El día de San Valentín ya está a la puerta. Es la oportunidad de disfrutar y acariñar a los amigos, consentir a esa persona especial, halagar a quien amamos, sorprender y conquistar a aquel que queremos enamorar.

En el ambiente se siente la ansia de compartir, una aura de risas y abrazos dibujan los días previos. El calendario nos avisa. La fecha se aproxima y el tiempo para tener todo como lo planeaste se acorta.

Nadie quiere perder los detalles. La mente trabaja. Así pues, me dirijo a «FRETTE» con la ilusión de hallar eso tan especial para el día de los enamorados.

Llego al lugar. Un suave sonido me pide que cierre los ojos. Mi mente se siente confundida. Un halo de misterio envuelve mi cuerpo. Es corta la distancia que camino. Son las velas aromáticas las que me guían. Mi olfato percibe un suave aroma a brisa de verano que me recuerda la Toscana.

Oigo el correr del agua. El ambiente se siente cálido. Me abrazo al cuello de felpa de rizo de mi bata de algodón. Me siento más segura, protegida. Un baño caliente me espera. Jabones aromáticos están a mi alcance.

El baño dura un tiempo. Para mí solo segundos. Al terminar me arropo con un piyama de lino. Abrocho cada botón de madre perla con cuidado y esmero disfrutando el momento.

No completa, me adorno con una bata de seda hindú color rosa que contrasta con el color vino de mi piyama. La frazada de cachemire italiano decora la cama con vitrales de las construcciones más emblemáticas de Milán.

Solo me siento consentida. Cada uno de los objetos «FRETTE» me han seducido. Son regalos que enamoran fácilmente.

Una voz me saca del letargo.

Tarjeta o efectivo, me preguntan.

Marilú Ricalde.

 

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