Cinco sombrías, inquietantes y torcidas esculturas de madera se ciernen sobre el fondo neoclásico de la capilla de Downing College en Cambridge, Inglaterra. Ai Weiwei llegó a Cambridge con sus “Árboles” (y “Cubos”).

El artista, vestido con un traje de lino oscuro, no se inmutó porque faltaban dos árboles que estaban siendo trasladados desde Londres, donde estuvieron exhibidos durante el verano pasado como parte de su exitosa exposición en la Royal Academy.

Antes de eso estuvieron escondidos durante años en su estudio de Pekín. “Nos ha llegado un árbol por día”, bromeó John Tancock, el curador invitado de la exposición “Ai Weiwei: Trees and Cubes”.

Durante el montaje, el artista conversó con nosotros hasta que fue interrumpido por una alarma contra incendios. (Weiwei insiste en que no tuvo nada que ver con eso).

¿Cuál es tu primera impresión de Cambridge y qué sientes al ver tus “Árboles” instalados en la universidad luego de la experiencia en la Royal Academy de Londres?

Mi primera impresión es que es una escuela muy acogedora. Es serena… un lugar agradable. Es muy diferente a Londres, es más campestre. Al ser un espacio universitario, es muy silencioso y tranquilo.

¿El trabajo artístico es menos valioso en este entorno tan cómodo y privilegiado?

Cualquier tipo de trabajo puede ser válido cuando presenta una contradicción de distintas realidades. Pienso que la obra de arte necesita confrontar condiciones humanas muy distintas que son una parte interesante de nuestro trabajo. Vivimos en una sociedad muy compleja. Eso me sitúa en un complejo marco de reflexión.

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El artista chino observa una pantalla en la Galería Heong que reproduce “Film On The Boat, 2016”, un cortometraje de menos de 10 minutos grabado en la isla de Lesbos, Grecia. CreditIoana Marinescu

Esta exposición también muestra un cortometraje de la isla de Lesbos donde has pasado muchos meses en campamentos de refugiados. ¿Se trata de un adelanto del largometraje que realizas sobre la terrible situación de los refugiados en Europa?

Es una obra que produje al inicio de los largos meses que pasé atrincherado en condiciones de refugio. Lo primero que hice fue saltar dentro de un bote abandonado en medio del océano para tratar de entender qué se siente estar solo ahí afuera.

Sientes una gran tensión, te sientes muy frágil y desesperanzado aunque haya muy buen tiempo y no sople el viento. Puedes imaginar que hay otras 50 personas en ese bote en condiciones mucho peores. Vi biberones, una bufanda de mujer e incluso una Biblia abandonada en el agua.

¿Crees que hay esperanza para los refugiados en Europa?

Pienso que nunca es como lo imaginan. Dejan una zona de guerra, pero esta es una guerra distinta. Dejan atrás las bombas y las explosiones pero sienten en el fondo de sus corazones y de sus mentes que la humanidad es un basurero. Cuando entran a Europa se dan cuenta de cómo los han abandonado.

Es muy trágico. Durante años los niños no han ido a la escuela y todo lo que conocen es el campamento. Sus padres no tienen trabajo ni dinero a excepción de los pocos euros que la ONU les da como apoyo.

¿Cuál es el papel del artista en este tipo de crisis humanitaria?

El artista es alguien que se involucra pero se aleja al mismo tiempo. Vivimos en paralelo a estas condiciones y tratamos de analizarlas y aprender de ellas. Ofrecemos nuestra pasión y nuestra sensibilidad a otra persona que ha tenido que pasar la noche en una tienda fría, con calcetines húmedos, sin luz y sin leche para los niños.

Ni siquiera pueden encontrar un lugar para darse una ducha o ir al baño. Se quedan ahí durante meses pero nadie les dice a dónde ir ni qué hacer. Me han dicho que hay 60 millones de refugiados en el mundo. Muy pocos han recibido atención, muy pocos, quizá menos del 1 por ciento.

¿Puedes ver una similitud entre el brexit y la creciente popularidad de Donald Trump en Estados Unidos?

Ves cómo se forma una tendencia hacia la derecha política. Sin embargo, eso solo nos llevará a un lugar más oscuro y a una temporada más lluviosa. Cuando los humanos pierden la valentía, siempre se avecinan todo tipo de tragedias.

Cuéntanos sobre el progreso de tu largometraje sobre el sufrimiento de los refugiados, cuyo título provisional es “Human Flow”.

La grandeza de la película casi me sobrepasa. El tema es muy complejo y tiene una larga historia. Se trata totalmente de la humanidad y su desarrollo histórico. Ahora mismo tenemos cerca de ocho equipos filmando en distintas locaciones, algunos en lugares muy alejados en el Medio Oriente y a lo largo de Europa.

Tengo cientos de horas de grabación y cientos de entrevistas que yo he hecho en un 90 por ciento. Aún está en proceso porque tenemos que visitar muchos lugares.

¿Qué fue lo más impresionante de los campamentos de refugiados en Lesbos?

Lo más impresionante es que siempre se ha tratado de un mundo muy distinto. El resto del mundo aún está separado. Hay dos capas muy distintas: una que ha sido dividida a propósito de la otra, una que es muy indiferente y distante de lo que está sucediendo. No sé por cuánto tiempo pueda seguir así.

Eres un usuario prolífico de Instagram. ¿Qué tan importante es como medio de comunicación?

No lo disfruto tanto, pero es una manera de relacionarse con la realidad. A veces puedes creer que la situación va demasiado lejos, así que siempre quieres ver o regresar al lugar donde comenzaste. Por eso sigo publicando: para mí es como un diario.

Cuando te sientas tienes una sensación sólida del tiempo, del lugar y de la imagen: tienes algo en la mente. Ahora ningún artista tiene un cuaderno de bocetos. No solo lo voy a usar para mi película, sino para escribir un libro o seleccionar imágenes para una exposición. En el futuro usaremos Instagram como un medio para entender a los mamíferos.

FUENTE: http://www.nytimes.com/es/2016/06/29/entrevista-15-minutos-con-ai-wei-wei-el-controvertido-artista-y-activista-chino/