Los referendos se han convertido en un recurso de las izquierdas trasnochadas para tratar de imponer sus caprichos por encima de la ley y de los resultados de las urnas legítimas.

En realidad, se trata de disfrazar de democracia un instrumento muy usado por los dictadores, desde Hitler y Franco hasta Hugo Chávez, tal como advierte el periodista español Salvador Sostres al observar la dinámica que se está dando en la política actual de España:

“Los referendos son la estrategia de los que quieren saltarse la democracia. Hugo Chávez destruyó Venezuela a golpe de referendo. Evo Morales quiso perpetuarse en el poder, burlando la ley, con un referendo que afortunadamente perdió. El independentismo quiere un referendo porque no tiene ni la inteligencia ni la fuerza para cambiar la ley y hace ver que habla en nombre de la democracia cuando ni el 50 por ciento de los catalanes votó a partidos secesionistas. Franco era un maestro organizando referendos, y aquellas consultas eran exactamente lo que el Caudillo pensaba de la democracia.”

Sostres recuerda que Felipe González reconoció, pasados los años, que no hizo bien escondiéndose tras el referendo de la OTAN y que tendría que haber asumido la responsabilidad política de tomar una decisión contraria a la que había prometido durante la campaña electoral.

“Los golpes de Estado modernos se dan mucho más con referendos que con armas. Desde febrero de 1981, nadie en España intentaba gobernar sin haber ganado las elecciones. En lugar de pistolas, esta vez tenemos la pantomima de estas urnas falsarias…”

Recuperar la democracia perdida es muy costoso y la libertad casi nunca desaparece de golpe, sino que nosotros mismos la vamos asfixiando cuando cedemos en los detalles aparentemente sin importancia.

“Conocemos a los de los referendos, y los conocemos porque empiezan con el recuento de votos y acaban con el de cadáveres”, concluye el periodista español, evidentemente preocupado por la incierta situación política que vive España en estos momentos. Sin embargo, sus palabras son un saco que nos viene bien a muchos países, no sólo al suyo. ¿Aprenderemos en cabeza ajena?