La concepción del tiempo y las interacciones humanas han cambiado radicalmente con la introducción de la tecnología a la vida diaria, los mensajes instantáneos y las videollamadas sustituyen ahora el ritual de conquista y romance que existe detrás de una carta de amor. Las generaciones pasadas recuerdan la rutina que incluía asomarse cada mañana a revisar el buzón en espera del cartero, quien les entregaría el anhelado sobre que contenía la respuesta a todas las dudas de su corazón. La espera de una carta exigía al amor ser paciente, romántico, tan fuerte como para derrotar la distancia y tan intenso para mantener a los amantes unidos aun sin estar piel con piel.

En la actualidad, son pocas las personas que aun dedican tiempo para escribir una carta de amor y, sin caer en el cliché nostálgico de los amores “a la antigua”, la realidad es que nada se compara con la emoción de recibir una carta de quien amas, abrirla y reconocer su letra, leer detalladamente sus palabras y guardarla para releerla una y otra vez. Encontrarla años después y comprobar cómo simples palabras en una hoja de papel pueden revivir momentos que provocan un inevitable suspiro al sentirle cerca de nuevo, rozar el papel con los dedos como una suave caricia a la piel que tanto hemos extrañado.

Hay cartas de despedida, cartas que revelan grandes noticias, cartas de confesiones y secretos sellados con la pasión de los amores prohibidos, cartas perfumadas y firmadas con lágrimas, pero lo que todas tienen en común es la admirable travesía que lleva a cabo un simple pedazo de papel con tinta capaz de cruzar el mundo.

Las cartas han tenido un papel vital en la comunicación humana para expresar, mediante las letras, sentimientos y recuerdos, dejando la correspondencia como testigo de grandes amores. La siguiente selección de frases han sido extraídas de cartas escritas por reconocidos personajes de la literatura y la historia, quienes enfrentaron las barreras de los amores a distancia, porque en ocasiones un beso debe caber en una página y una caricia aprender a ocultarse entre las palabras.

 

De Napoleón Bonaparte a Josefina, su primera esposa en 1801

“Desde que me he separado de ti vivo triste; mi felicidad es estar a tu lado. Repaso sin cesar en mi memoria tus besos, tus lágrimas; tus celos deliciosos y los encantos de la incomparable Josefina atizan incesantemente una llama viva y quemante en mi corazón y en mis sentidos”.

 

De Lord Byron a la condesa Guiccioli en 1819

“Todo aquí me recuerda a ti, todo es igual, pero tú no estás aquí y yo todavía sigo aquí. En la separación, el que se marcha sufre menos que el que queda detrás. La distracción del viaje, el cambio de escenario, el paisaje, el movimiento, quizás incluso la separación, distraen la mente y alumbran el corazón. Pero el que se queda atrás está rodeado de las mismas cosas, mañana como ayer, sólo que falta quien me hizo olvidar que el mañana existe”.

 

De Simón Bolívar a Bernardina Ibáñez en 1820

“Lo que puede el amor. No pienso más que en ti y cuanto tiene relación con tus atractivos. Lo que veo no es más que la imagen de lo que imagino. Tú eres sola en el mundo para mí”.

 

De Simón Bolívar a Manuelita en 1823

“Tú me pides que te diga que no quiero a nadie. ¡Oh no! A nadie amo; a nadie amaré. El altar que tú habitas no será profanado por otro ídolo ni otra imagen, aunque fuera la de Dios mismo. Tú me has hecho idólatra de tu humanidad hermosa, de Manuela“.

 

De Gustavo Adolfo Bécquer en 1847

“¿Quieres saber lo que es el amor? Recógete dentro de ti misma, y si es verdad que lo abrigas en tu alma, siéntelo y lo comprenderás, pero no me lo preguntes”.

 

De Sigmund Freud a Martha Bernays en 1893

“Novia mía:

No te permito que vuelvas a decirme que estás poco inspirada y eres incapaz de encontrar las palabras apropiadas. Escribes unas cartas tan inefablemente dulces, tan conmovedoramente tiernas, que sólo podría contestarlas como se merecen, con un beso prolongado y abrazándote amorosamente”.

 

De Gabriela Mistral a Alfredo Videla, a la edad de quince años en 1906

“Sé la que soy en su corazón; la que usted sueña; la manera como ocupo su mente la conozco.  Nada me hable contradiciéndome: es en vano. ¿Para qué negar? ¿Por qué no ser verdadero?”

 

De Gabriela Mistral a Manuel Magallanes en 1915

“Todo mi vivir se concentra en este pensamiento y en este deseo: el beso que puedo darte y recibir de ti. ¡Y quizás –seguramente-ni pueda dártelo ni pueda recibirlo…! En este momento siento tu cariño con una intensidad tan grande que me siento incapaz del sacrificio de tenerte a mi lado y no besarte…Estoy muriéndome de amor frente a un hombre que no puede acariciarme”.

 

De Franz Kafka a Milena, quien falleció en un campo de concentración en Ravensbrück en 1924

“Esta mañana volví a soñar contigo. Estábamos sentados juntos, y tú me apartabas, no de mal modo, sino amablemente. Yo me sentía muy desdichado. No porque me apartaras, sino por mi culpa, porque te trataba como a una silenciosa cualquiera, y no percibía la voz que hablaba en ti, que justamente me hablaba a mí. O tal vez no fuera que no la percibiera, sino que no pudiera contestar”.

 

De Virginia Woolf a su esposo Leonard Woolf. La escritora dejó esta carta en su habitación el día que se suicidó lanzándose a un río en 1941

“Tú me has dado la mayor felicidad posible. Has sido en todo momento todo lo que uno puede ser. No creo que dos personas hayan sido más felices hasta el momento en que sobrevino esta terrible enfermedad. No puedo luchar por más tiempo. Sé que estoy destrozando tu vida, que sin mí podrías trabajar. Y lo harás, lo sé. Te das cuenta, ni siquiera puedo escribir esto correctamente. No puedo leer. Cuanto quiero decir es que te debo toda la felicidad de mi vida. Has sido totalmente paciente conmigo e increíblemente bueno. Quiero decirte … todo el mundo lo sabe. Si alguien podía salvarme, hubieras sido tú. No queda nada en mí salvo la certidumbre de tu bondad. No puedo seguir destrozando tu vida por más tiempo. No creo que dos personas pudieran haber sido más felices de lo que nosotros hemos sido”.

 

De Renata Schweitzer al novelista ruso Boris Pasternak en 1959

“Llévame con más frecuencia a tu pensamiento, y conviérteme en lo que quieras“.

 

FUENTE: http://culturacolectiva.com/las-frases-mas-bellas-de-las-cartas-de-amor/