De las aulas del Colegio Miraflores surgió un Indiana Jones de carne y hueso: Fernando Vélez. Muchos habrán visto algún documental sobre sus proyectos de “Rehabilitación y reintroducción de chimpancés en el Congo” y “Monitoreo de rinoceronte negro en Sudáfrica”.

En su página de Facebook, llamada “Hombre y naturaleza, el equilibrio perfecto”, Fernando publica mensajes positivos sobre el medio ambiente. Es uno de los pocos mexicanos con un título en Entrenamiento y comportamiento de animales silvestres, además de tener otro en Administración del medio smbiente. Como profesor universitario de Educación ambiental gusta de compartir con sus alumnos su pasión, experiencia y conocimientos.

Sin embargo, hoy Fernando enfrenta un reto salvaje: ayudar a salvar a los orangutanes en Indonesia, ya que su hábitat está siendo devastado. De modo que pronto se internará en aquellas selvas, adonde irá contratado gracias a su experiencia en este tipo de trabajo.

En Indonesia se está perpetrando una catástrofe natural desastrosa: empresas palmicultoras queman millones de hectáreas de selvas. Personas y animales mueren. “Todo por la sed de aceite de palma y de biocombustibles”, dice Nordin de Save our Borneo, quien exhorta a poner fin a la política de biocombustibles obligatorios de la Unión Europea.

Grandes extensiones de selvas tropicales están ahora mismo en llamas, en buena parte porque la UE pretende proteger el clima utilizando biocombustibles como el biodiesel de palma.

En toda la UE se consumen cada año cerca de dos millones de toneladas de aceite de palma. Las leyes europeas obligan a mezclar biocombustible con el combustible fósil. Este mismo año, el Consejo Europeo decidió fijar la cuota de biocombustibles en un 7%. Por término medio, cada carga de tanque de automóvil contiene 5% de biocombustible.

Para cultivar palma aceitera se sacrifican selvas y las turberas en Indonesia, mayor exportador de aceite de palma del mundo. A comienzos de octubre, se habían destruido en Borneo y Sumatra 17.000 km2 de selvas. Los incendios ilegales y brutales son un método más barato que la tala mecánica para las empresas palmicultoras que quieren hacer espacio para establecer nuevas plantaciones. “Cada año arden nuestras selvas, cada año es más terrible”, dice Nordin de Save our Borneo, y contraparte de Salva la selva. Desde hace más de tres meses, al menos veinticinco millones de personas están sufriendo el infierno del fuego y los humos tóxicos en la región. Unos 20.000 orangutanes, un tercio de la población total de estos animales, están en peligro vital.

La situación es especialmente dramática en la provincia de Kalimantán Central, Borneo, de donde procede Nordin. Durante unos días, la concentración de partículas tóxicas en el área estuvo en niveles noventa veces superiores a la recomendada por la Organización Mundial de la Salud. Un índice peligroso.

Los jefes de gobierno de la UE deben convencerse de que el biocombustible destruye la naturaleza, los animales, los seres humanos y el clima. Por favor, acaben con la política de fomentar el uso de biocombustibles en la UE.

Compartir