Extracto de la conferencia-taller “Buen manejo de la disciplina”, impartida por Vidal Schmill en el Seminario de Profesores de los Colegios Miraflores:

Todos conocemos al típico ‘niño foca’, aquel que pretende cobrar por cada conducta positiva. Es como la foca que aplaude y quiere su pescado: “Maestra, si nos apuramos, ¿nos deja tiempo libre?”, “pa… ¿qué me vas a dar si paso de año?”, “Como acabé la prepa, quiero un viaje a Europa con mis amigos.” No mueve un dedo si no le das su pescado.

Es lógica su actitud, ya que desde su más tierna infancia ha sido condicionado por sus padres, sus maestros y su entorno. Empieza desde prescolar, donde el problema no es la estrellita, sino el condicionamiento: “si te comes todo te llevo al parque foquita”, “si no le pegas a tu hermano te llevo al cine…”

Entrenamos a los niños como focas de circo: “Haz esto o aquello y te doy un pescado”. Debemos cuestionarnos si este método se puede llamar ‘educación’ o es un simple ‘condicionamiento básico’. Es importante dejar de tratar a los niños como mascotas.

Premios y castigos: el cáncer de la educación.

El premio y el castigo son las dos caras de una misma moneda que hay que sacar de circulación, ya que ninguna de las dos sirve para desarrollar criterios éticos ni fomentar valores. Pueden servir para controlar la conducta, pero el niño sólo aprende a calcular riesgos. Ante la amenaza del castigo, es factible que repita esa conducta a escondidas.

En cambio, con los premios lo vuelves un mercader y te va a estar cobrando por cada buena conducta. Eso es pagar por algo que debe ser gratis.

Puedes no darle un objeto físico a tu hijo, pero lo premias con “tu amor” si se porta bien. Es más, lo amenazas cuando hace algo mal: “ya no te voy a querer”, “te quiero porque te portas muy bien mi amor.”

Ahora bien, aunque el hecho de estudiar no amerita que el niño reciba un premio, sí merece por ello un reconocimiento. Es diferente. Comparemos:

El premio condiciona para que algo se haga. El reconocimiento valida, celebra lo hecho sin haberlo condicionado.

El premio se basa en la obtención de un objeto o privilegio. El reconocimiento se basa en la satisfacción de realizar una acción correcta.

¿Cómo propiciar conductas
positivas en la escuela?

Para que tengan efecto, los reconocimientos deben ser breves, sinceros, cálidos, oportunos y específicos. Y se deben reconocer tanto el logro académico como la actitud positiva y los valores.

Sin embargo, no hay que exagerar: los padres ansiosos por validar a sus hijos logran el efecto contrario. Hay que ser específicos y reconocerlos cuando de verdad valga la pena. ¿No es algo ridículo que en el kínder te veas rodeado de ‘princess’ y ‘champions’, o que a un niño que juega bien futbol sus padres le griten: “¡Qué bárbaro Miguelito, eres el próximo Chicharito!”?

¡Ojo! No se fomenta la autoestima adulando al niño. Una línea muy fina divide ‘el reconocimiento y la autoestima’ de ‘la adulación y la soberbia’.

Si se enfatiza y valida aquello en lo que verdaderamente es bueno el alumno, de manera oportuna y específica, es muy probable que se esfuerce en seguir manifestando esa conducta positiva. Por ejemplo, si le decimos: “mira qué bonito dibujaste hoy”, el niño no sabrá con exactitud qué hizo bien. En cambio, si escucha: “qué bueno que no te saliste del contorno”, el niño lo comprenderá. Cuando por todo le dicen: “¡Bravo!, eres maravilloso”, llega un momento en que el niño ya no se lo cree.

Lo que expresa una conducta negativa

Muchas veces, esa conducta tan negativa, tan oposicionista, es una forma de gritar: “Hazme caso, necesito algo”. El niño más antipático suele ser el que más simpatía y empatía requiere. Este tema es central si se busca una buena disciplina.

Hay que enfatizar las habilidades y las fortalezas de cada niño. No ataques y amenaces aquella área que le da estabilidad y en la que recibe validación. Mejor negocia: “si quieres ir al futbol, tendrás que trabajas tiempo extra”, pero no le quites nunca eso que le da certeza y fortaleza. No ataques sus habilidades, enfatízalas, porque ése es el punto de partida para construir a una persona.

En conclusión, todos los seres humanos tenemos una necesidad fundamental de reconocimiento que debe formar parte de la pedagogía asertiva. Por lo tanto, es el punto de partida de la buena disciplina. Recuerda que en la naturaleza no hay premios y castigos, hay consecuencias, causas y efectos.

3 formas de dar reconocimiento a un alumno:

Personalizada, “en corto” y sobre la marcha.

En público.

A los padres y al alumno ante sus padres.