El ritmo de vida de los Millenials sale caro. Los hijos también cuestan, así que ‘elegir es renunciar’: o niños o lujos. Eso está llevando a las actuales generaciones a tener menos hijos o a no tenerlos.

Hace tres décadas los medios bombardeaban a la población mexicana con el slogan oficial “la familia pequeña vive mejor”. Las parejas se tragaron esa promesa y en la actualidad, de 5.7 hijos en 1976, las tasas de natalidad en México han caído este año a un promedio de 2.2 hijos por mujer. En Europa es aún menor: 1.7.

Las parejas jóvenes, sin hijos, con altos ingresos y en las que ambos miembros trabajan, conocidas como Dinks (siglas en inglés de Double Income, No Kids -doble sueldo, no niños), casi se han duplicado desde el 2005.

Un creciente número de parejas mexicanas de altos ingresos prefiere empujar un carrito de compras que una carriola. Posponen la llegada del primer niño mientras le dan vuelo a la hilacha en vez de construir un patrimonio sólido. Dilapidan grandes sumas de dinero (unos 165,000 pesos al año) en artículos de lujo y entretenimiento. En México, el gasto en ropa de diseñador, accesorios de lujo y vinos de buena marca alcanzó el año pasado los 3,880 millones de dólares, frente a los 2,160 millones del 2004.

“Ellos están gastando más de lo que pueden pagar”, advierte Claudia D’Arpizio, socia de Bain & Co, que describe al grupo como jóvenes que si bien perciben altos ingresos, no son ricos todavía, lo cual implica un riesgo potencial para su solvencia financiera. Mantener ese ritmo de vida puede endeudarlos y hacer que se sientan miserables al compararse constantemente con los demás. También ocasiona una creciente disminución de la tasa de natalidad.

“El mayor declive de la fertilidad se presenta en zonas con mercados laborales muy competitivos y gran oferta de bienes de consumo relacionados con el estatus social”, afirma el autor Paul Hooper, de la Universidad Emory de Georgia. “La inequidad hace que la competencia por el estatus sea más intensa.”

A lo largo del planeta, el índice de fertilidad ha disminuido mientras que la inequidad y el costo para alcanzar estatus se han elevado. Hooper afirma: “Nuestro modelo demuestra que la competencia se enfoca más en trepar socialmente que en sólo llevar comida a la mesa, la gente invierte más en bienes materiales y en tener estatus, lo que incide en el número de hijos.”

“Una menor tasa de mortalidad infantil y el control de la natalidad se asocian también con el declive de la fertilidad, pero no son suficientes para explicar la actual disminución del tamaño de las familias”, concluye este pionero en el campo de la antropología computacional, quien con sus colegas ha establecido un marco empírico para relacionar la información que proporcionan la biología, la economía, la física y la informática.

“En la época de mis abuelos se requería invertir mucho menos dinero para ser respetable”, apunta Hooper. “Era importante tener una muda de buena ropa para ir a la iglesia los domingos, pero les permitían a los niños correr descalzos el resto de la semana”.

Hoy, mantenerse al nivel de los vecinos vuelve todo más complicado… y más caro.

 

Autor: Michael Cook es editor de MercatorNet.

Fuente: MercatorNet