Aquello que funciona para algunos, no necesariamente debe o puede resultar para otros, más cuando estamos poco preparados o bien, atrasados o rebasados en materia tecnológica.

En 1988 se instrumentó la primera norma OBD-I para vigilar los niveles de emisiones contaminantes de vehículos a gasolinas en Los Ángeles, pero no fue suficiente, de acuerdo con información de la Agencia de Protección Ambiental de California.

La Agencia de Protección del Medio Ambiente de Estados Unidos incrementó los requerimientos y esa norma se transformó en lo que hoy conocemos como OBD-II, para que a partir de 1996 todo automotor fabricado o importado en EU cumpliera estrictamente con los lineamientos.

Echemos cuentas. Por supuesto, andamos mucho muy rezagados. Nuestras autoridades durante más de dos décadas pasaron por alto que la innovación está para ayudarnos y también para hacernos la vida un poco más sencilla. Así, esta norma de verificación de emisiones contaminantes recientemente descubierta —como el hilo negro—, por desinformación o ignorancia, no la han sabido utilizar.

Pero qué le vamos a hacer si aquí no pasa nada, pero nos sucede todo.

Enojo —en sus distintos niveles—, pérdida de horas-trabajo-vida en larguísimas filas de espera, gasto no presupuestado, verificentros cerrados por clausura o para evitar ésta o uno que otro coyote mecánico abusivo ofreciendo “brinco” para pasar la verificación de emisiones por módicos 400 o 600 pesitos (a pesar de la vigilancia en línea o del software inviolable) e incertidumbre para los automovilistas son tan sólo unos cuantos ejemplos del saldo al corte de caja de los primeros 15 días de haber entrado en vigor la Norma Emergente de Verificación Vehicular diseñada por las autoridades federales en materia ambiental.

Resulta que a dueños de vehículos nuevecitos recién salidos de agencia (y otros años recientes) —los cuales cuentan con tecnológica de punta—, que tienen placas con terminaciones 5 y 6 (engomado amarillo), les tocó estrenar la nueva norma, pero ha sido un calvario poder cumplirla.

Decenas de modelos 2016, incluso 2017 (aspirantes per se a hologramas 0 y 00) y de entre 2006-2015, tan sólo en el primer día de la nueva norma, al realizar las pruebas de verificación a través del ya tortuoso OBD-II, fueron rechazados.

Para la Sedema, la autoridad ambiental de la Ciudad de México, los sistemas de medición de los centros están al cien; en cambio, el problema está en las agencias de automóviles. Sí. Fue ahí donde no instalaron o activaron el sistema OBD-II.

Es por eso que retacharon a los automovilistas a donde compraron sus vehículos para activar el sistema, para después regresar a las largas filas del verificentro y ejecutar todo el proceso. Pero tras brinco y brinco, ni con esto algunos pasaron la prueba.

De acuerdo con la autoridad federal, la Semarnat, en teoría, cinco minutos duraría la prueba, ya en la práctica la realidad fue de un promedio de 40 minutos para recibir el holograma correspondiente; pero en el caso de nuevos y seminuevos que no pasaron, fueron expuestos a otra y eso atrasó el proceso, con lo cual se requirieron más o menos tres horas (Excélsior, 5-07-2016).

Valioso tiempo perdido por la clausura de muchos centros por irregularidades en las líneas de verificación y otros tantos que cerraron para evitarla, en los primeros días de julio. Mientras, que la calidad del aire siga esperando en lo que la Profepa y la Sedema se echan culpas.

Es un hecho que esta norma no resuelve el problema, pues siguen la contaminación y el caos vehicular que generan los 5.5 millones de unidades que circulan en el Valle de México.

Con todo y lluvias, el día 8 vivimos la novena Fase 1 de Contingencia Ambiental por ozono, con 152 puntos Imeca, restringiendo la circulación a todos los vehículos con holograma 1 y 2.

Lo bueno es que para las autoridades es gran noticia que la Megalópolis tenga su propio Proaire para hacer eficiente movilidad y transporte público, ahorrar energía y aprovechar fuentes renovables, tomando como base el que tiene la ahora CDMX desde 2011, vigente hasta 2020.

Sumemos el programa de reforestación recién anunciado, cuyo objetivo es plantar 18 millones de árboles al norte y oriente del Valle de México para crear una barrera verde atrapacontaminantes, que además evitará que se dispersen de un lado a otro. Eso, que todo sea por el bien de los ciudadanos.

Otra más. Los dueños de los autos con calcomanía amarilla tendrán 15 días extra para verificarlos. Sólo esperamos que no lo dejen al último.

Es claro que aún faltan medidas para mejorar la calidad del aire y cuidar la salud de la gente, pero seguro irán saliendo poco a poco o ya estarán a punto de descubrirlas.

FUENTE: http://www.excelsior.com.mx/opinion/lorena-rivera/2016/07/18/1105593