¿Qué hacer cuando el deseo de independencia de una región amenaza la unión político-económica de 28 países? Justo ese dilema es el que tiene en las manos el gobierno Español con la región de Cataluña estos días. A eso hay que sumarle la presión que tienen por la cobertura mediática que se le ha dado al asunto y ¡voilá! Tenemos una crisis de identidad nacional que amenaza a la Unión Europea.

La verdad, la situación que viven nuestros primos españoles y catalanes está medio complicada. Nosotros en tierras mexicanas de este lado del charco podemos dimensionar la situación solo si lo planteamos regionalmente. Imaginemos que un buen día el gobierno de Nuevo León (gobernador y congreso trabajando juntos, aunque eso sería rarísimo) decidiera que quiere independizarse de México. Que el 7.1% que aporta al PIB nacional es suficiente para mantenerse autónomamente y que a partir de hoy va a generar sus propias leyes, su propio sistema tributario y pues “gracias totales” a la República Mexicana, pero Nuevo León ahora va a ser un país independiente.

¿Polémico, cierto? Con un poco más de contexto histórico, esa es precisamente la decisión que se tomó esta semana en el parlamento de Cataluña y que le puso los pelos de punto al gobierno Español. Siendo objetivos, ambos actores en este cuento tienen puntos válidos. En el caso de España, Cataluña es una de las regiones más prósperas del país, aporta 1/5 del PIB nacional y representa únicamente el 16% de la población total. El movimiento independentista de Cataluña data desde hace más de 1,000 años, pero justamente tomó fuerza gracias a la reciente crisis económica (recordemos la fuertísima crisis de desempleo por la que pasó el país) que se vivió en Europa estos años.

2012 fue quizá el año en que se agravó la relación Cataluña-España, y fue, como en cualquier tipo de relación, un problema de comunicación. Artur Mas, el equivalente al gobernador de Cataluña, solicitó a Mariano Rajoy, el equivalente al presidente de España, que la región redujera su contribución (que recordemos, es bastante considerable) de impuestos al país. Rajoy se negó a negociar y ahí empezó todo. Mas se juntó con amigos políticos ligeramente más radicales y su estilo de política se acentuó.

Justo este año los partidos pro-independentistas ganaron mayoría en el Parlamento Catalán, y esta semana, con una ventaja de 72 votos a favor versus 63 en contra, se aprobó una Declaración de Independencia contra España. Saaaay whaaaa…? Sí, los catalanes se les van. Naturalmente el gobierno Español impugnó la Declaración ante el Tribunal Constitucional, el equivalente a la SCJN de aquí. Pero ahí no termina la cosa, hay un loophole legal con el se les avecinan grandes dolores de cabeza a los negociadores, dentro de la recién aprobada Declaración se especifica que Cataluña y su Parlamento se desligan completamente del Tribunal Constitucional (y de todas las leyes de España, para variar), así que lo que decidan en Madrid, well… Les vale cheese.

Seríamos muy ingenuos al pensar que esta situación se va a resolver simplemente sentándose en una mesa a negociar, una confrontación legal (que puede terminar con muchos políticos catalanes en la cárcel) es lo mínimo que se va a detonar de todo esto. ¿Cómo afecta este desacuerdo doméstico el equilibro de la Unión Europea? Bueno, tenemos al proyecto unificador más ambicioso y delicado del mundo bajo presión económica, social y cultural con la reciente crisis que acaba de vivir, la extrema situación de Grecia, el descontento de los miembros con el dilema de los refugiados de medio oriente y de pronto, el  movimiento de independencia de Cataluña en España, a gritos, como lo es, amenaza lo que el proyecto Europeo representa. Es el particularismo contra el colectivismo. Cataluña es en este momento ejemplo e impulsor para todos los países y regiones que, con las polémicas decisiones recientes de Unión Europea, buscan independizarse.

¿Qué hará el gobierno Español para mantener a Cataluña conforme? ¿Qué posturas tomarán los países dentro de la Unión Europea respecto al deseo de independencia, completamente válido, de uno de sus miembros? ¿Qué consecuencias sufrirá Cataluña si decide llevar esto al extremo? Estimados, el viejo continente está a punto de darnos una clase sobre Democracia en el siglo XXI, agárrense.

Fuente: http://pcritico.com/el-fin-de-la-union-europea/

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