Nunca se ha hablado tanto de colores. Nunca imagine la variedad de rojos que existían, menos aún de tantos y variados  tonos  amarillos. El color es lo de menos lo que vale es la percepción del ojo del catador.

No solo la vista, nuestro olfato también se ha reeducado. Hoy sabemos que un vino huele a madera de caoba o de encino, podemos en cada inhalación  percibir una que otra especie o un nuevo olor que no conocíamos.

Nuestras glándulas gustativas hoy hacen un noble trabajo, desembrean el ingrediente más pequeño en cada  sorbo.

 Para ser un catador tenías que ser enólogo, hoy  con el auge de esta industria todos  de alguna manera tenemos una oportunidad de acercarnos a la cultura del vino. Vamos a catas, participamos en maridajes, nos inscribimos en talleres e incluso se planean viajes a tierras lejanas para poder pisar un viñedo. Todo conocimiento adquirido se pone en práctica bajo cualquier pretexto. Distinguir un vino con cuerpo y detectar sus características es cada vez más común, se  opina al respecto y nos damos el tiempo  para saborearlo.

Los menos expertos elijen el  de vino a través de las nuevas aplicaciones para saber cómo está calificado el  vino seleccionado.

Hoy en día los mexicanos consumimos cada vez más  vinos y somos más estrictos  buscando calidad. Los vinos mexicanos van ganando terreno y con más frecuencia son los que se encuentran en nuestras mesas.

Platicar con la enóloga Pierrina Ruas fue hacer un viaje imaginario al valle del Tunal en Parras Coahuila. De manera tranquila nos fue llevando a un valle desértico, frio de noche y más cálido en el día. Un clima extremoso bastante seco donde hoy se cultivan las uvas cabernet sauvignon, merlot, shiraz, chardonay, sauvignon blanche, malbec y zinfandel. Sin faltar la uva estrella: pinot noir, la uva más delicada, la uva que debe ser tratada como a la misma mujer, con ternura con cuidados. La característica fundamental  de la cosecha de estas uvas es que las plantas vienen directamente de Francia, sin embargo la fuerza de nuestra tierra y la forma en que son tratadas  hacen que  adquieran una personalidad propia, haciendo de nuestros vinos algo único y característico, de ahí el éxito de este  viñedo mexicano, el viñedo de la familia Mendel  creadores de vinos Don Leo.

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Un viñedo que se inició como una aventura y que hoy abarca 45 hectáreas en el  valle del Tunal y que día a día gana un espacio en esta industria tan influyente.