Casi como adelgazar, hacer ejercicio o dejar de fumar, leer es uno de los buenos propósitos recurrentes cada nuevo año. A lo largo del 2015 y en años anteriores, hemos hablado de los muchos beneficios que aporta la lectura, y lo seguiremos haciendo, pero no nos habíamos referido a uno de sus atractivos: leer es sexy.

“El lenguaje, el humor y la inteligencia han evolucionado en ambos sexos porque son sexualmente atractivos y, al fomentarlos, la lectura incrementa el atractivo personal”, según Geoffrey Miller, uno de los pioneros de la psicología evolutiva.

Por su parte, Dan Hurley, autor de Smarter: The New Science of Building Brain, explica el porqué de ese atractivo: “Leer mejora nuestra inteligencia emocional y nuestra empatía; nos ayuda a conocer y comprender los pensamientos y sentimientos ajenos, lo que facilita nuestras relaciones con los demás”. Concluye que “las personas que leen son más interesantes, comprensivas, atractivas y seductoras, desde sus temas de conversación hasta su concepción del mundo”.

Según diversos estudios de la Universidad de Berkeley y otras universidades, centros de investigación y hospitales norteamericanos, estos beneficios se multiplican cuando el hábito de lectura se adquiere desde los primeros años. “Los niños y niñas a los que se lee o que leen desde los primeros años, tienen mayor actividad cerebral, amplían su capacidad de atención, aprenden a concentrarse, imaginan y desarrollan una mayor comprensión hacia el mundo y los demás”, aseguran científicos como Anne Cunningham y Keith Stanovich.

En la adolescencia, “la lectura ayuda a forjar nuestra identidad, ya que enriquece nuestras conexiones mentales, crea nuevas ideas, formas de pensar, solución de los problemas y es una experiencia rica en emociones, en una etapa en la que tenemos más capacidad de aprendizaje que de niños o adultos”, según la neurocientífica Susan Greenfield.

Durante la madurez, “leer responde a las preguntas de la vida, proporciona compañía y temas de conversación, educa de forma permanente, estimula la actividad cerebral y fortalece la empatía”, opina David Comer Kidd, en su estudio sobre la relación entre la lectura y la empatía, que concluye: “Leer no simula las experiencias sociales, es una experiencia social”. En suma, leer aumenta el atractivo personal.

Y, precisamente, los personajes atractivos son una de las vías más accesibles para llegar a la lectura. Algunos de ellos son: Harry Potter y Hermione Granger, de la saga de Harry Potter; Sherlock Holmes, de Las aventuras de Sherlock Holmes y demás; Katniss y Peeta Mellark, de Los juegos del hambre; El Conde Drácula, de la novela del mismo nombre; Edgard Cullen y Bella Swan, de la saga Crepúsculo; Alonso Quijano, de El Quijote de la Mancha;  El Principito; Edmundo Dantés, en El Conde de Montecristo, y muchos más.

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