forma de servir a Dios; uno puede hacerlo por amor, otro por temor, otro por un sentimiento de total obediencia y sumisión a la voluntad divina, etcétera. Y por ello cada uno tendrá un enfoque correcto y el camino que ustedes elegirán no deberá ser inducido por nadie, será su propia elección como muchas que habrán de tomar. El teatro de la vida, como un escenario abierto al mundo, consta de tres actos que todos debemos interpretar: el primero como personas, el segundo como pareja y el tercero como padres. El equilibrio entre estos actos marca el rumbo y por ello cuando una persona deja de crecer individualmente, deja de tener que ofrecer a los otros y empieza nuestro triste ocaso. Así, en la luz, siempre deberán buscar y compartir.

  Taller de Artes Plásticas

Jóvenes, cada uno se encaminará al albor de una nueva vida y yo hacia el ocaso de la mía. Les doy las gracias a todos ustedes por haberme compartido sus risas, felicito a sus padres que, como yo, dejaron su huella en el tránsito de sus vidas y, les recuerdo, que esta es y será siempre su casa.

 

Muchas gracias.

México D.F. 17 de junio 2016