Durante la noche del 24 de diciembre y la madrugada del 25 se celebraba en la antigua Roma la solemnidad pagana “Natilis Invicti” (el nacimiento del invicto). Y ese invicto, ese victorioso, era nada menos que el Sol. Por orden del emperador Aureliano, la festividad tenía lugar año tras año.

Por las mismas fechas, durante el solsticio de invierno, otros pueblos antiguos, como los germanos, los galos y los celtas, celebraban también la fiesta del Sol, a la que se entregaban con cantos, danzas y rituales alrededor de la hoguera.

Es común la idea de que la tradición de la Iglesia estableció la fecha de la fiesta del Nacimiento de Jesús en correspondencia con la festividad pagana del “Natilis Invicti”, con el propósito de sustituir el culto pagano y divulgar velozmente el cristiano.

Si bien es cierto que el paso de la fiesta pagana a la cristiana fue muy fácil gracias a que la tradición bíblica vio siempre al Mesías como la luz y el Sol: «Nos visitará el Sol que nace de lo alto» (Lc 1,78), el propio Jesús se definió a sí mismo como “Luz del Mundo”, el bautismo se llamó primitivamente “iluminación” y los cristianos se denominaban “iluminados”, es improbable que una fiesta tan central se haya fijado sólo por motivos oportunistas.

Existen muchos indicios de veracidad en las fechas tradicionales en lo que se refiere al mes y al día del nacimiento de Jesús. Para hacer este análisis hay que considerar dos fuentes: el Evangelio según San Lucas y el calendario solar encontrado en Qumrán.

San Lucas nos dice que el arcángel Gabriel anunció a Zacarías que Isabel estaba embarazada cuando «oficiaba delante de Dios con el grupo de su turno» (Lc 1,8). Es posible calcular las veinticuatro clases en las que estaban divididas las familias sacerdotales e identificar la octava clase, la de Abías, a la cual pertenecía el sacerdote Zacarías (Lc 1,5), que desarrollaba su servicio los días 8-14 del tercer mes y los días 24-30 del octavo mes.

Estas últimas fechas corresponden a finales de septiembre, nueve meses antes del 24 de junio, fecha del nacimiento del Bautista. En consecuencia, el anuncio a la Virgen María «en el mes sexto» (Lc 1,26) de la concepción de Isabel correspondería al 25 de marzo. Se puede, por tanto, determinar el 25 de diciembre como la fecha histórica del nacimiento de Jesús, la cual empezó a considerar la Iglesia como oficial entre los años 325 y 335 después de Cristo. En el Concilio de Nicea del año 325 no se menciona, pero sí aparece como algo familiar en el año 336.

En cuanto al año del Nacimiento de Cristo, la teoría más aceptada entre historiadores y estudiosos es que éste no fue calculado correctamente en su momento. Se habla de un error cometido por el monje y astrónomo Dionisio el Exiguo (siglos V-VI), uno de los hombres más sabios de la época, a quien Roma encargó proseguir la compilación de la tabla cronológica de la fecha de Pascua preparada en tiempos del obispo Cirilo de Alejandría. El monje tomó como punto de partida la fecha de la Encarnación del Señor.

A comienzos del siglo VI el cristianismo se había propagado por todo el imperio. Dionisio recopiló una tabla de fechas para la Pascua utilizando el calendario del emperador Dioclesiano. Entonces, después de muchos estudios y cálculos, quiso reanudar el sistema de cuenta de los años tomando el Nacimiento de Jesucristo, Señor y centro de la Historia, como punto de partida.

Dionisio señaló el año 753 de la fundación de Roma como el año del Nacimiento de Jesucristo. Tomó entonces este año como primero de la era cristiana. Paulatinamente este nuevo calendario fue tomando importancia, primero entre los cristianos y después en el mundo secular. Es el calendario que hoy se reconoce universalmente.

Aunque Dionisio hizo un buen trabajo, no pudo saber la fecha exacta del Nacimiento de Cristo. Su error radica en el hecho de que, según sus cálculos, el Nacimiento de Jesús se produjo tras la muerte de Herodes, es decir, unos cuatro o seis años después de la fecha en la que realmente aconteció, que correspondería al año 748 de la fundación de Roma. Sin embargo, el cronista Flavio Josefo nos transmite que la muerte de Herodes I el Grande ocurrió después de 37 años de reinado; considerando que subió al trono en el año 40 a.C., el año de su muerte sería el 4 a.C.

Confirma este dato un acontecimiento astronómico que el cronista recuerda antes de la muerte del monarca: hubo un eclipse lunar, que tuvo que ocurrir entre el 11 y el 12 de abril de 4 a.C. Por esa razón, si la fecha de la muerte de Herodes se produjo en el 4 a.C., Jesús no pudo nacer más tarde de ese año.

Estudios posteriores indican que Cristo nació varios años antes de lo que calculó el monje Dionisio:

Jesús nació durante el reinado de Herodes el Grande. Los Evangelios y el historiador Macrobio señalan que Herodes murió poco después de la masacre de los Santos Inocentes. También sabemos, según los datos del historiador Flavio Josefo, que Herodes el Grande murió en el año 750 de Roma. Por lo que se deduce que Jesús debe haber nacido antes de ese año.

Según San Lucas, Jesús contaba con unos treinta años cuando fue bautizado. Ahora bien, como San Juan Bautista comenzó su ministerio el año 15 del reinado de Tiberio, tenemos un punto de referencia. El año 764 de Roma es la fecha más probable del principio del reinado de Tiberio. Si añadimos quince años para llegar al ministerio de San Juan Bautista, estamos en el año 779 de la fundación de Roma. Si para entonces Jesús tenía treinta años, El nació el año 749 de la fundación de Roma, es decir cuatro años antes de lo calculado por Dionisio. La fecha del Nacimiento de Jesús sería el año 4 a.C.

La posible imprecisión de la fecha en ningún modo disminuye la importancia de la celebración del Nacimiento de Jesús. No cambia la realidad histórica y trascendental de que el Verbo Eterno se hizo hombre y habitó entre nosotros para salvarnos.
Lo importante no es la fecha del Nacimiento, sino el Nacimiento en sí mismo, que originó el advenimiento de la era cristiana.

 

 

 

 

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