Por fortuna (la de mis papás) vivo en una zona residencial de alto nivel, como corresponde a mi abolengo, que además está súper ubicada, lo que me permite desplazarme a pie a muchos de los lugares que frecuento.

Justamente en un restaurante de postín que está cerca, cité para comer a un prospecto de cliente con el que espero firmar un jugoso contrato en mi nueva faceta de personal coaching.

Después de la clase de yoga –ommm ommm–, pasé la mañana en el salón de belleza. Sólo me falta ponerme el ‘little black dress’ –que me costó un ojo de la cara– para impactar al objeto de mi cita. ¡Lista! Soy toda una lady.

¡STOP!… Saliendo por la puerta me está cayendo el veinte de que hoy es el último día para pagar mi tarjeta de crédito. Menos mal que una sucursal del banco queda de camino al restaurante. ¡Ahora iré con el tiempo justo!

¡Cuánta gente en la calle! Esta vieja que lleva al niño de la mano parece no tener prisa alguna… ¡PAS PAS PAS!… Se exaltó un poco cuando le aplaudí en la oreja, pero sirvió para que se entere de que atrás de ella habemos personas que no queremos ir a paso de gallo-gallina… O seaaaa ¡y todavía me voltea a ver feo!

Debo cruzar la avenida y el paso peatonal está como a treinta metros de distancia, no me pienso desviar tanto. ¡Vaya!, ¿en qué les puede afectar a los coches frenar un poco? ¡Idiota! Casi me atropella, ¡taxista tenía que ser! Pero esto no se va a quedar así, prefiero llegar tarde a mi cita que permitir que éste se vaya así como así después de la afrenta… ¡Ándale!, ésta es la mía, le tocó el alto y me va a oír… Seguro que no esperaba que recorriera treinta metros en cinco segundos, así que casi se infarta cuando le grité en su ventana: “¡Qué te pasa h… de…! ¡Sal, a ver si ahora eres tan hombrecito!” Le muestro el puño, desafiante: “¡Te crees que por ser hombre puedes andar aventándole el coche encima a las mujeres o qué!” En cuanto se ponga la luz verde va a salir huyendo, pero no sin que antes le dispare otro sonoro “¡Pe…..!”.

Por su culpa perdí minutos valiosos y, para colmo, hay veinte personas delante de mí en el banco. ¿Qué hago? Como quien no quiere la cosa, me le voy a meter a un distraído. El que no transa no avanza. No suelo hacerlo, pero éste es un caso de fuerza mayor. ¡Hecho! El distraído no resongó, pero la naca de atrás me está reclamando: “No se metaaaa, haga cola como todoooos.” ¿Qué parte de ‘yo no soy como todos’ no entiende? Mejor ni la volteo a ver y finjo demencia mientras hablo con mi galán por teléfono.

Ahí viene un empleado del banco, ¿qué querrá? “Señorita, no puede hablar por celular adentro del banco…” Que ni gaste saliva el pesado, obvio no soy una asaltabancos, ¿qué más le da que hable? Jaja, casi se le salen los ojos de las órbitas cuando le puse disimuladamente un billete en la mano: “¿Me puede ayudar? Es que tengo una emergencia y tengo mucha prisa…” Surtió efecto, qué horror, ¡qué tipo tan corrupto! “No sabía que era usted cliente preferente –me dice–, pase a la ventanilla 6, por favor.”

Estoy llegando ‘safe’ a la cita. Oh no, antes de mí hay cinco personas esperando mesa y no hice reservación. Piensa, piensa… Por lo pronto aprovecho para ir al tocador. Está vacío el WC para discapacitados, me alegro porque son más cómodos.

¡Pero qué veo! Justo cuando voy de regreso al área de espera veo que la recepcionista conduce a una pareja hacia a una mesa que acaba de quedar libre. Tomaré un atajo entre las mesas y me aventaré en la silla… ¡OUT! La recepcionista se ha sorprendido al verme ocupando la mesa objetivo. Con expresión confundida da indicaciones para que preparen otra mesa. ¡Qué lista soy!… Justo está llegando mi futuro cliente… ommm ommmm…

Seguramente estarás pensando que este relato es ridículo, ya que nadie en sus cinco sentidos se comporta de esa manera cuando se encuentra cara a cara con otras personas. Sin embargo, ¿acaso no son conductas comunes cuando estamos al volante? Como si el hecho de conducir un vehículo nos convirtiera en seres anónimos, blindados, con muchos derechos y pocos límites. Cual patéticas versiones de Mr. Hyde que vuelven a ser Dr. Jekyll en cuanto se apean del auto. ¿Sí o no que somos extraños los seres humanos…?