Observa una escultura de Cristina Ruíz: La igualdad de perfección y fuerza en los cuerpos del hombre y la mujer, que se mueven en perfecta armonía ajenos al entorno, refleja que la verdadera conexión está en sus almas.

 

Cristina, ¿qué eres más, pintora, escultora o poeta?

Soy las tres cosas, no me gustaría renunciar a ninguna, sería como si me cortaran un brazo. Son parte de mí.

 Alfonso de Nubillate te nombró “la pintora del amor”. ¿Es el amor tu principal fuente de inspiración?

Con mi pintura, mi escultura y mi poesía busco entrar en el subconsciente de la gente para que retome lo que verdaderamente vale la pena: el amor, las personas que nos rodean, nuestras raíces y tradiciones, que estamos perdiendo por una vida llena de estrés y prisa.

Toco el amor en todas sus expresiones: eros, ágape, filia… Amor al ser humano, al universo, a la creación, al hijo, a la pareja. Lo encontramos en todo lo que nos rodea, el simple hecho de respirar cada mañana, en las flores, en un amanecer, hacer nuestro trabajo con amor y pasión. Eso es lo que nos lleva al éxito y nos da una razón para vivir. Yo vivo para estar en el amor, para encontrarlo en todas las personas.

¿Qué te aleja del amor?

Todo tiene la luz y la sombra. Es una lucha constante contra lo que te puede alejar del amor, a veces cosas imprevistas o gente que está en otra vibración. Trato de estar rodeada de personas que pueda amar incondicionalmente.

 Lo que define al artista plástico, en general, no es tanto su habilidad técnica, sino su disposición para sentir y transmitir lo que siente, sea lo que sea.

La inspiración nos la da el sentimiento. Como artista pasas por muchas etapas, de acuerdo con lo que estés viviendo en cada momento. Por eso hay obras que reflejan más dolor, otras más pasión, encuentro y desencuentro. Se trata de encontrar inspiración en el sentir.

Así como puede cambiar la fuente de inspiración puede cambiar la forma de expresarse. Lo vemos en la obra de los grandes artistas, como Picasso, cuyo estilo fue modificándose en el tiempo. ¿Estás dispuesta a evolucionar?

He incursionado en diferentes técnicas y he tenido la gran suerte de estar por todo el mundo, y tomando ejemplo de diferentes maestros. Cuando estudié en Florencia aprendí a pintar sobre hoja de oro y plata; entonces comencé a trabajar con tonos ocres, tierra y oro. He cambiado a pesar de que mi obra se centra en el amor. Las vivencias y experiencias que he tenido a lo largo de veinticinco años de trayectoria artística han influenciado mucho mi estilo. Antes de tener pareja y ser madre, pinté mujeres soñadoras en espera del hombre ideal, muy romántico. Cuando estaba embarazada y nació mi primer hijo, me dediqué a pintar niños en diferentes situaciones. Cuando viví una ruptura sentimental, mi obra reflejó una etapa de mucho dolor en mi estilo. Luego entré en una etapa de romanticismo, espera y encuentro. El amor es tan amplio que dentro del mismo tema puedes abarcar muchos sentimientos distintos.

¿Algún artista ha influido en tu estilo?

He tenido oportunidad de trabajar con grandes maestros y vas adquiriendo algo de cada uno, pero tengo un estilo personal muy definido. Sin embargo, mi pintor favorito siempre ha sido Sorolla, “el pintor de la luz”, y un crítico muy importante de Nueva York comparó la luz de mis cuadros con la luz de Sorolla. Otro crítico comparó la fuerza del sentimiento plasmado en mis cuadros con el que Frida Kahlo mostraba en los suyos, con la diferencia de que ella refleja sufrimiento y yo un amor triunfante.

 Cuéntanos algunas vivencias de tu carrera que te llenen de satisfacción.

Tuve la suerte de ser invitada a exponer treinta obras en París hace unos años. Después me invitaron a exponer una en el Museo del Louvre. En una ocasión, la UNESCO me eligió con otros artistas del mundo, entre los que había pintores, escultores, compositores y cantantes, y estuvimos dos meses compartiendo cosas y aprendiendo unos de otros. Al final se presentó una exposición en un castillo de Alcalá del Jucar. He tenido exposiciones muy bonitas que han recibido comentarios muy positivos, dentro y fuera del país: en el Club de Banqueros, en el Castillo de Chapultepec, en el museo de Bellas Artes de Toluca, entre muchas otras.

¿De todas tus obras, cuál es la que más te gusta?

“Almas gemelas” es una obra que en cuanto abrí la exposición se estaban peleando por comprar. Me hubiera encantado quedármela para siempre. Siento que es un abrazo de amor eterno.

Una vez que tienes una idea, ¿cómo es tu proceso creativo?

Procuro entrar en mi mundo de ensoñación y plasmarlo. Para eso, entro en proceso de meditación, pongo música que me inspire y me pongo a hacer bosquejos. En esa etapa me encierro en mi santuario (taller) y puedo pasar una semana o dos sin ver a nadie, estoy en lo que estoy, pintando. He aprendido muchas técnicas (óleo, acuarela, acrílico, acuarela, encausto, dibujo, tintas, pasteles, mixta) de las cuales echó mano y aplico cada una conforme me lo pide la obra, según lo que quiera transmitir.

A veces, antes de despertar me llega alguna idea a la mente. Siempre tengo un cuaderno junto a mí en el que empiezo a garabatear lo que me están dictando.

¿Quién te lo dicta? Hablas en tercera persona.

Yo creo que Dios o el mundo, me siento como un canal, no sé si porque quiero transmitir el amor, pero se me da eso para hacerlo. Ya que me dictan de allá arriba, lo anoto y empiezo a entrar en el proceso de creación. Cuando termino de pintar el cuadro siento la necesidad de hacer la escultura.

¿No te pasa como a los maratonistas, que a pesar de estar entrenados y motivados, de pronto se topan con la famosa “pared”? ¿Te ha pasado que de pronto te encuentres bloqueada?

Ha habido épocas, lo dicen los grandes maestros, en que estás más inspirado. Cuando no lo estoy, ni siquiera lo intento porque voy a perder el tiempo o a echar a perder algo que lleva un proceso precioso. Es tiempo para dedicar a lo administrativo, tomar fotos a los cuadros, pasear o hacer apuntes. En cambio, cuando me llega la inspiración, dejo todo a un lado y la aprovecho. Puedo dejar descansar un cuadro un tiempo y a los dos meses lo retomo.

El ser mujer, ¿es una desventaja para ser valorada y apoyada como artista en México?

Sí. Totalmente. En todos los museos del mundo, ves un cuadro o dos de mujeres y los demás son de hombres.

¿Y eso de quién es responsabilidad, del hombre o de la mujer? ¿Será que, históricamente, la mujer ha dejado en un segundo plano su profesión y su talento para dedicarse como prioridad al marido y a los hijos?

Cuando un hombre se dedica al arte se le valora, mientras que en el caso de la mujer, la gente lo considera un hobby. Creen que cuando tenga hijos lo va a dejar de lado. Conozco muchas colegas mujeres que toman su carrera muy en serio y es muy difícil que les abran las puertas en algunos museos. Es una tristeza.

Hay que tomarlo en serio, hacer cursos y prepararse, no tratar de copiar a nadie y plasmar los sentimientos, no sólo tratar de hacer cosas “bonitas”. No todos los cuadros pueden ser obras maestras, hay que atreverse y pintar desde el corazón, para que las obras digan algo.

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