¿Seré más feliz si soy más rico o si soy más pobre?

Mi vida no depende de mis bienes; ni mi felicidad ni mi desgracia. Estoy convencido de que mi felicidad no puede depender de las circunstancias que vivo. shutterstock_192450863

Allí, donde Dios me ponga, puedo ser feliz. En las circunstancias que me toquen vivir, aunque no sea todo fácil y sencillo. Incluso si pierdo la fama o si no tengo todo el dinero que sueño, incluso si me quedo solo y pierdo a seres queridos. Incluso si soy víctima de una violencia injusta.

Jesús no dice que hay que ser pobre para ser feliz. No dice que sea malo tener cosas. Pero sí dice que mi vida, la vida de verdad, no tiene nada que ver con las cosas que tengo. Mi tesoro es otro, mi riqueza es otra.

Sé que cuando muera dejaré todo en la tierra. Lo único que llevaré al cielo será lo que he dado, lo que he perdido por amor a otros. Jesús me anima a ser libre de lo que tengo y también de lo que no tengo. Las dos cosas exigen libertad. No tener miedo a perder. No desear tener lo que no tengo.

Rudyard Kiplin hablaba del hombre íntegro así: “Si al encontrar el triunfo o el desastre, puedes tratar igualmente a esos dos impostores. Si puedes ver rotas las empresas a las cuales has dado tu vida, y bajarte después a reconstruirlas con las herramientas melladas. Si puedes poner en un momento todas tus ganancias y arriesgarlas a cara o cruz, perder y volver a comenzar desde el principio sin jamás decir una palabra sobre tu pérdida. Entonces, la tierra es tuya con todo lo que contiene, y lo que es más importante, serás hombre, hijo mío”.

Ese ideal es el mío. Ser libre. Vivir con lo que tengo y ser feliz sin desear más, sin temer perder. Jesús habla de la libertad del corazón. Él me invita a vivir en el presente con pasión. Me invita a llevar la vida sin cuidarla demasiado para el futuro. Ser generoso hoy, compartir hoy.

¡Cuántas veces en mi vida retraso cosas fundamentales por otras que podrían suceder en el futuro! Pienso que cuando pase esto tan urgente entonces seré libre para lo importante; o cuando consiga lo que tanto deseo; o cuando suceda lo que sueño. Pero pasa el tiempo y nada de eso sucede.

Jesús me anima a vivir el hoy dándome todo. Lo que tengo en mi vida es el hoy. Es lo único seguro.

Me gusta mucho ver a Jesús en su camino en la tierra, así sin tantos planes y abierto a lo que, cada día, el Padre le regala.

Lo miro caminando, comiendo, rezando; viviendo de la providencia sin pedir más de lo que cada día recibe; sin exigencias. Jesús no tenía posesiones. Sólo tenía el corazón abierto para dar, y también para recibir. Jesús recibió comida y alojamiento durante toda su vida. El no tener tanto hizo a Jesús libre. Era amigo de pobres y de ricos. Los amaba igual. Algunos dejaron todo al conocerlo. Y vivieron, como Él, la aventura de vivir sin saber lo que va a suceder hoy. Otros compartieron sus bienes con Jesús, recibiéndolo en su casa o como José de Arimatea, que le prestó su sepulcro.

Lo que cuenta en la vida es la manera de vivirla. La manera de dar y no tanto el tener o no tener. Hay personas que tienen mucho y dan mucho, y están abiertas a tener menos. No temen, porque en su vida lo importante es otra cosa. Hacen felices a muchos. Ayudan y están pendientes de quien necesita algo. Saben optar siempre por los suyos, por estar con ellos, antes que dejarlos de lado preocupados por tener más.

Hay otras personas que tienen poco, pero están amargadas, son codiciosas, exigen y quieren más. Hablan mucho de dinero y se quejan siempre. Pienso que a veces el no tener te puede hacer avaricioso. Otras veces sucede al revés. Tener mucho encoge el corazón y no tener lo abre. La clave no es tener más o tener menos, sino vivirlo bien. ¿Quién es mi dueño? Miro mi corazón, ¿Cuál es mi apego a los bienes? ¿Cuáles son mis prioridades en la vida? ¿Opto por mi familia frente al trabajo? ¿Les dedico tiempo? ¿Dónde está mi gran tesoro? ¿Cuáles son mis tesoros en la vida? ¿Cómo es mi libertad frente a los planes, frente a las cosas, frente al trabajo?

Me gustaría pensar en mi libertad frente al celular y la computadora. Al llegar a casa, al estar con mi pareja o con un amigo o amiga. ¿Cuánto tiempo estoy pendiente del teléfono? ¿Cuánto tiempo estoy pendiente de ellos?

A veces, le pido a mis hijos lo que yo no cumplo. Y estoy con ellos mirando el celular, contestando mensajes, sin estar de verdad. No hay que dejar de disfrutar y darlo todo hoy por almacenar para mañana. El mañana es de Dios, se lo entregamos. El hoy se nos da para dar lo que tenemos: para agradecer. ¡Qué importante es agradecer! ¡Compartir! Perder el tiempo sin creernos tan importantes. Estar con los nuestros.

Los tesoros de la vida no se miden, no se cuentan. No se guardan en graneros. Se entregan en la fuerza del amor y se guardan en el cielo.