La crianza de los hijos no es una tarea fácil. Esto puede ocasionar conductas por parte de los padres que resultan ser no muy formativas y sanas para el niño y, aunque no se hagan de manera consciente, no es raro que lleguen a herirlo sin darse cuenta

Sin embargo, hay un límite para ese tipo de conductas que son normales y, cuando éste se traspasa, llegan a convertirse en algo “tóxico” que puede afectar a los hijos no sólo en su niñez, sino por el resto de su vida. Holly Chávez, en su artículo “13 signs of a toxic parent that many people don’t realize”, habla de varias señales que pueden ser de utilidad para identificar a un padre así: 

Fallan al proveer seguridad a sus hijos

Mucha gente cree que el “amor apache” es una buena manera de preparar a su hijo para la ardua vida futura. Esto, sin duda, funciona algunas veces; sin embargo, si cada vez que falla, la persona tiende a perder el rumbo, puede ser que haya crecido sin desarrollar la suficiente seguridad en sí mismo.

Critican de manera exagerada

Todos los padres critican de vez en cuando y a veces esto funciona para que los hijos aprendamos ciertas cosas. Un padre “tóxico”, sin embargo, hace una crítica de lo que sea que el niño (o el adulto) hagan. Muchos padres creen que de esa manera los niños no cometerán grandes errores, pero lamentablemente lo que esto causa es una gran inseguridad que puede incapacitar al adulto para hacer su vida normal.

Quieren atención a toda costa

Los padres tóxicos convierten a sus hijos en los sustitutos de sus propios padres y quieren su atención todo el tiempo. Este tipo de relación es en realidad “parasitaria”, requiere demasiada energía y tiempo del niño que debería ocupar en crecer. Un buen padre le da a su hijo el espacio necesario para que se desarrolle y no lo usa para llenar sus propias necesidades.

Hacen chistes tóxicos de sus hijos

Es normal hacer chistes sobre las personas que queremos, muchas veces esto es una gran muestra de confianza; sin embargo, cuando los padres hacen esto de manera muy regular con sus hijos, puede resultar un problema. No es necesario aceptar este tipo de conducta sólo porque “siempre lo han hecho”.

En realidad, es algo que puede hacerles sentir mal y llegar a afectarles en la edad adulta. Si un padre quiere en verdad prestarle atención a su hijo, debería ser honesto y no innecesariamente crítico.

Hacen que sus hijos justifiquen conductas terribles

¿Acaso creciste creyendo que tus padres eran emocional o físicamente abusivos contigo porque lo merecías? Si fue así, posiblemente sigas justificando conductas terribles en los demás. Los padres tóxicos pueden manejar la situación de cualquier manera para que cumpla con sus propios propósitos y dejan a los niños sólo con dos opciones: aceptar que su padre está mal o interiorizar toda la culpa. En muchos casos, los niños escogen la segunda opción y, claro, crecen con ella.

No dejan que se exprese ninguna emoción negativa

Algunos padres no permiten que los hijos expresen lo que sienten o minimizan sus opiniones, dejándolas de lado como si no importaran. Esto provoca que en el futuro se vean imposibilitados para expresar lo que realmente sienten. No hay nada de malo en enseñar a un niño el lado positivo de cualquier situación. Sin embargo, bloquear cualesquiera que sean sus sentimientos hará que se sienta sumamente deprimido y hará muy complicado para él manejar las cosas negativas en la adultez.

Asustan incluso a sus hijos adultos

El respeto y el miedo no van de la mano. De hecho, los niños que se sintieron amados y apoyados son mucho más felices cuando son adultos y llevan una buena relación con sus padres. La disciplina es necesaria, pero utilizar el abuso físico o verbal daña la salud mental del niño. Los hijos no deberían tener miedo para ser respetuosos con sus padres y, como adultos, no deberían ponerse ansiosos cada vez que ellos los llaman o los buscan.

Siempre ponen sus emociones primero

Los padres que siempre ponen en primer lugar sus propios sentimientos construyen relaciones negativas con sus hijos. Incluso los padres más severos, no tienen que tomar la última decisión para todos los planes que se hacen, sino que deben considerar las opiniones de toda la familia. Los padres tóxicos por lo general hacen que sus hijos supriman sus sentimientos para complacerlos.

Se sienten dueños de los logros de sus hijos

¿Alguna vez uno de tus padres se interesó a tal grado en todo lo que hacías hasta llegar a apropiarse de ello o incluso a duplicarte? Esto podría pasar como un interés normal de los padres en lo que hace su hijo, sin embargo, lo que pasará es que le hará muy difícil al niño identificar sus propios logros.

Manipulan con culpa y dinero

Todos hemos experimentado algún tipo de control mediante la culpa; sin embargo, los padres tóxicos lo hacen todo el tiempo. Incluso cuando los hijos son adultos lo siguen haciendo al comprarles regalos caros a cambio de que hagan lo que ellos quieren. De no hacerlo, les echan en cara todo lo que han hecho por ellos. Los padres sanos no piden a sus hijos algo a cambio, sobre todo por algo que ellos no pidieron.

Usan el silencio para controlar

Puede ser difícil hablar con alguien cuando se está enojado, sin embargo, hacer “la ley del hielo” a un niño es muy doloroso e inmaduro. Llevar a cabo este tipo de contestación pasivo-agresiva daña cualquier relación. Si un padre está demasiado enojado para entablar una conversación, debería intentar calmarse en vez de ignorar a su propio hijo.

Ignoran los límites sanos

Algunos padres, cuando los niños son pequeños, necesitan espiarlos un poco para asegurarse de que estén a salvo. Pero cuando este tipo de conductas continúa una vez que los hijos tienen la edad suficiente para fijar sus propios límites, propician que ellos nunca desarrollen la capacidad para hacerlo.

Hacen responsables a sus hijos por su felicidad

Los padres no deberían pedirle a un niño jamás que sacrifique cosas por ellos y, obligar al niño a esto, sólo le hará complicado entender que cada quien es responsable de su felicidad.

Identificar alguna de estas conductas puede ayudar a evitar el mal que pueda hacerse a un niño en un futuro, o bien, a identificar el daño que ya está hecho en un adulto y tratar de resarcirlo de alguna manera. Ser padre es difícil, pero a veces, ser hijo también lo es.

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