Al instalar su gobierno en la capital de la República en 1861, Benito Juárez puso manos a la obra para después de tres años de guerra en la que los valores de la Constitución de 1857 fueron defendidos en los campos de batalla, se consolidara la paz y crear un nuevo camino por el cual transitar hacia la reconstrucción del país. Los asuntos por tratar se tornaban más complejos. Los buenos deseos no bastaban, además, era imposible hacer tabla rasa del pasado y encaminar la administración como si la Guerra de Reforma hubiese mantenido en igual estado la marcha de las cosas.

Uno de los aspectos que demandaban atención urgente era el de las finanzas públicas, sin embargo, cuando el abogado de Guelatao promulgó la Ley del 17 de julio de 1861, declarando una moratoria en el pago de los créditos extranjeros, no se imaginaba que pronto enfrentaría una invasión tripartita (España, Gran Bretaña y Francia) que daría pauta para el ascenso al poder de un monarca extranjero.

El gobierno mexicano parecía llegar a cierto arreglo con los representantes de esas tres naciones. Se buscó el retiro de las tropas a cambio del restablecimiento de los pagos. No obstante, en abril de 1862, Francia dejó muy en claro su negativa a llegar a un acuerdo. Fue entonces cuando ya no quedó duda; el emperador de los franceses estaba decidido a secundar el proyecto monárquico de los conservadores mexicanos: imponer a un príncipe europeo.

La suerte estaba echada. Juárez decretó el 12 de abril en estado de sitio los lugares que poco a poco habían ido ocupando los franceses e invitó a los jóvenes a la defensa de su patria. Ambos bandos se preparaban ya para el primer enfrentamiento.

En abril de 1862, los franceses emprendieron -desde Córdoba, Veracruz- la campaña militar hacia el centro de la república. La primera batalla importante tuvo lugar en Acultzingo, en el límite de los Estados de Veracruz y Puebla.

A continuación se transcribe textualmente el parte de guerra del general Ignacio Zaragoza.

«Ciudadano ministro de Guerra y Marina

México.

Desde ayer tuve noticias de que el ejército francés había llegado a Amozoc y, como por una parte es bien conocido el orgullo de sus soldados y por otra sabía también que los bandidos acaudillados por Márquez y Cobos amagaban cerca de esta ciudad, desprendiendo una brigada de 2,000 hombres sobre éstos, con objeto de batirlos o por lo menos alejarlos, me preparé a resistir a (los) invasores, haciendo guarnecer la plaza con 800 hombres, una batería de batalla y dos de montaña, cubrir los cerros de Guadalupe y Loreto con 1,100 hombres y dos baterías y formar el resto de 3,550 hombres en cuatro columnas con una batería de batalla, tres de infantería y una de caballería, con las que me propuse librar una acción campal al oriente de la población, atrayendo al enemigo, al punto escogido por medio de un cuerpo de infantería dotado con dos piezas de campaña.

El enemigo esquivó el combate a campo raso y dejando una fuerza respetable en su campamento, desprendió una pequeña guerrilla por su izquierda a cubierto de una colina, moviendo por su derecha una gruesa columna de ataque de cuatro a cinco mil hombres de las tres armas, después de situarse entre las haciendas de Amalucan y Los Álamos.»

CRÓNICA DE LA BATALLA DE PUEBLA.

A las 11 y tres cuartos emprendió su ataque sobre el cerro de Guadalupe, comenzando por tiradores y continuos disparos de cañón que mucho ofendieron a las instalaciones de la plaza, luego atacó con brío sobre dicha posición por una, dos y tres veces, siendo rechazado otras tantas, a la vez que desalojado de los puntos que ocupaban más acá de la garita de Amozoc. Después de tres horas de un reñido combate, quedó bien puesto el honor de nuestras armas con algunas pérdidas y escarmentado el enemigo por la multitud de muertos, heridos y prisioneros que se le hicieron, brilló el valor por ambas partes, pero la victoria favoreció a la justicia de nuestra causa.

Reorganizado el enemigo hasta fuera del alcance de mi artillería no me fue posible tomar sobre él la iniciativa y puesto el sol desfilaron sus cuerpos para su campo, volviendo los míos a sus posiciones de la mañana. Si, como lo espero, se incorporan mañana las brigadas de los ciudadanos Grales. O’Horán y Antillón, será completo nuestro triunfo, ora ataque nuevamente el enemigo, ora se retire del lugar que ocupa. Oportunamente y cuando reciba los partes circunstanciales de cada uno de los jefes en su arma y ramo respectivo, comunicaré al ciudadano ministro del detalle de la jornada con el aumento de las operaciones ulteriores conexas con ella, limitándome por ahora a lo que llevo expuesto y esperando se sirva dar cuenta al ciudadano Presidente de la República. Libertad y Reforma. Cuartel General en el campo, a 5 de mayo de 1862. Ignacio Zaragoza.

Telegrama recibido en México a las 5 y 49 minutos de la tarde, del día 5 de mayo: Excmo. Señor Ministro de Guerra, las armas del supremo gobierno se han cubierto de gloria; el enemigo ha hecho esfuerzos supremos por apoderarse del cerro de Guadalupe, que atacó por el oriente a derecha e izquierda durante tres horas; fue rechazado tres veces en completa dispersión y en estos momentos está formado en batalla fuerte de,4 000 hombres y pico, frente al cerro, la fuerza de tiro. No lo bato como desearía porque, el gobierno sabe, no tengo para ello fuerza bastante. Calculo la pérdida del enemigo, que llegó hasta los fosos de Guadalupe en su ataque, en 600 y 700 muertos y heridos; 400 habremos tenido nosotros. Sírvase usted dar cuenta de este parte al ciudadano Presidente. Ignacio Zaragoza. Los franceses se batieron como bravos. Puebla, mayo 5 de 1862.

Telegrama enviado al Presidente Benito Juárez, a las 7 horas y 3 minutos de la noche: Señor Presidente, estoy muy contento con el comportamiento de mis generales y soldados. Todos se han portado bien. Los franceses han llevado una lección muy severa; pero en obsequio a la verdad diré que se han batido como bravos, muriendo una parte de ellos en los fosos de las trincheras de Guadalupe. Sea para bien, señor Presidente. Deseo que nuestra querida patria, hoy desgraciada, sea feliz y respetada de todas las naciones. Ignacio Zaragoza.

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FUENTE: http://www.imagen.com.mx/5-de-mayo-batalla-de-puebla-la-mirada-de-zaragoza