Poco a poco sanarás y brillarás con más fuerza que ayer.

Querida amiga:

Entiendo que ahora te olvidaste del sol, que tus días pintan grises y algunas noches son más oscuras y tenebrosas que antes. Lo sé y me duele verte así. Sé cuánto lo amabas y la esperanza que tenías en su amor. Vi la cantidad de momentos en los que te sentías completamente feliz. Vi lo diferente que estabas tú, sintiéndote tan única, bella y conquistada.

No te voy a decir que no existe el príncipe azul. No voy a alimentar tu corazón lleno de dolor hoy; porque sí existe tu príncipe en algún lugar del mundo, sólo que puede que también tenga sus alas heridas o, mejor aún, esté preparando su corazón para ti. No todos los hombres son iguales, así como no todas las mujeres lo somos y debemos ser justas con ello.

Sé lo que sientes cada mañana al despertar. Ese nudo agudo y profundo que no se sabe bien si está en tu pecho o en tu estómago. Esa soledad impregnada al sentarse en la cama medio dormida y ver que ya no hay nada de él allí y decirse a sí misma: “me siento sola”. Linda mía, cada trazo de vida nos hace crecer. Sí, suena a cliché, pero somos fuertes y valientes y enfrentar esos dolores en el corazón nos hace mejores personas. Quisiera evitártelos, pues me duele verte mal, así como a cualquier mujer, pero no puedo y no debo, es tu crecimiento, tu madurez, y son cosas que deben pasar. Puedo darte como consejo que en esas mañanas cuando te sientas así evadas el pensamiento, levántate muy rápido y métete a bañar. Demuéstrate a ti misma lo fuerte que eres. Yo creo en ti, yo sé que tú puedes. Otra cosa, no te preocupes, no importa cuánto te demores en el proceso, vas a poder y estaré allí para verlo.

Entiendo que no es suficiente la solución de las mañanas, las tardes pueden ser aún peores, pues es cuando más vivimos y más queremos compartir con quienes amamos, así que lo sé, a esa hora no hay hambre, pero come. Sé que el hambre con un mal estado de ánimo se va al carajo, pero no descuides tu salud por alguien que ya no se preocupa por tu ser. No tienes a nadie más que a ti misma, el resto solo es compañía.

Ámate, quiérete. Eres hermosa, no existe afuera alguien como tú, hay mujeres similares ¿pero sabes cuantas son iguales a ti? Solo tú. Piensa como te sentías antes de conocerlo, tan libre, tranquila y sin heridas. Así es como volverás a estar.

Vamos a intentarlo, poco a poco, liberando cada alita que está pegada por dolor. Así como poco a poco te enamoraste de él, poco a poco sanarás y brillarás con más fuerza que ayer. Las mañanas duras pasarán. Los momentos de agonía y hambruna se extinguirán. Las noches oscuras llenas de miedo desaparecerán y todo porque eres una guerrera con una coraza de amor y autoestima. Sabes y entiendes que, aunque ahora estés en un pantano, mañana estarás nadando en el más precioso lago.

Sí, y al final queda lo más duro, enfrentar el cambio, aceptar que se terminó y cerrar ese libro antiguo. No te preocupes amiga, cada día se escriben mejores historias que ayer y si este final no fue tu decisión, no importa. Piensa que hiciste todo cuanto pudiste y que al final no es tu culpa, o a él le faltó amor o sencillamente se rindió.

Tú no mereces a alguien que se rinde sino a alguien que te de un para toda la vida.

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