“México se merece una visita especial, no ir a la carrera ni por pedacitos. Les prometo esa visita”, dijo hace unos meses el Papa Francisco y ahora, en la primera oportunidad, lo va a cumplir.

Es la primera visita papal desde aquella entrañable que realizó Benedicto XVI, en marzo de 2012, en la que se hospedó en nuestra casa de León, Guanajuato.

Así como él nos prometió una visita como nos merecemos, nosotros nos preparamos a recibirlo como él se merece.

Esta visita papal es diferente a la anterior por múltiples características: tendrá lugar en el Año de la Misericordia, bajo el influjo y gran encanto popular del Papa Francisco, en medio de una profunda reestructura del aparato eclesial, con nuevas formas de comunicación dentro y fuera de la Iglesia. Sin embargo, como todas las visitas papales anteriores, se nutre del espíritu misionero, de la aproximación al pueblo de Dios, del acompañamiento en sus problemas, de la transmisión de la Buena Nueva.

¿Cómo nos preparamos para recibirlo? Pues como lo hicimos la vez anterior: orando y poniendo nuestra casa en orden para que la encuentre limpia, que sea bien acogido y su presencia permanezca. Comencemos por orar, por pedirle a Dios que más allá de los grandes recibimientos y ceremonias, esta visita papal dé todos los beneficios que de ella se esperan; que la palabra del Papa sea escuchada y que germine, sobre todo en los temas de injusticia, inseguridad, corrupción, violencia, etc. “Dios es un campeón en buscar caminos de solución”, ha dicho el Papa Francisco. Pidámosle saber sacar jugo a cada mensaje, como sociedad, como colegio, como familia Miraflores y también, como personas, cada uno de nosotros, porque así es como Dios nos habla: se dirige a todos, pero especialmente a ti y a mí.

Limpiemos nuestra casa. Echemos fuera todo lo que no sirve y dejemos sólo lo que es útil y nos hace mejores. Así como la vez anterior, arreglemos nuestra casa y dispongamos nuestra vida para recibir a Su Santidad: reparemos, limpiemos, ordenemos, hagámosle espacio y, una vez que llegue, disfrutemos su presencia y atendamos sus mensajes.

El Papa Francisco ha encomendado su viaje a Nuestra Señora de Guadalupe, Madre de México y Madre de América; no puede estar en mejores manos. A nosotros toca aprovechar su venida.

En su reciente visita a Cuba y en los Estados Unidos, el Papa recomendó: “Queremos seguridad, demos seguridad; queremos vida, demos vida; queremos oportunidades, demos oportunidades, queremos perdón, perdonemos”. Ahora, en su viaje a México nosotros podemos agregar: queremos ser recibidos por Dios, recibamos a su enviado; queremos amor, demos amor.

 “Yo oí la voz del Señor que decía:

¿A quién enviaré y quien irá por nosotros?

Yo respondí: ¡Aquí estoy, envíame!”.

Isaías 6, 8.