Juan Carlos Osorio ha respondido y cumplido a la altura al frente de la selección mexicana de fútbol que puede ya presumir del boleto al hexagonal final.

Tras 4 partidos de eliminatoria, el TRI no solamente aseguró el boleto sino que además lo hizo con autoridad. 12 puntos conseguidos de 12 posibles. Diez goles a favor y cero en contra. Hasta aquí, en el análisis frío, todo es vida y dulzura.

La luna de miel del técnico colombiano sabe y se siente igual que la de José Manuel de la Torre en sus inicios. Promete, da esperanzas y genera ilusiones.

Cuatro días después de haber jugado el mejor partido de la era Osorio en Vancouver, el TRI tuvo su peor exhibición de la eliminatoria ante Canadá en el Estadio Azteca que despidió al equipo con abucheos al término del partido. A pesar de ello, el balance en esta instancia es por demás positivo.

Lo de Javier Hernández sigue siendo una locura. La afición lo pidió a gritos y ya en el campo cada que tocaba la pelota la grada se desbordaba en aplausos hacia su persona y cuando le cometían falta, pedía que no lo tocaran.

Qué bien le hace al fútbol mexicano tener un ídolo como Chicharito. Ojalá Hernández olvide los reproches y las constantes críticas que ha recibido de algún sector de la prensa y decida volver a hablar con los medios mexicanos. Su negativa por no dar entrevistas solamente lo aleja de su afición y priva a sus seguidores de conocerle más.

Mientras Chicharito se acerca al récord de Jared Borgetti, mientras Layún sigue siendo el mejor ejemplo de superación mental y profesional en la historia reciente del fútbol mexicano, mientras Andrés Guardado irradia seguridad y autoridad al heredar el gáfete de capitán, mientras Rafa Márquez sigue alargando su historia con el TRI, mientras «Tecatito» Corona hace olvidar a Carlos Vela, mientras Osorio una vez más llena de esperanzas a todo el pueblo mexicano, mientras todo eso sucede, la afición volvió a reprobar un examen de civismo y educación.

Más allá de lo que pensemos sobre el famoso grito de: «ehhh p….», más allá de si creemos que ofende o no, más allá de si justificamos su utilización arraigados en el folclor mexicano, volvimos a demostrar carenciasq básicas y esenciales en nuestro sentido de la obediencia.

No se trata de justificar el grito en base a lo que creemos, se trata de respetar y obedecer la indicación que como afición se nos ha dado.

Tristemente, lejos de hacer caso a las advertencias de FIFA, la afición gritó con más fuerza cada despeje del portero. Las sanciones por parte de la FIFA tendrán que llegar y ojalá que no sea demasiado tarde para aprender que lejos de que nos parezca gracioso, cada que gritamos demostramos que cuando nos dicen «No lo hagas» hacemos todo para que se convierta en un «Ahora lo hago más fuerte».

Luego que los padres no se quejen cuando sus hijos desafíen sus órdenes o peor aún los terminen retando. Así en la cancha como en la vida, ¿no?

El quinto partido deberá llegar primero en la tribuna y será hasta entonces cuando podamos exigir esa instancia en la cancha de un Mundial. Antes no.

 

 

FUENTE: http://www.espn.com.mx/futbol/mexico/nota/_/id/2634046/se-gana-en-la-cancha-se-pierde-en-la-tribuna