¿Alguna vez te has preguntado quién eres? Esa pregunta tan sencilla y directa es de las más difíciles de responder. La principal razón es que no nos conocemos a nosotros mismos. Conocerse implica valentía y honestidad, cualidades que no siempre estamos dispuestos a adquirir por el alto precio de su conquista.

Habemos algunos que creemos en la fuerza de la montaña para lograr contactar con ese yo profundo, a veces escondido. Así, compartiendo la misma afición, un grupo de amigos nos hemos puesto como objetivo para junio de 2016 la conquista de una cumbre más. En esta ocasión y después de varios ascensos en Sudamérica y Europa, nuestra nueva meta es el Denali.

La montaña, anteriormente conocida como Mt. McKinley, se localiza en Alaska. Denali o “La Más Alta” en lengua Koyukon (lengua hablada por los athabasca), tiene una altitud de 6,190 metros sobre el nivel del mar, lo que la convierte en la montaña más alta de Norteamérica y la más fría del planeta, pudiendo alcanzar temperaturas de hasta –50 grados Celsius. Llegar a su cumbre requiere 20 días de expedición.

Nelson Mandela decía: “Después de escalar una gran colina, uno simplemente se encuentra con que hay muchas más colinas que escalar”. Bien, nosotros queremos que esta gran colina que se avecina no sólo deje huella en el grupo, sino que impacte más allá de esta expedición. Queremos emitir el claro mensaje, puesto en práctica por nuestro grupo, de que cualquier persona que se proponga y esté dispuesta a los sacrificios que conlleva, puede alcanzar la cumbre de cualquiera que sea su montaña en la vida, iniciando así un camino de ascensos interminables.

Paradójicamente, el conocimiento de uno mismo inicia al pensar en los demás, al preguntarnos cómo podemos contribuir a la mejora de nuestros amigos y de aquello que llamamos hogar; porque finalmente, somos el reflejo de lo que nos rodea y la suma de las acciones que emprendemos a lo largo de la vida.

El reto Denali es una de esas acciones que configuran nuestra existencia. Con esta expedición queremos transmitir que todos estamos hechos para grandes cosas: retos y objetivos que en un principio se vislumbran peligrosos e imposibles, pero que seremos capaces de lograr si somos lo suficientemente valientes y confiamos en nuestro grupo.

El éxito no se mide calculando qué tan alto has llegado, sino contando cuántas personas has llevado contigo a la cima.