El futbol es el deporte más practicado en el mundo. No hay plaza ni parque en el planeta donde no se haya jugado un partido. Es fácil comprender su popularidad si consideramos que para poder practicarlo solamente es necesario tener algo que patear, basta patear una botella por un pasillo.

Otra característica universal del futbol es que su reglamento y la lógica del juego es sumamente sencilla y comprensible para todos. Esa misma simpleza en su forma hace que ocurran muchas irregularidades en su práctica, sobre todo cuando se juega con mucha pasión.

Aquí van algunas ideas para que puedas ser un buen jugador (y ser humano) en todo momento:

  1. No te quedes callado si por error cobran a tu favor. Ganar limpiamente es de gente decente.

Muchas veces nadie ve claramente lo que ocurrió en una jugada y solo tú sabes lo que realmente pasó. Ser honrado y decir la verdad –aunque no favorezca a tu equipo– no es fácil, pero es lo mejor. Esto no solo hablará bien de ti, sino que hará que tus triunfos sean realmente producto de tu esfuerzo y no de tus omisiones. Un ejemplo de esto fue Miroslav Klose, jugador del Nápoles, quien casualmente marcó un gol con la mano, el árbitro no lo vio y marcó el gol como válido, pero él con mucha honestidad, le hizo saber al árbitro de su error.

  1. No seas teatrero. Si es falta pide que la cobren sin lloriquear.

Es común en el futbol profesional exagerar las faltas. Vemos a los jugadores rodar por el suelo, gritar, cubrirse el rostro y hacer un escándalo de proporciones apocalípticas cuando les hacen una falta. La mayoría de estas situaciones son caídas o golpes sin intención. Si te hacen una falta o algo que te perjudique, reclamar está bien, la justicia y la verdad son lo primero, pero rodar por el suelo hasta que cobren y luego salir corriendo como si nada… Recuerda que el teatro no es un deporte.

  1. Ayuda a tu rival si lo necesita (no pasarle la pelota en el lateral es cosa de estúpidos)

A veces, la pasión por el juego, por el triunfo, por el honor o por lo que sea que sientas cuando estás en la cancha, hace que en vez de ver en tu contrincante a un hermano, veas a un enemigo, una persona antipática a la que hay que vencer. ¿Te has puesto a pensar lo agradecido que deberías estar de que el equipo de enfrente exista?, ¿cómo podrías jugar si no hubiera un equipo contrincante que esté dispuesto a competir bajo las mismas reglas que tú? Un lindo testimonio de esto lo da Samuel Eto’o, jugador camerunés, quien no tuvo ningún problema en ayudar al arquero del equipo rival agachándose humildemente para amarrarle los cordones.

  1. Anima a tus compañeros cuando se equivocan:
    ¿Quieres ganar o sÓlo descargar tu rabia?

Si el solo hecho de equivocarse ya es incómodo, imaginémonos cuando la equivocación sucede en público, más aún si esto significa que su equipo salga perjudicado. Es suficiente la pena que siente el pobre como para que vayas y le restriegues en la cara su error.

  1. La pasión que se transforma en insultos no aporta nada.

Cuando se acuerdan de tu mamá o le mandan saludos a tu abuelita, cuando te jalan la camiseta y el abrazo que recibes no es de cariño (y todo el resto de cosas que ocurren en el campo de juego), surgen emociones que no favorecen la buena marcha del partido. Dales la vuelta y permite que sirvan como motivación para seguir esforzándote en el juego. Debes cuidarte de no perder la cabeza para que éstas no se conviertan en cambios de conducta, agresividad, faltas de respeto o violencia física. Cuenta hasta 10, no devuelvas los saludos a la mamá de quien te los envió, respira profundo, haz tus alegatos de forma moderada, pide disculpas y recuerda que es un juego: la vida no se nos va en esto.

  1. Dime cómo juegas fUtbol y te diré quién eres.

Ser un facilitador, ser generoso, buscar que los demás saquen lo mejor de sí y usar tus dones a favor de tus compañeros es una forma de amar que se aplica tanto dentro de la cancha como fuera de ella. No se trata tan solo de demostrar el talento, sino de ayudar a los demás.

  1. No seas orgulloso.
    Si te equivocas, pide perdón.

A veces nos equivocamos en un pase o en una recepción, otras veces no medimos nuestras fuerzas y golpeamos a alguien, o hay ocasiones en que no nos entendemos bien con nuestros compañeros de equipo. Hay momentos en el juego en los que debo ser humilde y admitir que podría haberlo hecho mejor.

  1. Corrige, coordina, alienta, ayuda, comenta: ¡comunícate con tu equipo!

Reconocer que todos somos parte de un grupo con características particulares, virtudes y limitaciones, nos ayudará a sacar lo mejor de nosotros mismos y mejorará nuestro rendimiento. Comunicarse es la clave. No hay nada más triste que un equipo que se trata a gritos reprendiéndose en todo momento, donde sólo se ve confusión y la pelota va de un lado para el otro sin sentido.

  1. No seas negativo contigo mismo: intentar tiene valor.

El fútbol es de los pocos deportes en donde estadísticamente se consideran los “casi”. Cuando vemos el resumen de un partido, los relatores deportivos cuentan los “tiros a portería”, los “tiros de esquina”, etc., para indicar que un equipo ha sido teóricamente más ofensivo que el otro. De hecho, consideramos que nuestro conjunto juega bien cuando intenta muchos tiros al arco, independientemente de si pasan cerca o no de la portería. Intentar una y otra vez, probar de cerca y de lejos, pensar en nuevas estrategias y métodos, es algo que no sólo se aplica en la cancha, también se aplica en la vida.

El esfuerzo tiene un valor en sí mismo, muestra nuestro carácter, valores y convicciones; expresa nuestra pasión por lo que hacemos. Esforzarnos para lograr cualquier objetivo noble, ya sea un gol, un título universitario, conservar un trabajo o fortalecer nuestra familia, es algo grande. Un ejemplo de honor son todos aquellos que sabiendo que no serán súper estrellas del deporte, semana a semana se esfuerzan y sudan hasta la última gota, dejándolo todo en cada pase.

 

Fuente: Catholic-link