De vez en cuando, algún evento nos recuerda que, al final, todos vivimos en una misma ciudad, transitamos por las mismas calles, respiramos el mismo aire, nuestra basura va al mismo lugar y nuestra agua viene de la misma fuente.

A finales de enero de este año, vivimos un desabasto de agua en buena parte de la Ciudad de México y Área Metropolitana debido a reparaciones en el Sistema Cutzamala. El hecho de bombear agua desde tan lejos es un ejemplo más de nuestra irónica forma de resolver este problema cuando la solución está más cerca de lo que pensamos.

Históricamente, nuestra ciudad ha peleado con sus condiciones naturales. Nos hemos dedicado a secar nuestros lagos y entubar nuestros ríos, sin disfrutar los servicios naturales que nos brindarían si los cuidáramos y aprovecháramos. No es ninguna novedad que nuestro sistema de suministro de agua no es nada sustentable. Al abrir la llave del agua ni siquiera nos detenemos a pensar cómo es que llega hasta ahí.

Uno de los actores más importantes en este proceso y que tiene un papel poco mediático, es el del buzo Julio César Cu Cámara, quien ha limpiado durante los últimos 34 años el drenaje de la Ciudad. Sus palabras son claras al describir uno de los principales problemas que aquejan a nuestra sociedad: la educación. “Somos un país con bajos niveles de educación. No tenemos la cultura para separar nuestra basura, tiramos las cosas sin pensar, no reciclamos el agua. En mis años de trabajo, no he visto un gran cambio en ese sentido. En este país, no nos importan las cosas hasta que nos hacen falta”, dijo en entrevista al diario The Guardian.

Muchas veces se argumenta que el principal problema que aqueja a las ciudades es que, al ser enormes concentraciones de gente, cualquier problema crece de forma exponencial. Pero no hay que olvidar que las ciudades son precisamente nuestro mejor invento ya que reúnen a las mejores mentes y manos para resolverlos. Por esto, entre todos los gastos que tenemos, la educación figura como la mejor inversión.

Mientras tanto, por más que nos empecinemos en violentar la naturaleza, ella encuentra su modo de lidiar con ello. En Chalco, la zona más baja de todo el Valle de México, el agua lleva décadas concentrándose en un nuevo lago que abarca 554 hectáreas. En palabras de Elena Burns, miembro de Water for People, Water for Life: “…el retorno de los lagos a la Ciudad figura como la solución más barata y viable para resolver el problema del agua”.

La solución es hacer visibles nuestros lagos y ríos, recuperarlos y dejar de contaminarlos. La solución es respetar nuestro entorno y volver a educarnos sobre los recursos y actitudes que son realmente importantes: cambiarnos a nosotros mismos, cambiar la ciudad que habitamos.

Arq. Alejandro Robles, director de Arquitecturar

www.arquitecturar.mx