Si yo te dijera que mañana voy a regalarte un millón de pesos con el único requisito de que te presentes a las ocho de la mañana con treinta y ocho minutos exactos, ni un minuto más ni uno menos… ¿llegarías puntual?

Sé de antemano tu respuesta, lo que me facilita el terreno para decirte que LA PUNTUALIDAD ES EL REFLEJO DEL INTERÉS.

Por lo tanto, una persona impuntual siempre será percibida como desinteresada… Pero ahí no se queda la cosa, sino que además se le suman los “bonitos” adjetivos de: desorganizada, ineficiente, desconsiderada, irrespetuosa, irresponsable y egoísta.

Y es que el tiempo es una de las mayores riquezas que poseemos y por lo tanto, debemos cuidarlo y no hacerlo perder a los demás. La puntualidad siempre será un valor agregado en nuestra imagen pública y un destructor de ésta si no la cumplimos. El problema es que en México somos sumamente impuntuales, al grado que el único país en donde las invitaciones de boda anuncian que el evento empezará media hora antes de la hora real, y como ya nos sabemos el “truquito”, ¡seguimos llegando tarde!

Ahora bien, a veces nos puede pasar un imprevisto que nos retrase o una situación de emergencia que desestabilice todos los cálculos de tiempo que habíamos hecho. Estas excepciones son fácilmente tolerables por los demás, pero ojo con lo que acabo de decir: EXCEPCIONES, ya que las personas que siempre se retrasan pueden llegar a desesperarnos y siempre darán la mala imagen que arriba describimos.

Por lo tanto, he aquí unos simples consejos que te ayudarán a ser puntual y por lo tanto, a tener una mejor imagen con los demás:

Vive con 10 minutos de anticipación. Y no se trata nada más de adelantar el reloj, se trata de realmente vivir en ese horario desfasado que nos da tiempo de ventaja. Si calculas que para llegar a un lugar harás media hora, sal con cuarenta minutos de anticipación, o si normalmente pondrías tu despertador a las 7:00, ponlo a las 6:50. ¡Pero nunca pienses que tienes 10 minutos de colchón! Además, llegar a cualquier cita con 10 minutos de anticipación es una buena costumbre, pues normalmente perdemos tiempo en estacionarnos y pasar filtros de recepciones y seguridad, ¡pero ojo!, tampoco te presentes antes, pues podría incomodar a la contraparte además de que eso hace que los demás perciban que no tienes nada mejor que hacer.

Programa tu agenda, rutas y tiempos del día siguiente antes de dormir. Organiza tus días sin congestionarlos, teniendo previsión aun de lo imprevisto; si pones dos compromisos en el mismo día y sabes que a uno de ellos llegarás justo o un poco retrasado, mejor posponlo para no quedar mal. Prevé tu guardarropa del día siguiente, pues está comprobado que la indecisión al vestir es de lo que más nos quita tiempo.

Encomiéndate a San Waze y sácale todo el provecho. Pocas personas saben que en Waze puedes programar todos tus destinos del día con la hora de llegada deseada y que esta App te avisará cuándo tienes que salir, previniendo tráficos y dándote la mejor ruta.

Si por improvistos fue imposible llegar puntual solamente pide disculpas y no des explicaciones y excusas. Pretextos como culpar al tráfico, al clima y demás sólo harán que la otra parte se cuestione: «¿y por qué yo sí pude llegar a tiempo?» Además, culpar al tráfico en la CDMX es tan estúpido como culpar al agua porque estaba mojada.

Si se presentan retrasos, una llamada telefónica avisando que vamos a llegar tarde puede resolver la mayoría de las situaciones, pues, además, eso permite que la otra persona pueda hacer más cosas y no estar esperando. Al día de hoy puedes hasta mandar por WhatsApp una captura de pantalla de dónde estás y la hora exacta a la que dice que llegarás para que no se tome como excusa.

Si eres impuntual y deseas cambiarlo, rétate jugando con el tiempo y recompénsate o castígate según tus resultados. Si tienes que llegar a un lugar a las 9.30, juega a que en ese minuto exacto debes estar cruzando la puerta. Si lo logras, podrás comer postre o en la noche ver la serie con la que estás clavadísmo, pero si no, tendrás que esperar hasta tu cita del día siguiente para tener otra oportunidad para “jugar”. Esto terminará desarrollando en ti el buen hábito de la puntualidad.

Podrás llegar a cuestionar por qué debes esforzarte en ser puntual si todos los demás son una bola de impuntuales. Quiero que sepas que si empiezas a hacer una imagen de que tú si eres puntual, los demás respetarán tus tiempos, pues sabrán que contigo no hay margen para la impuntualidad. Por lo tanto, en los eventos que dependan de ti, inicia puntual aunque no haya suficiente quórum, retrasar algo o darle tiempo a los impuntuales para que lleguen, sienta un pésimo antecedente para los que sí respetaron el tiempo.

Por último, si tienes poder de influencia sobre alguien, edúcalo a que respete el protocolo de la puntualidad. De pequeño, si yo o mis hermanos no estábamos listos a la hora que mi papá había dicho que teníamos que salir, simplemente nos dejaba. Me dejó una vez y nunca más lo tuvo que volver a hacer. Hoy, si alguien está interesado en tener una cita conmigo, pero llega tarde y no me avisa, simplemente no lo recibo. Garantizando que nunca más se retrase conmigo.

Por lo tanto, sé respetuoso con el tiempo de los demás, pero también da a respetar el tuyo. ¿Quieres ser percibido como organizado, eficiente, considerado, respetuoso y responsable? ¡Pues no pierdas el tiempo! Siempre recuerda que la puntualidad es el reflejo del interés. Tic, toc, tic, toc…

 

Alvaro Gordoa

Consultor en Imagen Pública.

Socio Director del Colegio de Imagen Pública y autor del libro Imagen Cool.

 

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