Conforme la ciencia y la medicina progresan, la gente vive más años. Con el avance de la edad, las personas van necesitando de más apoyo para facilitar las tareas cotidianas; sin embargo, es natural que no siempre los adultos mayores admitan que necesitan de ayuda y cuidados especializados.

Asimismo, los miembros de la familia pueden negarse a aceptar esto hasta que sucede algo desafortunado como una caída.

Por sus características generales, el adulto mayor es más frágil y por lo tanto, más propenso a caídas(1); pero es importante hacer notar que a pesar de la edad, las caídas frecuentes no deben considerarse como algo “normal” o fortuito, ya que en la etapa adulta, éstas pueden constituir parte del diagnóstico de otros padecimientos, por lo que es necesario evaluar factores de riesgo tanto físicos como circunstanciales para determinar el grado de inseguridad o peligro del entorno en el que vive.

En México, las caídas constituyen el 30% de la causa de muerte en los mayores de 65 años(2); sin embargo, es fundamental estar alerta ante ésta y otras señales que indican que se necesita ayuda extra. Esto permite investigar tempranamente las opciones que ofrece una residencia para adultos mayores y, así como tener elementos para tomar decisiones sobre dónde y cómo vivirá la persona durante la tercera etapa de su vida.

Ya sea padre, madre o cualquiera que sea la relación familiar o afectiva con la persona mayor, la elección de una residencia representa un gran paso. El saber cuándo y cómo proceder puede representar un reto importante. El cuidador o quien vive con la persona mayor, debe reflexionar sobre los beneficios que este sistema conlleva para resguardar física y emocionalmente a su ser querido, especialmente, al considerar el hecho de que en casa, los adultos mayores son más vulnerables a los accidentes domésticos.

Pero no sólo son las caídas, hay otras manifestaciones significativas para confirmar si es momento de iniciar la búsqueda de una residencia de retiro.

A continuación mostramos algunos indicadores útiles:

Errores en la medicación: tomar medicamentos de más, olvidar tomarlos o no tomarlos adecuadamente.

Malos hábitos nutricionales: pérdida de peso debido a que olvida cocinar o comer con regularidad, o aunque haya quien le cocine, que coma de manera insuficiente o excesiva.

Afectaciones en la sociabilización: aislamiento, pérdida de interés y contacto con amigos, nula participación en actividades sociales que anteriormente disfrutaba.

Dificultad en el desempeño de actividades cotidianas: pérdida de la memoria de corto plazo en situaciones cotidianas como no pagar las cuentas, no gestionar asuntos personales, evitar conversaciones alrededor de algún tema por falta de compresión, pérdida del juicio, entre otros.

Cuidado personal: olvido de realizar actividades del hogar como limpiar el hogar o tener poca higiene personal.

Desorientación general de tiempo o lugar.

Signos de depresión: sueño excesivo, poca energía, cansancio, falta de motivación, insomnio, dificultades para concentrarse, fantasías de muerte o llorar con frecuencia.

Las residencias de retiro ofrecen ventajas para quienes habitan en ellas, ya que brindan servicios especializados para su cuidado y, al mismo tiempo, evitarán que se sienta solo, triste o abandonado. Todo esto en convivencia con otras personas de su generación, otorgándole además calidad de vida en el sentido físico y emocional.

* Acerca del autor: El doctor Francisco Javier Mesa es médico cirujano con especialidad en Psiquiatría por la Universidad Nacional Autónoma de México y actualmente es director médico de Belmont Village Senior Living México.

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Fuentes:

1) http://www.cenaprece.salud.gob.mx/programas/interior/adulto/descargas/pdf/Guia_Caidas_2aa.pdf

2) http://www.cenetec.salud.gob.mx/descargas/gpc/CatalogoMaestro/134_ISSSTE_08_caidas_adultomayor/EyR_ISSSTE_134_08.pdf