La Reina de Gran Bretaña celebra sus 90 años con tres exposiciones dedicadas a su ropa. La primera de ellas, en su castillo escocés de Holyrood, abre sus puertas el 21 de abril, el mismo día de su cumpleaños. Las otras, en Buckingham y Windsor, se inauguran en julio y septiembre. Un perfecto festejo para un auténtico ícono de la moda.

Muchos de sus súbditos la conocieron siempre anciana, otros la han observado transitar por la edad madura y los hay quienes la vieron devenir en Reina -una bella joven de apenas 26 años- en 1952. El 21 de abril, Isabel II, la enigmática soberana -que jamás otorgó una entrevista y rara vez expresó algo que se asemejara a un sentimiento personal-, llega a la venerable edad de 90 años.

Desde que su tío el rey Eduardo VIII tuvo la idea de enamorarse de una americana divorciada y renunciar al trono, convirtiéndola en heredera, los ojos del mundo se posaron sobre ella sin abandonarla jamás.

Isabel asumió su destino como princesa y luego como Reina, siempre cumplió con sus obligaciones con dedicación; algunos dicen, poniendo su deber por encima de su familia y de su vida privada. Infatigable, a lo largo de su reinado asumió miles y miles de ‘royal duties’: plantó árboles, descubrió placas, inauguró escuelas, museos, exposiciones, puentes, túneles, líneas de tren y metro; recibió a centenas de gobernantes extranjeros y visitó a otros tantos; ofreció banquetes y aceptó invitaciones en su honor; posó para incontables retratos oficiales, inauguró sesenta y cuatro sesiones del Parlamento y ofreció otros tantos mensajes de Navidad y garden parties; entregó miles de medallas y títulos honoríficos, dio centenas de discursos y asistió a decenas de galas de la ‘royal variety performance’, de conciertos en el Albert Hall, de encuentros de atletismo y de partidos de fútbol y rugby. Y además, cuando no estaba en larguísimas giras por el mundo que la alejaban de los suyos por varios meses, mantenía -y mantiene aún hoy- una entrevista semanal con su primer ministro. Y, evidentemente, en cada ocasión Isabel se viste de acuerdo a la situación y al protocolo.

Su boda, 1947.

Su boda, 1947.

Su punto débil: las carteras

La Reina requiere más ropa en un año que lo que la mayoría de nosotros necesitamos en toda nuestra vida. Por ejemplo, las largas giras que realizaba hasta no hace mucho, exigían una innumerable cantidad de conjuntos y, a menudo, cuatro o cinco cambios por día. Se calcula que en sus años en el trono encargó y lució más de veinticinco mil vestidos y conjuntos.

Imagen del libro “Dressing the Queen: The Royal Wardrobe”.

Imagen del libro “Dressing the Queen: The Royal Wardrobe”.

Es una ínfima porción -ciento cincuenta modelos- la que la exposición “Fashioning a reign, 90 years of style” (Creando un reino, 90 años de estilo), en su palacio escocés de Holyrood, pondrá a la vista del público a partir del 21 de abril. Para dar una idea de la fenomenal cantidad de prendas que guardan los armarios reales, los palacios de Buckingham y Windsor presentarán en julio y septiembre otras exhibiciones similares, con otros tantos modelos que la Reina lució en ceremonias históricas como su coronación, visitas de Estado y giras reales, así como conjuntos para bodas y bautismos familiares. Entre ellos, el vestido de baile que llevó durante su primera gira a Estados Unidos en 1957, el de tafetas bordado que lució para recibir al Rey de Noruega en 1962, el vestido negro de terciopelo que usó en su encuentro con el papa Juan Pablo II en 1980 o el conjunto de vestido rosa y abrigo blanco de seda diseñados por Stewart Parvin con el que la soberana inauguró la garden party de 2009.

Año 2015.

Año 2015.

Pero si durante su largo reinado la Reina vio pasar a una docena de primeros ministros, los modistos que la vistieron, en cambio, fueron menos. El primero de ellos, sir Norman Hartnell, diseñó algunos de los más bellos vestidos de fiesta de la Reina, entre ellos el de su boda y el de la coronación, y continuó vistiéndola hasta su muerte, en 1979. Otro que la sirvió hasta su último suspiro fue Hardy Amies, una colaboración que duró cincuenta años. A él le siguieron Ian Thomas, Maureen Rose y Karl Ludwig, mientras que Stewart Parvin diseña para ella desde 2000.

Crédito: Royal Collection Trust / (©) Her Majesty Queen Elizabeth II 2012

Crédito: Royal Collection Trust / (©) Her Majesty Queen Elizabeth II 2012

En su juventud Isabel seguía la moda y, como sucede hoy en día con la duquesa de Cambridge, los modelos que lucía eran inmediatamente copiados e imitados. En los últimos años desarrolló su propio y personal estilo, confortable, elegante y apropiado, con sus sombreros, broches y característico collar de perlas. Pero su punto débil siempre fueron las carteras. Se decía que Amies se quejaba de “esas horribles carteras” que arruinaban sus diseños y comenzó a regalarle bellos modelos para Navidad con la esperanza de que los usara.

1956, a punto de saludar a Marilyn Monroe.

1956, a punto de saludar a Marilyn Monroe.

Fiel a su estilo

Desde hace casi veinte años es sobre todo Angela Kelly, una desconocida para el gran público, quien tiene el privilegio de diseñar casi la totalidad de los modelos de la Reina. En un libro publicado en ocasión de su jubileo de diamante en 2012, “Dressing the Queen: The Royal Wardrobe” (Vistiendo a la reina: el guardarropas real) (Ed.The Royal Collection), la modista de 63 años revelaba el meticuloso trabajo detrás de cada uno de los modelos que Isabel luce en sus compromisos oficiales.

Imagen del libro “Dressing the Queen: The Royal Wardrobe”.

Imagen del libro “Dressing the Queen: The Royal Wardrobe”.

A lo largo de veintidós años junto a la soberana, Kelly pasó de vestidora a llevar el pomposo título de ‘Asistenta Personal, Consejera y Curadora de Su Majestad la Reina’. A pesar de sus orígenes tan opuestos (Kelly nació en una vivienda social en Liverpool), Reina y empleada mantienen una relación de confianza y complicidad. En 2007 Isabel le otorgó la Real Orden Victoriana, más recientemente la elevó al rango de Teniente (un honor que rara vez se confiere a un empleado) y le confió la organización de las exposiciones de vestimentas en Buckingham. Kelly también la acompaña en sus desplazamientos.

El libro ofrece una mirada fascinante sobre la intrincadísima planificación del vestuario real. En su guardarropa, ningún color, ningún detalle es fortuito. Cada año se diseñan para la Reina cuatro colecciones, una para cada estación. El proceso de creación comienza cuando Kelly presenta por lo menos cuatro diseños diferentes por cada tela para que la Reina elija y dé sus sugerencias. Una vez que se decide, raramente cambia de opinión. La Reina conoce particularmente mucho de géneros, casi todos provenientes de su depósito personal.

Su estilo vestimentario es objeto de una particular atención y, en más de una ocasión, de comentarios irónicos. Pero sus tradicionales pañuelos Hermès, sus abrigos de tonos acidulados, sus clásicos sombreros, sus faldas escocesas, su eterno bolso estructurado, sus trenchs… tan pasados de moda en los 80 y los 90, son terriblemente chic en nuestros días. Hoy, a los casi 90 años, a fuerza de mantenerse fiel a su gusto e impasible ante a las tendencias es considerada por muchos un ícono de la elegancia. Así, en 2007, el Vogue UK la designó como una de las mujeres más glamorosas del mundo y, al año siguiente, el look casual que la Reina adopta en privado en Balmoral fue la inspiración de la colección de invierno de Dolce & Gabbana. Más recientemente, Christian Louboutin confesó su deseo de crear calzado para la Reina y el diseñador Julien McDonald, de vestirla. “Es la mujer más chic del mundo”, dice.

Retrato oficial, 2014.

Retrato oficial, 2014.

Los secretos de un estilo


• Después de las 6 de la tarde la Reina no usa sombreros sino un tocado o una tiara en los banquetes oficiales. Cuando visita escuelas prefiere que sus sombreros lleven flores, plumas y firuletes para atraer la atención de los niños.

•Si la Reina usa un color para visitar una región del país, evitará volver a usarlo durante varios meses, aun si se trata de un modelo completamente diferente.

• La Reina repite algunos de sus modelos, pero estas ocasiones se reparten estratégicamente a lo largo del año.

•Una vez que se aprueba el modelo y la materia se hace un prototipo en algodón blanco sobre el maniquí de la Reina. Los sombreros se hacen primero en paja.

•Los sombreros no deben nunca ocultar su rostro y el ancho del ala es muy importante. Nunca deben ser tan altos que compliquen su salida del auto. Y la parte de atrás, nunca demasiado baja, para que no roce el cuello del abrigo.

•Cuando visita un hogar de ancianos o un hospital siempre elige un color brillante, para que la puedan identificar aquellos que tienen problemas de vista.

•A los vestidos realizados con géneros livianos se les ponen pesas en el dobladillo, para evitar que una brisa revele las piernas.

•Para el día su largo favorito es bajo la rodilla, para un vestido de cóctel prefiere un poco más largo.

•Las escaleras pueden ser un problema si el vestido es muy angosto. En todos sus modelos se incluyen tablas y aberturas. En cuanto al largo de mangas, el favorito de la Reina es tres cuartos.

•La dama de compañía siempre lleva un foulard de seda que combine con su conjunto en caso de que su sombrero se dañe por la lluvia.

• Los paraguas son siempre transparentes, para que la gente pueda ver su cara, pero vienen con un mango y borde coordinadoc con el conjunto.

•En cuanto a sus zapatos, siempre usa tacos de 5 cm.

•La Reina se cambia varias veces por día. Todos sus modelos tienen cierres muy largos para poder sacarlos por abajo pues pasar un modelo por su cabeza puede arruinar su peinado.

•El color se elige no solo para que quede bien a la Reina sino para que combine bien con el fondo. Si va a plantar un árbol, se evitará el verde, por razones estéticas y fotográficas.

En 1947, antes de convertirse en Reina.

En 1947, antes de convertirse en Reina.