“Ser provida en Cuba, me costó años de cárcel y tortura. Pero no me arrepiento.”

Esta historia la protagoniza el autor de esas declaraciones. Un médico cubano que se jugó el tipo por ser fiel al juramento hipocrático: Oscar Elías Biscet.

Por cumplir con su deber de médico: curar enfermos (no matar sanos), Biscet perdió su trabajo y se pasó casi 12 años en las cárceles castristas.

Era joven, brillante, especialista en Medicina Interna, tenía toda una carrera por delante, pero cometió la imprudencia de denunciar las atrocidades que se hacían en los hospitales cubanos, y defender los derechos humanos pisoteados por  la dictadura de Fidel, comenzando por el más básico de los derechos, el derecho a la vida.

Biscet hizo una investigación sobre el fármaco Rivanol, que se usaba en el sistema de salud castrista, y denunció que cuando los bebés nacían vivos se les negaba la asistencia para dejarlos morir. Ya te puedes imaginar cómo reaccionó la Policía de Fidel. Ahí comenzó su calvario entre rejas.

Biscet no habría tenido el menor problema si hubiera guardado silencio y no se hubiera metido en camisa de once varas. Se vio obligado a elegir entre su conciencia y su carrera. Y… el resto ya lo conoces.

En Actuall nos pareció que el de Biscet era un ejemplo impresionante de coherencia: como profesional de la medicina y también como amante de la libertad frente a una dictadura. Y una bofetada moral para la legión de mudos que guardan silencio ante la masacre de inocentes en el vientre materno. En Cuba y quizá no tan lejos. Si, ya sé, el miedo es libre. Pero eso precisamente hace más grande la heroicidad del doctor Biscet.

Biscet, como David Daleiden, otro que se metió donde no le llamaban y desenmascaró el tráfico de fetos de la multinacional abortera Planned Parenthood, se merece el título de Héroe del Año, o Campeón de la Libertad.

-Actuall

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Oscar Elías Biscet

Gabriela de Sarduy

Buenos Aires, 15-02-04 – Los documentos que se encuentran a continuación, nunca han tenido difusión hasta hoy y han salido de Cuba recientemente. Datan del año 1998, sin embargo, retratan en forma cabal el ideario, los principios inquebrantables y la valentía de este ciudadano cubano, médico, que hoy permanece encerrado en las cárceles de Castro junto a delincuentes comunes, que estuvo confinado hasta hace pocos días en una celda soterrada y a quien además de la última condena a 25 años de prisión, se le inicia ahora una causa por «desacato» a la figura de Fidel Castro.


El valor histórico de estos documentos como testimonio irrebatible de la violación de los derechos humanos en Cuba por parte del régimen que la sojuzga desde hace más de 45 años, es inestimable..

También lo es como prueba de la valentía de este Hombre, con mayúsculas, que se convierte en un indiscutible héroe contemporáneo a la altura de los grandes próceres que supieron forjar con su sacrificio y compromiso personal la grandeza de la Nación Cubana.

El ideal de la defensa de los derechos humanos nace en Biscet desde su mismo accionar cotidiano y en el ámbito de su profesión: él es un médico, ha jurado defender la vida de sus semejantes y está dispuesto a dar su vida por ese juramento…

¿Cuántos de nosotros estamos dispuestos a arriesgar nuestra posición profesional, nuestro prestigio, nuestra fuente laboral y hasta nuestra propia integridad física y libertad personal por la defensa de los valores que profesamos? …

La lectura del discurso del Dr. Biscet a sus colegas médicos del Hospital de las Hijas de Galicia el 24 de febrero de 1998 es conmovedora y con solo imaginar la escena sentimos gran admiración por quien se atreve a desafiar a un sistema que institucionaliza la muerte y utiliza la fuerza contra los más débiles de los débiles, sin paralizarse por el temor a las consecuencias que ese acto heroico le traerá a su carrera y su persona.

La nación cubana ya está en deuda con este hombre que eligió denunciar y oponer resistencia pacífica a la vulneración del primer derecho humano a defender: el derecho a la vida. La oposición del Dr. Biscet al aborto, a la utilización de fetos en investigaciones de laboratorio y a la pena de muerte, no hace sino engrandecer aún más su figura como ciudadano cubano valiente y comprometido con la defensa de la dignidad primera y fundamental de la persona humana, que no puede ni debe ser vulnerada por ningún ser humano en nombre de ninguna ideología, mucho menos aún por aquellos cuya vocación los ha llamado a la defensa y el cuidado de la vida de sus semejantes.

Pero no sólo los cubanos tienen una deuda con el Dr. Biscet, cada uno de nosotros sentimos resonar con particular fuerza el llamado del Dr. Biscet en nuestras conciencias y nuestro corazón y sabemos que no podemos permanecer indiferentes ante su situación.

El Dr. Biscet ha defendido algo que nos compete a todos y lo ha pagado él con la prisión, la tortura y el aislamiento en condiciones infrahumanas. No lo dejemos a merced de un sistema que acalla, encierra y tortura a sus opositores pacíficos, a quienes resisten civilmente la violencia de un estado que ha perdido toda legitimidad porque ha quebrantado reiteradamente sus deberes primordiales: el cuidado del bien común y la salvaguarda de los derechos de cada uno de sus ciudadanos.

El Dr. Biscet se ha negado a «participar en la ejecución de una injusticia y esto no sólo es un deber moral, sino también un derecho humano fundamental. Si no fuera así, se obligaría a la persona humana a realizar una acción intrínsecamente incompatible con su dignidad y, de este modo, su misma libertad, cuyo sentido y fin auténticos residen en su orientación a la verdad y al bien, quedaría radicalmente comprometida.» dice Juan Pablo II en su «Evangelium Vitae» (1995), y continúa: «se trata, por tanto, de un derecho esencial que, como tal, debería estar previsto y protegido por la misma ley civil. En este sentido, la posibilidad de rechazar la participación en la fase consultiva, preparatoria y ejecutiva de semejantes actos contra la vida debería asegurarse a los médicos, a los agentes sanitarios y a los responsables de las instituciones hospitalarias, de las clínicas y casas de salud. Quien recurre a la objeción de conciencia debe estar a salvo no sólo de sanciones penales, sino también de cualquier daño en el plano legal, disciplinar, económico y profesional.»

Al Dr. Biscet se le han violado sus derechos humanos fundamentales por defender los derechos humanos de muchos inocentes, por defender sencillamente la igualdad ante la ley de aquellos que no tienen voz, por apelar a las conciencias de otros que como él juraron defender la vida y se vuelven cómplices de los asesinatos de los indefensos. Por defender el derecho a la vida de todos los ciudadanos cubanos lo han sancionado con la «propuesta de separación definitiva del Sistema Nacional de Salud» ( ver: Res. N°9/98 de Ministerio de Salud Pública de Cuba).

Los documentos son muy claros sobre las consecuencias: el régimen comienza condenándolo a esa «muerte civil» que significa en Cuba, al ser el estado el único empleador, el ser echado del centro de trabajo, pierde así la posibilidad de ejercer su profesión y realizar su auténtica vocación. (Resolución N° 9/98) Pero él no se amedrenta, firma la resolución de su «muerte profesional» en disconformidad y en abierta actitud de oposición y denuncia. Se enfrenta a los actos de repudio organizados por los integrantes del Partido Comunista de su Centro de trabajo y se niega a salir por la puerta trasera, abandona el lugar pacíficamente por la puerta principal. El resto de la historia todos la conocemos, el año pasado recién salió el Dr. Biscet de la cárcel , luego de 3 años de prisión para volver a ser encerrado pocos días después por no estar dispuesto a callar y volverse cómplice de las aberraciones que comete el totalitarismo en Cuba. Volvieron a encerrarlo y a condenarlo a 25 años de prisión.

Su actividad continúa siendo incesante, los documentos que logran salir de la prisión, donde es sometido a permanentes violaciones de sus Derechos Humanos, son más que elocuentes y nos muestran su evolución y su crecimiento político, personal y espiritual.

La denuncia y el compromiso de todos nosotros con su situación se vuelve entonces impostergable:

A todos quienes lean esta nota y a todos quienes se enfrenten a solas en la tranquilidad de su entorno con estos documentos que retratan el comienzo de esta historia heroica y singular, los convocamos a la denuncia y el reclamo por la libertad y la vida de este hombre con el que todos los que gozamos en libertad de nuestros derechos inalienables, estamos en deuda.

A todas las Instituciones y Organismos de Derechos Humanos, a aquellas que hacen especial hincapié en la defensa de la Vida, a aquellas que defienden el derecho a la Libertad de conciencia frente al totalitarismo, a las Asociaciones Médicas y de Profesionales de la Salud, a los Medios de Comunicación y a los Legisladores, Parlamentarios y Funcionarios de Gobiernos del Mundo que lean estos documentos. les solicitamos su intervención en favor de este hombre que sostiene su ideal de Vida y Libertad para su Patria y para el mundo.

De nosotros depende. Seamos una voz incansable de reclamo por la Libertad de este hombre y por la libertad de Cuba.

 

 

» (73 …Ya en el Antiguo Testamento, precisamente en relación a las amenazas contra la vida, encontramos un ejemplo significativo de resistencia a la orden injusta de la autoridad. Las comadronas de los hebreos se opusieron al faraón, que había ordenado matar a todo recién nacido varón. Ellas « no hicieron lo que les había mandado el rey de Egipto, sino que dejaban con vida a los niños » (Ex 1, 17). Pero es necesario señalar el motivo profundo de su comportamiento: « Las parteras temían a Dios » (ivi). Es precisamente de la obediencia a Dios —a quien sólo se debe aquel temor que es reconocimiento de su absoluta soberanía— de donde nacen la fuerza y el valor para resistir a las leyes injustas de los hombres. Es la fuerza y el valor de quien está dispuesto incluso a ir a prisión o a morir a espada, en la certeza de que « aquí se requiere la paciencia y la fe de los santos» (Ap 13, 10).»
Juan Pablo II – Evangelium Vitae
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