uno

Los datos deben ser confirmados por experimentos independientes. En otras palabras, un descubrimiento siempre está a la espera de que alguien lo replique y le dé el mismo resultado.

dos

No sucumbir al principio de autoridad. “Esto es así porque lo dice un premio Nobel” no tiene ningún sentido en la ciencia. Las cosas no son verdad dependiendo de quién las diga sino de cómo se demuestren. No hay autoridades en el tema sino expertos que pueden aportar mejores evidencias en uno u otro sentido.

tres

Tratar de explicar un resultado desde distintos costados y ver si se descartan algunas de esas explicaciones experimentalmente. En otras palabras, hacer una selección natural de las hipótesis y, la que sobreviva, será la que temporalmente adoptemos. Como Sherlock Holmes: lo que queda tiene que ser la verdad.

cuatro

No aferrarse a una explicación determinada. La ciencia será objetiva pero la hacen los científicos que son personas con subjetividades.

cinco

¡Poner números! Las ciencias naturales deben tender a ser cuantificables y, de esa manera, se pueden comparar distintos grupos e hipótesis.

seis

Presentar todos los pasos de razonamiento que lleven a un resultado o interpretación determinados. Si no están todos, vale sospechar.

 

Sagan nos ofrece 5 ejemplos:

–   El de la ignorancia: si no se demostró que es falso, debe ser verdadero. En otras palabras, la ausencia de evidencia no es equivalente a la evidencia de la ausencia.

–   Alegatos fabricados ad hoc cuando alguna proposición pseudocientífica está en peligro.

–   Selección de la información o las interpretaciones que convengan. Aquí entraría también la estadística falsa o basada en unos pocos datos.

–   Confundir relaciones causales con relaciones porque sí. A nuestro cerebro le encanta ver causas en todos lados, así que ésta suele ser complicada.

–   Poner todo en blanco y negro: es así o asá, y no hay nada en el medio (la mayoría de las cuestiones en la naturaleza son un continuo de posibilidades).