Los mitos más comunes:

“Las bebidas suaves como el vino y la cerveza emborrachan menos”

Realidad: Los efectos del alcohol son los mismos con todas las bebidas; el impacto en el cuerpo del individuo depende de la graduación alcohólica de cada bebida y de la cantidad que se ingiera. Además de muchos otros factores: el contexto donde se consume, las expectativas, el estado de ánimo, el peso corporal, y la presencia de otras drogas o de enfermedades preexistentes.

“Si comes cuando bebes te emborrachas menos”

Realidad: Lo que sucede es que el que come mientras bebe tarda más tiempo en sentir los efectos, pero toda la cantidad de alcohol que se ingiere va a dar al torrente sanguíneo, independientemente del alimento que va al estómago.

“La mezcla de diferentes tragos hace que uno se embriague más rápido”

Realidad: Lo que importa es la cantidad y velocidad con que se ingiere.

“Hay gente que sabe beber y no se emborracha, aun después de varias copas”

Realidad: Si fuera así, significaría que se ha desarrollado “tolerancia”, lo cual es más grave porque la persona deja de percibir los efectos perjudiciales del alcohol.

“Si no se toma en exceso, se puede conducir sin riesgos”

Realidad: Aun en pequeñas cantidades, el consumo de alcohol afecta la capacidad de respuesta, los reflejos y la percepción del tiempo-espacio, lo cual aumenta la posibilidad de accidentes. Por lo tanto, si se bebió no se recomienda conducir.

“Un café cargado o un baño ayudan a ponerse sobrio”

Realidad: Ni el café ni un baño aceleran la eliminación del alcohol. Se elimina de la sangre a razón de un vaso de vino por hora, en un hombre de ochenta kilos. Las mujeres –al tener menor complexión física, agua y grasa corporal– tardan más para procesar cada trago o vaso de alcohol.

“Todo el alcohol ingerido se elimina a través de la orina y el sudor”

Realidad: Sólo el 10% se elimina de esta manera. El resto se metaboliza por el hígado y se convierte en azúcar.

“El alcohol no engorda”

Realidad: El alcohol sí puede engordar a los que beben regularmente. Proporciona más calorías que los azúcares y las féculas, aunque menos que las grasas. Las bebidas alcohólicas pueden contribuir al sobrepeso.

“El alcohol daña por igual a los hombres y a las mujeres”

Realidad: La mujer, en general, pesa menos que el hombre, y el tamaño proporcional de sus órganos es más pequeño. Por lo tanto, el alcohol puede deteriorar más rápidamente sus funciones y llegar a la dependencia antes que el hombre.

“El alcohol te da energía”

Realidad: Todo lo contrario, ya que es un depresor. Reduce la capacidad para pensar, hablar, moverse… Todo se dificulta.

“El alcohol facilita las relaciones sexuales”

Realidad: Las personas pueden sentirse desinhibidas con algo de alcohol, pero por ser un depresor del sistema nervioso central, su consumo puede inhibir la respuesta sexual. Además, aumenta el riesgo de contraer enfermedades de transmisión sexual como el VIH, embarazos no planificados y prácticas sexuales no saludables.

“Masticar chicle engaña al alcoholímetro”

Realidad: Al producir saliva se ralentiza el proceso que permite que el alcohol pase a los pulmones, pero en una cantidad tan mínima que no altera en nada la medición del alcoholímetro.

 

Compartir