Hace unos días les compartí una anécdota de uno de mis maestros que, en mis tiempos de universidad, no calificaba nuestros trabajos y  un día ante mi reclamo nos dijo: «Jóvenes yo no voy ni a aprobarlos ni a reprobarlos… La vida se encargará de hacerlo.» Si me permiten hoy quisiera platicarles otra gran historia que viví con él esperando pueda servir como aprendizaje de vida a alguien más.

Cuando concluyó el semestre, con este hombre sabio, nos pidió que no faltáramos a la siguiente clase para que nos evaluara. Yo me preguntaba cómo carambas lo haría si nunca nos puso una calificación en las tareas y sólo había aplicado un breve examen. El día citado llegó y en efecto no faltó nadie.

Uno a uno fuimos pasando al escritorio con mi maestro Jaime y él nos pedía que le dijéramos qué calificación merecíamos en voz alta y el por qué… Así pasamos todos a conversar con él, sin embargo dos casos llamaron poderosamente mi atención y nunca los olvidaré.

El primero fue con uno de mis compañeros que se llamaba Gabriel y quien se sentó a pedir y a debatir un 7, cuando terminó sus argumentos Jaime le dijo: Un asno como tú que jamás se dio cuenta de que la palabra Universidad se escribe con la letra «s» y no con «c» no merece un 7, estás reprobado. Ese día me di cuenta de que Jaime si leía nuestros trabajos y sabía perfectamente quién era cada uno de nosotros.

La segunda persona fui yo, quien a pesar de haber sido su asistente de grupo durante el semestre y una muy buena alumna, ahora ya lo puedo reconocer, me senté a pedir un 8. Jaime me miró impresionado y me preguntó el por qué pedía esa calificación y yo di mis argumentos mientras él me escuchaba con mucha atención, cuando terminé me dijo algo que cambió mi vida desde ese día para siempre:

«Yo considero que eres una magnífica estudiante y que mereces un 10, sin embargo te voy a dejar el 8 que tú me pides para que aprendas que EN LA VIDA, LA CALIFICACIÓN TE LA ASIGNAS TÚ. No debes esperar a que un maestro te legitime y vaya después a decirle al mundo cuánto vales, o que lo haga en un futuro un esposo, o un jefe, o tus amigos, o tu familia… Nadie, absolutamente nadie puede establecer tu valor o el valor de lo que haces más que tú.»

Ese día yo recibí la clase de autoestima que me transformó de una jovencita insegura de mi capacidad, en una persona con más confianza en sí misma. Siempre fui «nerd» en la escuela, no tengo otro 8 en toda mi carrera más que el que me puso mi extraordinario maestro… ¿Y saben algo?, cuando hurgando entre papeles encuentro mi historial académico y veo ese 8, no puedo dejar de abrazar el documento, como si al hacerlo pudiera abrazar a mi querido Jaime y agradecerle por esa invaluable experiencia.

Que nadie nos legitime nunca, que nadie pueda decir jamás lo que valen nuestros pensamientos, lo que sentimos y nuestros actos. ¡Que nadie nos diga jamás lo que podemos o no lograr! Vida estoy lista… ¡Vamos ! ¡Sorpréndeme!