La mayoría de nosotros vive pensando que esto será eterno, que somos inmortales y las desgracias sólo le pasan al de junto. Vivimos inmersos en la rutina y lamentamos lo perdido cuando ya es demasiado tarde.

Y es que tenemos la mala costumbre de:

  • Reír poco.
  • Echar de menos, en lugar de hacerlo de más.
  • Usar los ‘luegos’ y no los ‘ahoras’: Luego te llamo, luego te escribo, luego te contesto, luego nos vemos. Y obviamente nunca llamó, nunca escribió, nunca contestó y nunca fue visto.
  • Valorar tarde.
  • Pedir perdón demasiado pronto. Perdonar y pedir perdón nos hace grandes, de acuerdo, pero cuando hay que perdonar todos los días, al final, un ‘lo siento’ se convierte en el comodín de cualquier afrenta injustificada, innecesaria e inmerecida.
  • Defender al malo y descuidar al bueno.
  • Contar mentiras con facilidad y tener que hacer un posgrado para descubrir verdades.
  • Mantener en nuestra vida ‘amigos’ porque sí.
  • Llenar nuestras agendas de compromisos a los que realmente no queremos asistir.
  • Sentirnos mal por decir ‘no’ y creernos mejores por decir ‘sí’.
  • Esperar a un cáncer, a una mala noticia o a una llamada de que alguien querido se nos fue para tomar las riendas de nuestra vida y empezar a apreciar cada puesta de sol, cada mañana que nos levantamos de la cama y cada luna que abrazamos en la almohada.
  • Caer en el descuido, olvidando que los pequeños detalles importan y construyen
  • Quejarnos por todo.
  • Culpar siempre al otro porque, claro, “yo soy un ser perfecto y nunca, nunca, tengo la culpa de nada”.
  • Decir muy pocos ‘te quiero’.
  • trabajar demasiado.
  • Cargar una mochila llena de cosas innecesarias.
  • Comer más de lo que nuestro cuerpo necesita.
  • Creernos mejores que los demás.
  • Bailar poco.
  • Fumar mucho y respirar a medias.
  • Caminar por las calles de nuestra ciudad mirando al suelo o a nuestro teléfono móvil. ¿Alguna vez te has dado cuenta de lo bonitos que son los edificios de esas calles por las que pasas a diario? Por no hablar de la luz de las estrellas.
  • Empezar a hacer ejercicio la semana que viene.
  • Cuidarnos cuando ya es demasiado tarde y tomar vitaminas cuando estamos enfermos.
  • Creer que el pelo o el cuerpo de aquella están mejor que el nuestro.
  • Sentir que la suerte del otro es nuestra desdicha.
  • Medirnos por nuestros estudios o por nuestra altura.
  • Confundir la belleza con la delgadez.
  • Creer que no somos capaces de conseguir lo que queremos porque alguien nos lo hizo creer. Y ese alguien fuimos nosotros mismos.
  • Apuntarnos a clases de idiomas cuando ni siquiera dominamos el nuestro.
  • Querer conocer mundo y viajar lo más lejos posible cuando aún nos quedan lugares maravillosos por descubrir en nuestra propia tierra.
  • Lavar la ropa en vez de nuestra conciencia.
  • Escuchar poco y hablar demasiado.
  • Dar consejos y hacer juicios de valor sin estar conscientes del poder que pueden llegar a tener nuestras palabras.
  • Dejarnos demasiado pronto.
  • Tener muy poca paciencia.
  • Contaminar el mundo: usar y tirar, sin importarnos lo más mínimo el destino de los objetos.
  • Creer que lo sabemos todo, cuando realmente, no tenemos idea de nada.
  • Textear mucho.
  • Dormir demasiado y hacer el amor poco.
  • No ayudar a los necesitados.

 Nos la pasamos soñando en esa vida perfecta que nos gustaría tener, ignorando que la vida perfecta es la que tenemos ahora, en cada segundo que marca el reloj de tus días. La vives en cada oportunidad, cada sonrisa, cada beso y cada vez que te enamoras.

No descuidemos lo verdaderamente importante. En definitiva, no dejes que la mala costumbre sea la invitada de honor en los días que te quedan por vivir a partir de hoy.