Las hemorroides son un conjunto de arterias y venas en el ano, conocidas popularmente como “almorranas”. El 50% de las personas mayores de 40 años tienen algún grado de enfermedad hemorroidal.

Anatómicamente hablando, son cojinetes o almohadillas de tejido submucoso donde están contenidas las vénulas y arteriolas superficiales del conducto anal. Las hemorroides tienen la propiedad de ayudar en la continencia, así como en la distensibilidad del conducto al momento de evacuar; por lo tanto, es normal tener hemorroides, pero no una enfermedad hemorroidal.

Existen varios factores que influyen en la inflamación de las hemorroides, por ejemplo: el embarazo, el estreñimiento crónico, la diarrea, incluso  el esfuerzo para evacuar y el propio envejecimiento al perderse la fijación del tejido hemorroidal. Esto también sucede con otros tejidos, por lo que la enfermedad hemorroidal se presenta normalmente después de los 30 años de edad.

Los principales síntomas de la enfermedad hemorroidal son: sangrado (que suele presentarse en las heces, en el papel higiénico o en el inodoro con un color rojo brillante); la comezón; la sensación de un cuerpo extraño; la salida de moco, y en ocasiones la dificultad para evacuar, así como dolor intenso cuando las hemorroides externas se inflaman.

Existen otras causas de sangrado transanal que incluyen el cáncer colorectal y anal, o las fisuras anales, por lo que se recomienda la revisión por un especialista en caso de detectar este síntoma.

El diagnóstico de la enfermedad hemorroidal se realiza con una simple exploración en el consultorio.

Hay hemorroides internas las cuales se encuentran recubiertas por mucosa y hemorroides externas que están cubiertas de piel.

La enfermedad hemorroidal interna se clasifica del grado I al IV:

Grado I: Sangrado sin prolapso (salida de la hemorroide)

Grado II: Prolapso que regresa solo

Grado III: Prolapso que debe de ser regresado de forma manual

Grado IV: Prolapso que no puede ser regresado

En los primeros grados de la enfermedad, las hemorroides se pueden tratar de forma médica con tratamientos sencillos como el mejoramiento de las evacuaciones con una dieta adecuada, suplementos de fibra, pomadas locales o medicamentos orales. Para cuando la enfermedad hemorroidal es más avanzada existen tratamientos que se pueden realizar en consultorio, por ejemplo, la ligadura hemorroidal es uno de los procedimientos más utilizados y con mejores resultados. También se puede realizar fotocoagulación o escleroterapia. Es importante considerar que no todos los pacientes son candidatos a este tipo de tratamientos.

Los tratamientos quirúrgicos pueden ser: resectivos (en donde se quita el tejido), que pueden realizarse mediante electrocoaguladores, pinzas que cortan y coagulan al mismo tiempo o mediante la utilización de un láser, los no resectivos (en los cuales se deja el tejido hemorroidal) se realizan maniobras que disminuyen el tamaño y prolapso de las hemorroides o se disminuye el flujo sanguíneo a las mismas. Uno de los procedimientos no resectivos es la THD (desarterización trans anal) en la cual se realizan ligaduras de las arterias que llevan sangre a las hemorroides, disminuyendo el flujo sanguíneo y el prolapso de la hemorroide, el cual se puede realizar también con láser LHP (hemorriodopexia con láser); sin embargo, este tipo de procedimiento no está indicado en caso de hemorroides externas grandes. La diferencia más importante es que los procedimientos no resectivos producen menos dolor; sin embargo, la posibilidad de volver a padecer la enfermedad es mayor.

En caso de sospecha de enfermedad hemorroidal acuda a un especialista, es importante hacer un diagnóstico adecuado y oportuno.

 

Dr. A. Fernando Rodríguez Villanueva

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