Pon una rana en un recipiente lleno de agua y comienza a calentar el agua.

A medida que la temperatura del agua empieza a subir, la rana ajusta su temperatura corporal en consecuencia. La rana se mantiene ajustando su temperatura corporal con el aumento de la temperatura del agua. Justo cuando el agua está por alcanzar el punto de ebullición, la rana no puede ajustar más y es ahí donde decide a saltar.

Trata de saltar, pero es incapaz de hacerlo, ya que ha perdido toda su fuerza ajustando la temperatura corporal.

La rana muere muy pronto. ¿Quién mató a la rana?…

Sé que muchos van a decir que el agua hirviendo, pero… quien la mató fue su propia incapacidad para decidir cuándo saltar.

Todos nos tenemos que ajustar a reglas, políticas, maneras de convivir con la gente y situaciones, pero tenemos que estar seguros de cuando tenemos que ajustar y cuando tenemos que seguir adelante.

Hay momentos en los que necesitamos hacer frente a la situación y tomar las acciones apropiadas. Si permitimos que la gente nos explote física, emocional, financiera, espiritual o mentalmente, continuarán haciéndolo.

¡Decidamos cuándo saltar! Vamos a hacerlo mientras tengamos la fuerza.

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