Quiero escribir una carta
como aquéllas de mi infancia;
por sobre tendrá un zapato
que dejaré bajo el árbol
de Navidad, en la estancia.

Cuidando la ortografía,
como en los días de antaño,
escribiré en un papel
que me he portado muy bien
en el transcurso del año.

Voy a pedir a los Reyes
una cálida sonrisa
para ponerla en la cara
de los que olvidan llevarla
por estar siempre de prisa.

Y una canasta de aquéllas
que multiplican los panes
para que coma, no el vago,
sino el que no halla trabajo
a pesar de sus afanes.

Un cofre de tiempo libre
para aquella pobre madre
quien a sus hijos descuida
porque juega la partida
en casa de su comadre.

Y un poco de agilidad
será ideal para el papá
que alega estar ya muy viejo
para sentarse en el suelo
con su hijo para jugar.

No estará de más pedir
(y le va a hacer mucha gracia)
para el abuelo gruñón
una buena grabación
con escenas de su infancia.

Además será muy útil
un pincel con pegamento,
con el fin de unir a hermanos
que se encuentran separados
a raíz de un testamento.

Pido cajas de almidón
para padres y maestros
que, por credo o por pereza,
han suplido la firmeza
con modernos argumentos.

Pero debe estar mezclado
con un tanto de melaza;
para que no sienta el niño
una falta de cariño
en la escuela o en la casa.

Quiero pedirles también
un gran frasco de lejía;
la mezclaré con la tinta
de la pluma del guionista
que escribe pornografía.

Y con la misma sustancia
he de blanquear muchos guantes;
ése será mi regalo
para las ávidas manos
de múltiples gobernantes.

Para terminar les pido
que haya paz en esta tierra,
porque para el mundo entero
el amor es más certero
que los tiros de la guerra.

Quiero escribir una carta
como en mi infancia lejana.
hoy vienen los Reyes Magos
y yo tendré mis regalos
mañana por la mañana.

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