Hablar de la niñez en México, es hablar de una a agenda social muy amplia. Datos de la UNICEF señala que México es el segundo país en América Latina con mayor población infantil, hoy contamos con 40 millones de personas que son menores de 18 años. Pero no todos nuestros menores de edad corren con la misma suerte en su forma de vida, una gran parte de ellos vive en pobreza, padecen rezago educativo, falta de alimentación y cuentan con limitados servicios de salud, seguridad social y vivienda junto con sus familias, razones de peso para colocarlos en la vulnerabilidad ante el trabajo infantil y lo que es peor, de su explotación.

Hoy, poco más de la mitad, el 53.9% de las niñas, niños y adolescentes, vive en situación de pobreza, un importante número padece rezago educativo, como limitaciones en servicios de salud, seguridad social, alimentación, servicios básicos y vivienda. Es por ello que algunas familias compensan sus ingresos sacando a los pequeños de la escuela para que realicen actividades remuneradas que en muchos casos llegan a su explotación.

La Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo arrojo como resultado un 31.5% de personas trabajadoras entre los 5 y 17 años de edad, 798,000 de nuestras niñas, niños y adolescentes salen día a día a trabajar para apoyar el sustento de sus hogares o el propio, exponiéndose a riesgos ambientales como polvo, gases, químicos, ruidos y temperaturas extremas; así como son expuestos a accidentes por laborar en sitios poco apropiados como en las calles de nuestra ciudad o bares y cantinas.

Pero quizá la peor forma de vida es la que padecen las niñas, niños y adolescentes que viven y trabajan en condición de calle: Hoy se presume que existen más de 95 mil chicos en esta situación, a razón de la violencia y carencias de sus hogares, espacio que los coloca en total indefensión y vulnerabilidad a la trata de persona y explotación sexual y laboral.

México se encuentra en la posición 56 de 197 países, que coloca niñas y niños mexicanos en «riesgo extremo», junto con Somalia, Myanmar y Pakistán; el Informe Global sobre Esclavitud en el Mundo 2014 (Walk Free Foundation) nos ubica el cuarto lugar en América Latina, con mayor número de personas que viven en esta situación.

El trabajo infantil se encuentra presente en nuestra continuidad como sociedad, pero quizá poco visible para gran parte de ella. Casos desde las ladrilleras artesanales cuya producción implica grandes riesgos para la salud dado el esfuerzo físico, uso de aguas contaminadas, altas temperaturas de los hornos y uso de diésel, aceites o llantas para generar el fuego dentro de éstos, gran parte de la mano de obra de estas ladrilleras es realizada por menores de edad. De igual manera sucede en los basureros públicos en el trabajo de “pepenadores”, ingenios azucareros, migración forzada, jornaleros agrícolas, venta de artesanías, etc.

Casos recientemente documentados son señalados como trata con fines de explotación laboral a través de redes vinculadas a la institucionalización como el sonado caso de, “Mamá Rosa” en el 2014; o bien, identificadas redes de trabajo doméstico con niñas y adolescentes guatemaltecas ingresadas por Soconusco Chiapas u originarias de Oaxaca y Guerrero que son colocadas por señoras o agencias para realizar quehaceres en el Distrito Federal y Monterrey. Otro caso sonado y documentado por Human Trafficking Assessment Tool, es el de los llamados “canguritos”, grupos de niños y adolescentes indígenas trasladados por bandas de tratantes por las rutas de Chiapas a Tabasco y Quintana Roo con fines no solo de explotación sexual, sino también laboral.

Un escenario que sin duda nos deja un gran preocupación y tarea como sociedad, ya que, no solo atenta contra los derechos presentes de niñas, niños y adolescentes, sino que también impacta contra la ruptura del ciclo de pobreza que tanto nos atañe, les limita su desarrollo y expectativas de vida como individuos. En este sentido, y como dato alentador, es que en los últimos años se han incrementado las acciones para atender esta problemática social y económica en lo que toca a las organizaciones de la sociedad civil como el Colectivo contra la Trata de Personas; Safe the Children México; Mesa Social contra la explotación de niñas, niños y adolescentes en México y Corresponsabilidad Social Mexicana, entre otras; quienes realizan intervenciones directas con acciones en pro de la defensa, protección y desarrollo integral a fin de identificar y erradicar el trabajo infantil, trabajos dirigidos al todo el entorno social, económico y cultural de estos menores de edad.

El origen del trabajo infantil principalmente está en la pobreza y discriminación, como en la violencia y abandono familiar; pero lamentablemente no los soluciona, sino los agrava y aumenta. Para la erradicación de cualquier tipo de servidumbre humana, trabajo forzoso o actividad que coloque a nuestros niños como objeto o mercancía, se deben contemplar factores económicos, sociales, culturales y públicos, pero también es corresponsabilidad de todos, emprender acciones en contra esta inequidad social que viven nuestros niños, apoyar a la sociedad civil y promover la protección de sus derechos humanos, tanto el seno familiar, como en la vida cotidiana.

798,000 niñas, niños y adolescentes entre 5 y 17 años, salen día a día a trabajar en México privándose de uno de sus derechos fundamentales: La educación 

 

 

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