Tienes tres minutos para pensar: ¿Qué es lo que más te gustó y recuerdas de tu infancia? Dos o tres cosas que vengan rápido a tu memoria.

Ése fue el planteamiento para quienes formábamos un grupo de casi cuarenta personas de diferente sexo, edad y posición económica.

Si nos hubieran pedido tres experiencias especiales, habríamos tenido gran diversidad, pero en el caso de ‘lo que te marcó’, las respuestas no variaron demasiado.

Escuchamos con atención una a una: “Me encantaba cuando íbamos todos los hermanos con mis papás al cine”, “preparar galletas con mi abuela”, “jugar una cascarita con mis primos y amigos”, “las comidas en familia todos los domingos”, “las sobremesas después de cenar”, “ir de picnic con mis tíos y primos”, “ver algo juntos en la televisión”, “ir toda la familia al mercado”, “reunirnos en Navidad”…

Con excepción del evento por excelencia con el que pronto conmemoraremos el Nacimiento de Jesús, nadie mencionó fiestas, restaurantes, viajes ni planes súper impresionantes en los que hicieron cosas atrevidas que seguro muy pocos han hecho… ¡no!

Aunque hay experiencias que vale la pena vivir y lugares maravillosos que hay que visitar si se tiene la oportunidad, no cabe duda de que lo verdaderamente importante es compartir tiempo ¡y alimentos! con la familia y con los amigos; es lo que se traduce en momentos inolvidables que quedan en nuestra memoria por siempre.

Pero al pasar los años, cada uno tomamos nuestro camino: el desarrollo profesional nos lleva a vivir en diferentes ciudades, los que se casan tienen otra familia, hijos y otros compromisos, y resulta cada vez más difícil estar todos juntos.

¿Cómo compartir con las personas que quiero? ¿Cómo estar presente, sin estar ahí?

Antes se mandaban tarjetas de felicitación, villancicos y ahora videos por Whatsapp. Pero el mejor regalo es el que propicia los momentos inolvidables.

¿Qué tal una canasta con ricos productos, para recordar a las personas especiales lo importantes que son?

¡Feliz Navidad!

 

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